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Sindicales

Entregan la gran huelga de los rurales rionegrinos

Mientras Moyano, Venegas (de la Federación nacional de trabajadores rurales, Uatre) y la burocracia de la CGT se entrevistaban con Cristina Kirchner, los trabajadores rurales de Río Negro y Neuquén protagonizaban una huelga general con piquetes y cortes de ruta que, en palabras del vicegobernador rionegrino, Mendioroz, fue "una de las más duras que recuerde".
El gobierno y la clase burguesa del valle (que en muchos puntos se asimilan) quedaron aterrorizados cuando los piquetes irrumpieron en la chacra de Pablo Verani, el ministro de Hacienda, y obligaron a sumarse a la huelga.
Los cortes de ruta eran masivos piquetes selectivos, que cada hora habilitaban el tránsito, bloqueando sólo el paso de camiones frigoríficos, cargados con frutas o que transportaban insumos para la industria frutícola.
Los trabajadores pedían un jornal de cien pesos diarios, que les permitiría, trabajando de sol a sol, llegar a la canasta familiar. Esto en un momento de alza impresionante de las ganancias empresarias gracias al boom exportador.

Paritarios de base
La representación paritaria digitada por la burocracia fue sometida, al igual que las autoridades ministeriales y los representantes patronales, al asedio de las movilizaciones y concentraciones obreras frente a la Secretaría de Trabajo de General Roca, donde se desarrollaban las negociaciones.
La burocracia bajó de entrada el reclamo de cien a noventa pesos por día. El repudio obrero la obligó a retroceder.
Por eso, Tomada y Cristina K., con el acuerdo de la burocracia sindical, decidieron llevar la paritaria a Buenos Aires, lejos de las asambleas y del control obrero. Los rurales repudiaron el traslado de las discusiones.
Ante el fuerte movimiento de lucha, el Ministerio decretó, en acuerdo con los paritarios de Uatre, la "conciliación obligatoria", lo que planteaba el levantamiento de las medidas de fuerza. En combativas asambleas realizadas en los piquetes, los trabajadores rechazaron la conciliación y mantuvieron la huelga.
Finalmente, los paritarios de Venegas y Figueroa aceptaron que el gobierno "laudara". Las cámaras patronales ofrecían 71,50 pesos (integrados con premios al presentismo y subsidios gubernamentales) por día; la burocracia había bajado el reclamo a 75 pesos.
El gobierno ‘laudó' un jornal de 75 pesos, lejos de los 100 que reclamaban los obreros. Los paritarios burocráticos aceptaron y nuevamente decidieron levantar las medidas de lucha, pero... las asambleas de los piquetes volvieron a rechazar el ‘laudo' y las mantuvieron.
Entonces entró en juego el famoso Bora, la brigada de choque del gobierno rionegrino, que se instaló frente a los piquetes y amenazó con desalojarlos.
Una ‘santa alianza' del gobierno, las patronales, la burocracia y la Gendarmería, consiguió ir desgranando los piquetes, que no contaban con una dirección centralizada, para levantarlos uno a uno. Había que imponer el ‘laudo' a palos.
La entrega de la lucha de la fruta ejemplifica lo que Venegas y Moyano quisieron decir cuando afirmaron frente a Cristina K. que iban a actuar con ‘prudencia' en las paritarias.

Rafael Santos