PO 1026

Internacionales

La condena a José Padilla

Un tribunal norteamericano condenó a José Padilla, ciudadano estadounidense convertido al Islam, a 17 años de cárcel bajo el cargo de estar vinculado con dos hombres acusados de colaborar con terroristas islámicos fuera de los Estados Unidos. Aunque su papel fue subordinado al de los otros dos, Padilla recibió una condena mayor.

Cuando fue detenido, en mayo de 2002, Padilla fue presentado por el entonces secretario de Justicia, John Ashcroft, como un "cerebro terrorista" y "el terrorista más peligroso detenido en suelo norteamericano", que planeaba detonar una bomba radioactiva "sucia" en una gran ciudad norteamericana. Bush lo declaró "enemigo combatiente", quedó detenido en una prisión militar sin que se le formularan cargos y sin que pudiera reclamar los derechos de un ciudadano detenido o, incluso, los derechos de un prisionero de guerra.

Durante los 43 meses que Padilla estuvo detenido, fue sometido a torturas sistemáticas: confinamiento solitario, privación del sueño, exposición a luz y ruidos extremadamente fuertes. La psiquiatra Angela Hegarty, especialista en casos de tortura, declaró luego de entrevistar a Padilla: "fue un caso único (...) quienes son sometidos a estas torturas desarrollan síntomas psicóticos, alucinaciones, ataques de pánico, depresión y tendencias suicidas en pocos días. Padilla estuvo en esta situación por años. Lo que ocurrió en la prisión naval fue esencialmente la destrucción de la mente de un ser humano" (Democracy Now, agosto de 2007).

Cuando el escándalo provocado por la detención de Padilla amenazaba con llegar a la Corte Suprema, el gobierno lo transfirió a la Justicia civil. Pero las acusaciones habían cambiado: la "bomba sucia" fue olvidada y se lo acusó integrar una red terrorista que actuaba fuera de los Estados Unidos. La evidencia presentada fue una supuesta solicitud escrita de Padilla de ingresar en un campo de entrenamiento de Al Qaeda; la solicitud con la firma y huellas digitales del acusado habría sido encontrada en una casa allanada en Afganistán. El asunto tiene el tufillo de un armado de los servicios: difícilmente Al Qaeda tenga los mismos requisitos de ingreso que una universidad norteamericana. Los fiscales no pudieron probar que Padilla haya estado un solo día en Afganistán.

La única "acusación firme" fue la grabación de una conversación telefónica, de julio de 1997, en la que Padilla se declara dispuesto a unirse a la "jihad" (guerra santa islámica) en el exterior, aunque tampoco pudieron probar que lo hiciera efectivamente.

Durante el transcurso del juicio y en la propia condena, las condiciones de detención de Padilla y las torturas sistemáticas que recibió fueron rigurosamente omitidas y silenciadas.

Padilla apelará el fallo.

Luis Oviedo