Realmente creo que es un error de método importante que el artículo no entregue elementos de reflexión y de información sobre el Congreso. Creo que hubiera sido mucho más útil para los compañeros y para los lectores de Prensa Obrera. El Congreso, a su manera, fue un elemento político importante para un sector del movimiento obrero francés, de la juventud, de los militantes aquí. Y también fue un nudo corredizo, un ahogo de las verdaderas polémicas, una controversia reglamentada y organizada en base al juego histórico de tendencias en la LCR. El debate real fue casi inexistente por la forma y el contenido del Congreso, y porque la mayoría disolvió toda discusión cooptando a todas las tendencias. En ese sentido, el debate entre la mayoría y la minoría, que casi nunca fue acalorado, tapó las verdaderas discusiones que se dan, aunque sea parcialmente en la organización. Quiere decir que la caracterización política central es que fue un Congreso para "sellar" una situación y no para discutir. Si va a haber discusión, se va a plantear en el Congreso de disolución de la LCR.
Entonces, creo que el artículo habría ganado mucho si hubiera situado realmente el Congreso en la historia de la LCR y en la situación política francesa, si hubiera entregado elementos, datos. En cambio una crítica teórica del nuevo partido sirve de muy poco (además conviene eliminar todas las referencias a Liberación y Le Monde como fuentes de cualquier caracterización e incluso de información).
Creo que el punto en debate es si el nuevo partido es una ruptura en la trayectoria de la LCR. Es eso lo que hay que discutir, sobre todo a partir del punto de que este planteo surge del enfrentamiento de la LCR (y de su mayoría contra sus minorías) contra el "pantano antiliberal". Este pantano (y todas las fracciones del PC y del PS) consideran que el nuevo partido es una expresión de sectarismo total de parte de la LCR y que impide todo debate, toda discusión. Y al mismo tiempo, el Congreso retrocedió en esta ruptura. Se negó a extraer conclusiones teóricas y programáticas y las que "adoptó" se ubican, claro está, en una orientación que no es revolucionaria.
En resumen, creo que el artículo ignora el lugar del Congreso y sus contradicciones reales y hace un debate puramente teórico, no político.
La acusación central de la minoría es precisamente que el nuevo partido rompe con la orientación histórica después de 1992 (un manifiesto de ese año) de construir la izquierda de la izquierda sobre la base del PC y sus fracciones (luego de la caída del Muro) y del PS y sus fracciones, porque ya no hay lugar para una organización revolucionaria. Y me parece que el "reproche" en parte es justo; en todo caso una parte de los militantes entiende al nuevo partido como una ruptura con veinte años de adaptación al centrismo, al stalinismo, etc. y creo que para ellos el Congreso no fue un paso adelante.
Las críticas de que la LCR ignora la crisis y las caracterizaciones de Sarkozy están bien orientadas, pero después hay algunas simplificaciones que disminuyen el valor de esta demostración.









