Los trabajadores de Sidor, la principal siderúrgica de Venezuela, vienen discutiendo desde hace un año la renovación de su convenio colectivo. Sidor, fundada por el estado, fue privatizada en 1997; su propietario mayoritario es el pulpo Techint.
Las diferencias entre los trabajadores y la patronal son abismales: los obreros reclaman un aumento de 68 bolívares fuertes por día; la patronal ofrece 26. Los "sidoristas" sufren un enorme retraso salarial: mientras el salario inicial de convenio de un trabajador de Sidor es de 1.300 bolívares fuertes, el de un trabajador de la siderúrgica CVG Venalum es de 4.000 (Ultima Hora, 22/2). La discusión del convenio se viene arrastrando desde hace más de un año!
El conflicto es una verdadera radiografía de la política antisindical del chavismo y de los problemas que enfrenta el movimiento obrero venezolano.
Chávez con Techint
En la disputa entre Techint y los trabajadores de Sidor, el gobierno se alineó claramente con la patronal; éste es el principal obstáculo que enfrentan los trabajadores.
El ministro de Trabajo José Ramón Rivero, un burócrata sindical que impulsa la estatización de los sindicatos, está haciendo todo lo que está a su alcance (y más aún) para imponer el arbitraje del Estado en el conflicto. Como ocurre con la mayoría de los gobiernos militares nacionalistas, mediante el arbitraje estatal quieren abolir el derecho de huelga y liquidar cualquier tendencia a la movilización independiente de la clase obrera.
En cuatro asambleas sucesivas, los "sidoristas" rechazaron el arbitraje estatal. Rivero recurrió, entonces, a la amenaza de forzar el cumplimiento de "servicios mínimos", que abarcarían al 42 por ciento del personal, y anticipó que declarará ilegal cualquier huelga que "afecte el normal desenvolvimiento del país". La patronal se apoya en las amenazas del gobierno para no realizar ninguna oferta que destrabe el conflicto.
Los trabajadores de Sidor
y la dirección sindical
Después de repetidas declaraciones de que irían a la huelga si sus demandas no eran satisfechas, los trabajadores de Sidor realizaron varios "paros de advertencia", el último de 16 horas el 21 de febrero. Las asambleas rechazaron el "servicio mínimo" y el arbitraje del Estado.
Por todo esto, se esperaba que el 29 de febrero, al vencer los plazos legales, el Sutiss (sindicato siderúrgico) declarara la huelga. Pero la dirección sindical decidió esperar a las negociaciones que debían realizarse ese día en una "comisión de alto nivel" (integrada por dos ministros, uno de ellos Rivero, el gobernador de Bolívar, un representante de la empresa y otro del sindicato).
Como era de esperar, la negociación no arrojó ningún resultado, pero el sindicato no llamó a la huelga. Recién lo hizo el martes, luego de un nuevo fracaso de las negociaciones del día lunes, por 48 horas, lo que indica que está sujeto a la posibilidad de nuevas negociaciones en esa "comisión". En una nota del ministerio de Trabajo, difundida el lunes 3 de marzo, se indica que el presidente del Sutiss, José "Acarigua" Rodríguez, se comprometió a "estudiar el planteamiento de constituir la comisión de arbitraje propuesta por el ente laboral"... a pesar de que ha sido reiteradamente rechazada por los trabajadores. La misma nota indica que el sindicato agradece la "medicación" del ministerio para "evitar el conflicto".
Resulta claro que la dirección sindical está sometida a una enorme presión del Estado para que acepte el arbitraje del estado, violando la posición de la base.
Lo que está en juego
En el conflicto de Sidor hay muchas cosas en juego. En primer lugar, el propio convenio de un sector de la clase obrera que sufre un gran retraso salarial y que debe soportar condiciones de trabajo ultra-flexibilizadas.
Pero, por sobre todo, está en juego el derecho efectivo que tienen los sindicatos de ir a la huelga. Un sindicato que no puede ir a la huelga no es un sindicato; es una oficina del Estado. El conflicto de Sidor es una batalla en la guerra que viene librando el gobierno chavista para estatizar los sindicatos, someterlos a la tutela directa del gobierno e instalar a su cabeza una burocracia adicta; es decir, para liquidarlos como organizaciones de la clase obrera para la defensa de sus condiciones de trabajo. Si la dirección sindical cede a las presiones del gobierno y acepta el arbitraje, se convertirá en una correa de transmisión del Estado "bolivariano" contra los trabajadores.
La lucha en Sidor, como antes en PDVSA, opone a dos fuerzas fundamentales. Por un lado, al nacionalismo burgués "bolivariano" que busca regimentar a los sindicatos para atomizar a la clase obrera; del otro, a la clase obrera, que no existe como fuerza independiente en el escenario político venezolano. La lucha por el rechazo al arbitraje del Estado, por el pleno derecho a la huelga debe integrarse a la lucha por la necesaria estructuración política de la clase obrera. La clase obrera debe ser una alternativa política al nacionalismo burgués, no su furgón de cola.
La tarea fundamental en Venezuela es estructurar políticamente a la clase obrera, no fungir de consejeros ‘socialistas' del nacionalismo. Por eso desde estas páginas apoyamos los Encuentros que han sido convocados por los activistas y dirigentes sindicales independientes, y la realización de un acto políticamente autónomo de los trabajadores, el próximo 1º de Mayo.
Defendamos la voluntad de los obreros de Sidor y apoyemos sus esfuerzos para una huelga general victoriosa contra Techint.
Luis Oviedo









