PO 1029

Sindicales

La lucha del Casino

MST: Carneros de Panurgo

A los múltiples obstáculos que tuvo que enfrentar la huelga del Casino se le sumó, en el último período, la actitud carnera del MST y Vilma Ripoll. La ex legisladora no fue a organizar la huelga sino a reemplazar la lucha por su agenda de contactos parlamentarios y gubernamentales: legisladores de la centroizquierda, el ministro Randazzo, el abogado moyanista de la CGT Héctor Recalde y, finalmente, un legislador del Frente para la Victoria que nunca se supo quién era.

En su nombre, un ignoto abogado, que resultó ser el defensor de Porretti, entretuvo durante veinte decisivos días a los trabajadores, durante los cuales la patronal aprovechó para "arreglar" con más de cien compañeros acosados por el hambre y el desgaste de la lucha. Al cabo de ellos obtuvo una selección perfecta del núcleo más combativo de la huelga para despedirlos.

El papel que siempre juegan la burocracia sindical y la Iglesia, esta vez lo cumplió Ripoll, que entregó la iniciativa a la propia burocracia del "Caballo" Suárez (los abogados moyanistas) para "administrar" un final de huelga y no una mesa de negociación como el PO caracterizó exactamente entre los huelguistas y en sus páginas (ver PO N° 1.027, ¿Mesa de negociación?). La maniobra fue convenientemente acompañada por un ataque al cuerpo de delegados y al PO, los verdaderos blancos de la carnereada, para hacer pasar el "globo" de la negociación.

Plantean que los delegados se defendían a sí mismos y no a los despedidos, línea que ya había aparecido desde la misma usina morenista en el primer mes de huelga. Archivada ante el repudio general hasta mejor oportunidad, reapareció cuando el debilitamiento de la huelga luego de ocho represiones y de chocar con todas las instituciones kirchneristas abrió una brecha.

Pero el pez por la boca muere. Bajo el dictado de la pluma morenista (no habla el MST, sino por medio de personas del Casino que firman como tales y no como militantes del MST) los firmantes de la nota de Alternativa Socialista (Nº 470, 5/3) dicen: "tenemos que reflexionar si fue oportuna la salida a esta pelea". ¡Extraordinario!, acusan a los delegados que quedaron en la calle, defendiendo hasta el final hasta el último compañero, de hacer lo que ellos (el MST) habrían hecho si hubieran dirigido el Cuerpo de Delegados, la vieja política morenista de "ganar espacios" a expensas de la lucha de clases.

Compañeros que critican al PO: la lucha había que darla porque de nada vale una organización obrera a la que le despiden 60 activistas y no los defiende, aunque el momento no parezca "oportuno". Por ese motivo defendemos ocupaciones históricas como las de Ford (1986), Atlántida (1997) aunque fueron derrotadas, porque así actúa una dirección clasista ante el despido destinado a quebrar la moral de toda la organización. Lo que ocurre es que el MST carece de todo principio de clase, por eso no tiene límites en el ataque al cuerpo de delegados y al PO.

Tienen el tupé de decirle que "más que nunca en una dura lucha es necesaria la democracia sindical" (ídem) a este Cuerpo de Delegados que jugó su cuero adentro y afuera basado en la soberanía de la asamblea de los compañeros cada día de su existencia.

Ahora, acusan a la dirección de la huelga del Casino de "encerrar, sin sacarlo a la sociedad" a un conflicto que fue referencia nacional como pocos en la historia de los últimos años. También dicen que no "logramos poner el centro en golpear al gobierno de Cristina", a una huelga que le acampó a la flamante Presidenta a 50 metros y llevó sus valientes mujeres a reclamarle directamente a la Rosada, a una huelga que en última instancia obligó a la Presidenta "de los DDHH" a reprimir a la clase obrera con la prefectura de Febres.

Acusan al PO de duplicidad, por su actitud de clase de apoyar la huelga aún después de plantear el levantamiento, ya en febrero, cuando el movimiento había agotado sus energías. Efectivamente, a partir del sábado 27 de enero a las 0:30 horas, cuando una asamblea del casino, después de la octava represión, desechó la moción de los líderes del Cuerpo de Delegados de retomar el piquete de Huergo: se habían agotado las energías. El PO llamó a levantar no porque pensara que los compañeros pudieran entrar o no. Esta consideración nunca fue lo que nos llevó a plantear que había que levantar. El PO llamó a levantar luego de constatar que la huelga había sido derrotada, que sus fuerzas internas estaban acabadas, pero habiendo todavía más de trescientos compañeros en condiciones de replantear a futuro una reorganización arriba del barco. Quedaron casi todos en la calle como resultado de la sobreprolongación del conflicto, resultado de la política criminal del MST.

Sólo sobre la base de reconocer su derrota, el activismo del Casino podía darse una política de reconstrucción de la organización sindical. Mantener una huelga que había sido derrotada era favorecer el aventurerismo, el "deshilache" y la desmoralización del activismo, la represión estatal y cerrar las posibilidades de una reorganización.

Mientras el PO se empeñó en sostener la huelga, involucrando a cientos de compañeros, en los piquetes, en las movilizaciones, en el acampe, en el reparto del boletín de huelga casa por casa, preparando el acampe por sorpresa en Plaza de Mayo, a lo largo de toda la lucha, el MST se limitó a enviar un par de militantes a ganar algunos compañeros para que intervinieran contra el cuerpo de delegados. El MST no aportó nada a la movilización, a los piquetes, a nada.

El MST parasitó el conflicto. Atrás de un objetivo faccional llevó a la catástrofe a un valioso grupo de activistas como Panurgo, que en la tragedia griega lleva a todos a hundirse con él. Es la actitud y la actividad de un partido política y moralmente quebrado.

Néstor Pitrola