Durante muchísimo tiempo, solamente desde las páginas de Prensa Obrera se recordaba el papel decisivo de las entidades empresarias para desencadenar el golpe del '76. Nuestro propósito fue siempre poner al desnudo las bases sociales del 24 de Marzo y mostrar su continuidad con todos los gobiernos democráticos. Exactamente por las mismas razones, estos gobiernos prefirieron pasar al archivo las andanzas de los grandes patrones nacionales y extranjeros.
El martes pasado, en la Plaza, la Presidenta pronunció la palabra prohibida luego de un cuarto de siglo. Acusó a las entidades del campo de organizar el lock out patronal que precipitó el derrocamiento de Isabel. Pero, en el recordatorio, la memoria le falló dos veces. La primera cuando, por falta de entrenamiento, situó el lock-out en el día 24 de febrero, aunque fue el 16. El segundo, ya menos inocente, cuando hizo mención, entre los patrones golpistas, a una cierta Apege, que para la inmensa mayoría del país debe haber sonado más bien como el nombre de un fungicida. Pero la Apege cobijaba, en aquellos aciagos días, a los actuales amigos de la Presidenta, o sea a lo que hoy es la UIA, la Asociación de Bancos, la Cámara de Comercio, la Cámara de la Construcción y la Asociación de Empresarios.
Más precisamente a los Techint, Fiat, Arcor, Macri, Fortabat, Celulosa, Acindar, Fate, Pescarmona, Bulgheroni: todos en la actualidad socios económicos del matrimonio y compinches de De Vido, Jaime y Alberto Fernández. Por eso Cristian Rattazzi, de Fiat; Lascurain, testaferro de Techint; y Jorge Brito, del Macro-Citibank, fueron a escucharla, el lunes previo, al Salón Blanco de la Rosada.
Esos grupos capitalistas ‘lockeautaron', el 16 de febrero del '76, para poner fin a las vacilaciones que aún existían en las fuerzas armadas y que luego se manifestarían en el establecimiento de un triunvirato para gobernar. Se puede decir con toda seguridad que sin la intervención directa de los actuales socios de la señora Presidenta, no habría habido golpe.









