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Obama candidato

El fin de la “era Clinton-Bush”

Obama candidatoBarak Obama será el candidato demócrata en las elecciones presidenciales norteamericanas. Lo dicen los números, lo dice la prensa y hasta lo dicen los principales dirigentes del partido.
Obama supera a Clinton en el número de delegados a la convención, en el número de votos populares recibidos y en el número de Estados en los que ganó. Obama comienza a superar a Clinton también en los votos de los delegados designados (los “superdelegados”).

Obama supera a Clinton, además, en el dinero recaudado. La campaña de la senadora está en bancarrota.

Además de votos y dinero, Obama capturó el apoyo de una parte decisiva del “establishment”. Lo respaldan viejos funcionarios de los Clinton, como Richard Danzing y Anthony Lake, y veteranos como Zbigniew Brzezinsky y Dennis Ross y Edward Kennedy. Algunos de los más importantes respaldos de Hillary Clinton, como el gobernador George Mc Govern, se han pasado al campo de Obama.

Algunos han lanzado la hipótesis de una fórmula conjunta Obama-Hillary. Pero el “establishment” que respalda a Obama se opone a convertirlo en rehén de la camarilla de los Clinton. Edward Kennedy fue tajante en su rechazo.

Obama se ha convertido en el “hombre providencial” de los que, dentro y fuera de Estados Unidos, consideran que es necesario un viraje político. Lo consideran el candidato adecuado para afrontar la crisis del régimen político norteamericano, creada por el fracaso de la presidencia de George Bush.

Bush no es sólo el hombre del fracaso estrepitoso en Irak y del derrumbe económico provocado por la crisis de las hipotecas. Es el hombre de la quiebra de la Enron, del copamiento legislativo por los lobbistas, de la coima y la corrupción (que llevó a la renuncia de varios de sus legisladores clave), del copamiento de la Corte Suprema por los conservadores, del espionaje interno y la defensa de la tortura. Bajo Bush, el imperialismo ha sufrido varios desastres estratégicos que deben ser “reparados”: la crisis de la OTAN (puesta en evidencia en Afganistán), la crisis con Rusia, el surgimiento de gobiernos nacionalistas y centroizquierdistas en América Latina.

Orador “electrizante”, negro, hijo de inmigrantes, no comprometido con la guerra de Irak y centroizquierdista, Obama es, a la vez, un sólido defensor del imperialismo norteamericano y de Israel.

Pero esta opinión está lejos de ser general entre las clases dominantes yanquis. La burguesía norteamericana y el aparato del Estado están profundamente divididos. El candidato republicano, Mc Cain, no pertenece a la camarilla de Bush pero defiende los mismos intereses y lobbys, que han acumulado un enorme poder bajo Bush: el lobby armamentista, el de los contratistas militares (las empresas de mercenarios), las petroleras, el lobby sionista. Para cualquiera de ellos, una victoria de Obama y un giro en la política norteamericana implicaría enormes peligros.

Obama lanzó una consigna demoledora contra Mc Cain: “No hay que darle a Bush un tercer mandato”.

Luis Oviedo