Mientras los manifestantes se lanzan a las calles de París el 24 de mayo, el presidente De Gaulle, con Francia completamente paralizada, se dirige por radio y televisión a todo el país. Reconoce lo que llama genéricamente la "demanda de cambios" que se expresa en la huelga general, pero no se refiere a ninguna reivindicación concreta. Convoca, en cambio, a renovar el mandato del gobierno mediante un referéndum. Suena a burla y a una especie de ultimatum. Por eso mismo exaspera a todo el mundo. En las manifestaciones convocadas para ese día por la CGT y por la Unef, la respuesta al discurso es inmediata: "Fuera De Gaulle".
El clima es de extrema tensión: la manifestación avanza y encuentra una feroz represión policial. Otra vez las barricadas: los manifestantes muestran una tenaz combatividad. Como el 10 de febrero, la pelea por la calle es tenaz y violenta. París, luego de casi quince días de huelga, está irreconocible; los edificios públicos se encuentran en estado de semiabandono. La segunda noche, las manifestaciones se extienden a otras grandes ciudades del país. También los obreros agrícolas se incorporan a la huelga. Nos encontramos en el punto más alto de la movilización. La burguesía se encuentra confundida. Luego del 24 delibera sobre las alternativas posibles, sin descartar la eventualidad de una salida militar. Para ganar tiempo, lanza un llamado a la "negociación".
...¿y ahora?
En la mañana del 25, se reúnen en París delegados convocados por la vanguardia vinculada con el trotskismo (grupo de Lambert). Bregaban por el frente único de las organizaciones obreras y por la constitución de un comité central nacional de comités de huelga. Consideran que la situación ha dado un salto, que hay otra etapa abierta. En esta "dependencia" del movimiento de las grandes organizaciones se encuentra también el talón de Aquiles de la movilización revolucionaria, que ingresa en sus días más efervescentes.
El stalinismo había hecho lo imposible por recortar y limitar la huelga, que nunca había decretado. Con el leit motiv de "que las bases decidan" había acompañado la iniciativa de los obreros, buscando mantenerla bajo control. La CGT aceptó la formación de comités de huelga pero en la medida en que se sometieran a la coordinación del viejo aparato. Los mantuvo separados unos de otros en todo lo posible, por fábrica y por región. La propuesta de un comité nacional de huelga le sonaba a provocación. Mientras tanto, la dirección de la CGT buscaba restringir las ocupaciones a un acto menor, enviando a los trabajadores a casa y dejando una suerte de "guardias" bajo control del aparato.
Los trotskistas vinculados con la corriente mandelista, que actuaban en común con el grupo dirigido por el publicitado Conh Bendit, pregonaban la formación de "comités de acción", pero oponían al planteo de poner en pie una organización centralizada de la huelga, la línea de que las empresas ocupadas se pusieran a producir (una "autogestión" generalizada). Queda instalada la vieja consigna de cambiar el mundo sin tomar el poder. La cúpula de la CGT, naturalmente, se oponía a cualquier consigna orientada al derrocamiento del gobierno y se limitaba a presentar reclamos de orden salarial, respecto de la jornada de trabajo, a las condiciones de laborales y al régimen jubilatorio. Cuando el 25 el gobierno acepta "negociar", el stalinismo lo presenta como una victoria.
"Ne signez pas!"
Durante todo el fin de semana del 25 y 26 de mayo se reúnen las organizaciones sindicales, las patronales y el gobierno. Las reuniones dan por resultado los llamados "Acuerdos de Grenelle": se ofrece aumentar el salario mínimo, otorgar aumentos salariales del 7%, reducir la jornada laboral para ciertos sectores y pagar los días caídos por la huelga. Se trata de concesiones reales, que no se explican sino por el miedo que provoca la huelga general. Se trata de una pura y simple capitulación de la burocracia.
El lunes 27 a la mañana se juega la carta decisiva: los principales líderes sindicales deciden ir a la principal fábrica, la Renault Billancourt. Su objetivo es hacer aprobar allí los acuerdos. A las 7 de la mañana, ante una multitudinaria asamblea obrera, los dirigentes sindicales más importantes del stalinismo, Georges Séguy y Benoît Frachon, se dirigen a la multitud, explicando los acuerdos. La respuesta es unánime: "ne signez pas! ne signez pas!" ("¡no firmen!"). Lo mismo sucede en otras grandes plantas, como Citroën, Berliet, Rhodiaceta, Sud-Aviation.
La huelga general se fortalece: miles de obreros se reúnen en sus lugares de trabajo, discuten, denuncian los acuerdos, exigen que sean rechazados. Una vez más, el stalinismo comprende que debe acomodarse a la nueva situación. Unas horas después de la asamblea en la Renault, la CGT indica a su comisión negociadora que no firme el acuerdo de Grenelle.
La tensión del Mayo Francés llega entonces a su punto máximo. La burguesía de la ‘sociedad de la abundancia' considera imposible satisfacer demandas sociales elementales. Queda formulada una cuestión de crisis de poder. Del referéndum planteado días antes por De Gaulle ya no se habla. La prensa hace hincapié en la "anarquía reinante" y en el "vacío de poder": Pierre Mendès-France, vieja figura de la burguesía liberal y ex primer ministro, ensaya presentarse como la única salida. El secretario general del PCF, Waldeck Rochet, le pide una reunión para fijar las condiciones de "un reemplazo del poder gaullista por un gobierno popular de unión democrática con la participación comunista".
Todo el mundo delibera, la crisis de poder se agudiza: el 29 de mayo Le Monde sostiene que "no se ve otra salida más que la renuncia del jefe de Estado". Le Figaro constata que "la situación se agrava de hora a hora", y reclama "la formación de un gobierno de amplia unión nacional". El régimen tambalea. El gobierno se guarda una última carta. El presidente anuncia que dará un discurso por radio y televisión el día 30. Mientras tanto, se reúne sigilosamente en Alemania, en un cuartel de tropas francesas, con el alto mando militar: discute la intervención del ejército. Después de preparar todos los recursos, el 30 comenzará la contraofensiva.









