La crisis capitalista internacional
Conferencia de Jorge Altamira en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA 3 de octubre de 2008 (Versión reducida y corregida)
Buenas noches.
No sé lo que inspiró a los compañeros de la Facultad de Ciencias Económicas a denominar a su agrupación "Desequilibrio", pero la denominación impugna las teorías clásicas que hablan de la tendencia del capitalismo al equilibrio. Me parece entonces que han elegido un nombre muy acertado, bastante subversivo y rigurosamente científico.
Sobre la importancia de la crisis mundial, el éxito de la convocatoria es toda una prueba. Hace exactamente un año hablamos, aquí mismo, del mismo tema. Podemos verificar entonces si fueron acertadas las previsiones catastróficas que fueron expuestas en aquella oportunidad. Porque, en definitiva, la verdad de cualquier afirmación debe ser comprobada por la experiencia histórica. Aquella charla tuvo lugar mucho antes de la quiebra de algunos de los mega-bancos.
En el día de hoy, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos le dio el otro medio voto necesario a un proyecto de ley de rescate económico por 700.000 millones de dólares. Todo el mundo decía que la ausencia de este plan era responsable de los tumultos económicos y financieros que estaban ocurriendo en todo el mundo. En las vísperas del debate en la Cámara de Representantes, la Bolsa de Nueva York venía subiendo; apenas se conoció que el plan de salvataje para ellos había sido aprobado, cayó. Es decir, que la primera respuesta del capital financiero internacional al plan de salvataje diseñado por el gobierno norteamericano para ellos mismos, que ellos mismos estaban reclamando, provocó un nuevo derrumbe.
El detonante de la nueva onda de quiebras en gran escala fue la decisión del gobierno norteamericano de dejar quebrar un banco, un banco de inversión, con créditos y deudas del orden de los 2 billones y medio a 3 billones de dólares, el banco Lehman Brothers. El gobierno lo deja caer, alegando que el banco no había hecho nada para sanear su cartera de activos invendibles, y aún más, manteniendo el modelo de negocios que lo había convertido en fallido. Siguiendo las normas de la competencia capitalista, Lehman Brothers se negó a cualquier capitalización por parte de los bancos rivales, cuando la cotización real de sus activos había caído aproximadamente a 22 centavos desde un dólar.
Al igual que otros bancos, Lehman había reducido en sus libros la cotización de esos activos, aunque nunca al precio de cotización en los mercados, pero no había hecho efectiva esa pérdida, como habría ocurrido si los hubiera vendido; esto ocurre con la mayoría de los bancos y otras entidades financieras. Sus registros contables son económicamente ficticios. La idea era conservarlos y sobrevivir mediante el socorro del Estado, con la expectativa de que subieran en un futuro no muy lejano, en cuyo caso la pérdida contable se transformaría en una ganancia también contable. Pero este inmovilismo económico estaba paralizando todas las transacciones financieras, porque nadie quería prestar a bancos objetivamente quebrados, lo cual se manifestaba, por otra parte, en la caída sistemática del precio de las acciones de esos bancos.
Un paquete inviable
Todo el problema es si esta situación se podía sostener. Porque hay que tener presente que la contrapartida de cada activo, que ahora había perdido el 78% de su precio nominal, era un monto extraordinario de deudas que habían financiado la compra original de esos activos, en primer lugar. La presión de la deuda impagable se manifestaba en la caída de las Bolsas. Ahora, un capital accionario que tiende a cero equivale a una declaración de bancarrota a igual título que la declaración formal de incapacidad de pagar las deudas.
Cuando en marzo se había presentado una situación similar a la de Lehman Brothers con el banco Bear & Stearns, el gobierno organizó un rescate: el Estado puso la plata por los activos invendibles y le entregó el Bear and Stern al J.P. Morgan por una suma simbólica. El B&S desapareció, pero se evitó una quiebra y, con ello, la desvalorización de los derechos de los acreedores.
Cuando más tarde se produce la crisis de dos grandes entidades hipotecarias norteamericanas semipúblicas, Freddie Mac y Fannie Mae, que entre las dos tienen títulos y créditos hipotecarios por seis billones de dólares, el gobierno interviene y se hace cargo de todos los activos, lo cual potencialmente duplica el endeudamiento del Estado norteamericano.
Como se ve, la decisión de mandar a Lehman Brothers a la quiebra señala un principio de giro en la política norteamericana, muy importante. Se elige como vía de salida a la crisis la desvalorización de los activos que no pueden realizarse en el mercado - con el supuesto de que la compra de esos activos a precios de remate debía reiniciar el ciclo de la actividad financiera. En una palabra, la solución capitalista del año 1929 a 1933, cuando los bancos empezaron a quebrar, luego de un enorme derrumbe bursátil, y el gobierno de la época de Estados Unidos, el gobierno de Herbert Hoover, dejó caer a todos los bancos. Pero esa caída general no produjo una recomposición del ciclo financiero sino la depresión económica. Esta línea de permitir las quiebras no duró, sin embargo, 48 horas, porque cuando la compañía de seguros AIG revela dos días después su incapacidad para hacer frente a su deuda, el gobierno interviene con un crédito convertible en capital, por el 85% del valor corriente de las acciones. Es que la caída de AIG hubiera entrañado la volatilización del capitalismo, ya que ella es responsable de los contratos de seguro por transacciones financieras de todo orden a la escala del mercado internacional. La caída de AIG habría dado paso al default de esos contratos y a un colapso financiero instantáneo. El mercado de contratos de seguros contra default está calculado en los 65 billones de dólares. De todos modos, la quiebra de Lehman y la ‘estatización' de AIG dejan en claro que se inicia un período de liquidación de activos invendibles y de renegociación o incumplimientos de deudas impagables. Esta es la etapa de la crisis que vivimos ahora y que se manifiesta en la contracción del mercado de créditos a cortísimo plazo; en el cierre del mercado de crédito comercial y en el progresivo desmantelamiento de los fondos de cobertura y de los fondos de capitales, que mueven un mercado de activos o títulos derivados de otras transacciones, que se calcula en los 550 billones de dólares (trillones en inglés).
Se trata mucho más que de un desendeudamiento -es un desapalancamiento, porque las entidades financieras se han endeudado por encima de su capital en 60 veces promedio. Se trata del desmantelamiento de una estructura de relaciones financieras completamente insostenible. Si, antes, la especulación había permitido mover fondos 60 veces superiores al capital invertido, ahora el desmantelamiento de una unidad de capital implica la destrucción de deudas y otros capitales sesenta veces superior. La palanca da marcha atrás y ocurre lo mismo cuando en cualquier actividad se suelta la palanca que mueve o sostiene determinado peso.
La comprensión de que se inicia un periodo general de quiebras llevó al gobierno de Estados Unidos a pedirle al Congreso norteamericano la autorización para gastar 700.000 millones de dólares para comprar lo que sea que lo bancos vendan, para salvar al sistema bancario y al mercado de capitales que opera en forma paralela a los bancos y a la vez por medio de ellos.
Es una ley muy interesante, en primer lugar porque originalmente tenía una página y media y lo único que decía era lo siguiente: "Facultamos al Tesoro de Estados Unidos a gastar 700.000 millones de dólares como bien le venga en gana". Para eso, una página y media es incluso mucho.
Naturalmente, esto puso a luz una cantidad de contradicciones enormes. En el primer forcejeo en el Congreso se aprobó un proyecto que pasó a doscientas páginas. La página y media se transformó en doscientas. En el Senado norteamericano sufrió una segunda transformación, a 500 páginas. Apenas se terminó de aprobar, las Bolsas volvieron a caer. Es decir que los salvatajes no salvan a nadie.
Un endeudamiento colosal
¿Cuál es el problema que plantea este salvataje? Primero, que la suma descomunal es insuficiente, y que serían necesarios ¡entre cuatro y ocho billones de dólares! A la luz de esto, los 700.000 millones de dólares son como una primera cuota, aunque la versión final del proyecto dividió a los 700.000 millones en cuotas y le adjudicó a la primera 250.000 millones de dólares.
Como se ve, la cifra de 700.000 millones es relativamente arbitraria, y a la vez absolutamente enorme, y abre un período de endeudamiento colosal del Estado norteamericano. Si a la deuda pública actual de nueve billones de dólares, se le suma la contraída para el rescate de las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, el rescate de AIG y estos 700.000 (que pueden multiplicarse por seis o diez), Estados Unidos asumiría una deuda pública a la japonesa: un 150% del PBI.
El otro problema que plantea esta ley es de método. ¿A qué precio se van a comprar los activos, bonos y títulos que tienen todos los bancos en su poder y que no pueden vender? Sea como fuere deberá comprarlo por encima del precio de remate que hay en el mercado, digamos al doble. O sea que la carga de la deuda pública sería el doble de los valores a rescatar. Como fatalmente la operación tiene que ser pública, las consecuencias políticas son enormes. ¿Qué va a decir la masa del pueblo al ver que desalojan a un millón de personas porque no pueden pagar la casa, y que el Estado compra a 0,44 centavos de dólar los títulos que valen 0,22?
Pero hay algo más, el negociado, pues los financistas podrían recomprar los títulos que vendieron con premio a un precio inferior, cuando el Estado quiera aliviar la deuda pública o recuperar liquidez (efectivo).
El paquete es inviable: no hay dinero para semejante rescate, ni es viable el método político para ponerlo en marcha.
El rescate en cuestión entraña, sin embargo, un problema de mayor envergadura. Tanto el rescate de los dos bancos crediticios, Freddie Mac y Fanny Mae, por seis billones, como este paquete, apuntan a rescatar los créditos de tres potencias mundiales: China, Rusia y Japón, que han invertido el 30% de sus reservas en los mercados hipotecarios y de capitales de Estados Unidos. La deuda con los bancos centrales extranjeros, de parte de Estados Unidos, es de un billón y medio de dólares (China tiene invertidos 500.000 millones de dólares). Este es un punto crucial: afecta a la totalidad de las relaciones sociales capitalistas en el mundo entero. No es un problema de números, es un problema de relaciones sociales y de relaciones internacionales. No se resuelve con ‘paquetes' sino con un colapso de las relaciones sociales y con la transformación de estas relaciones sobre nuevas bases.
Es obvio que una quiebra bancaria plantea la posibilidad de una concentración bancaria, en especial en Estados Unidos donde hay miles de bancos, pero también en Europa. Este proceso está en marcha. JP Morgan compró el B&S; el Citi y Fargo se disputan el Wachovia; Goldman Sachs se quedó con Merril Lynch; y hasta el fenecido Lehman está vendiendo parcelas de su negocio a viejos competidores.
El problema con esta concentración es, sin embargo el siguiente: los bancos que se quedan con otros bancos se quedan también con todos los títulos podridos, tóxicos e invendibles de estos otros bancos, amparados por los planes de rescate del Estado. No sólo se quedan con el mercado del banco sino que se quedan con toda la carga de deuda del banco que han comprado. Por eso, la concentración bancaria puede ser un factor de multiplicación de la crisis, no la salida, pues puede llevar a la quiebra a los bancos que han comprado a los quebrados. Un ejemplo es lo que ha ocurrido con los fondos de inversión chinos, de Singapur, de Rusia, que en el curso de 2007 y parte de 2008, compraron acciones de empresas y acciones de bancos a precios bajos, pero esos precios han bajado más aún, provocándoles cuantiosas pérdidas.
A partir de esta descripción de orden general, es claro que se viene un proceso de liquidación financiera imparable. Porque en realidad los bancos han operado en una gran cantidad de terrenos, no solamente en los préstamos hipotecarios: en el crédito al consumo, las tarjetas de crédito, la financiación para comprar o reestructurar empresas, el crédito comercial de plazo corto o largo. Todos estos mercados financieros se están contrayendo. Una señal de que los depósitos de los bancos están en peligro es que el gobierno norteamericano aumentó de 100.000 a 250.000 dólares la garantía para los ahorristas que tienen dinero en los bancos; señal de que ya había una corrida. Incluso los grandes fondos financieros que operan en ese mercado de seguros contra default, de 62 billones de dólares, o en el mercado de títulos derivados (550 billones) han comenzado a bloquear el retiro de los aportes efectuados por los inversores. Son los llamados "hedge funds" (o "fondos de cobertura"). En el último trimestre estos fondos de cobertura han tenido pérdidas; se espera un retiro generalizado a medida que vayan caducando los plazos de colocación de las inversiones.
En definitiva, se ha producido ya una bola de nieve financiera; ya a fines del año pasado dijimos que esta crisis era "imparable", algo que provocó escozor a muchos izquierdistas, porque para ellos los capitalistas tienen capacidad de contención y recuperación ilimitada.
Estructura social quebrada
Esta crisis no puede detenerse. Incluso si estos 700.000 millones de dólares lograran poner de nuevo en movimiento el mercado financiero básico, que parte del hecho de que los deudores de hipotecas no pueden pagar sus hipotecas y los deudores de las tarjetas de crédito no pueden pagar su tarjeta de crédito y los que compraron empresas no pueden pagar con los rendimientos esas empresas las deudas que contrajeron para pagar esas empresas, y porque el apalancamiento ha creado un capital ficticio de sesenta o cien veces el capital original. Es una estructura social definida la que ha quebrado; los que no ven esta realidad cometen el error inicial de toda la economía vulgar: creer que el mercado es una relación entre cosas y no la forma social general de la sociedad capitalista.
El deslave se extendió a todos los países del mundo. Es una crisis implacable. Por ejemplo los españoles dicen "a mí no me quiebra ningún banco y no sólo esto, sino que el Banco Santander compra otros. Nosotros somos inmunes". De acuerdo con esto, todo el mundo se va a caer, menos España. Pero, ¿cuál es el problema de España? Probablemente sus bancos no hayan tenido una intervención especulativa tan intensa como otros bancos y no se hayan endeudado en la misma proporción. Pero España es el país de Europa que tiene el déficit de cuenta corriente más extraordinario. Es decir que España se financia con deuda externa. Esa deuda externa no la va a poder refinanciar. Nadie le presta más a España. Por lo tanto, por la vía de la cuenta corriente y de la deuda externa, España está en el horno y así quedará de manifiesto en los próximos días.
Los italianos dicen: "Bueno, pero nosotros no tenemos deuda externa y nuestros bancos no están metidos en el endeudamiento hipotecario internacional. No tenemos una deuda externa, ni siquiera tenemos una cuenta corriente". Pero Italia es, con Grecia, entre los países de la UE, el país que tiene la deuda pública más alta en relación con el PBI. Italia no tiene recursos presupuestarios para salvar un banco italiano grande. No es cierto que los Estados sean una garantía absoluta del rescate del sistema capitalista. Cuando los marxistas decimos que el Estado es el bastión final del rescate del sistema capitalista no nos referimos a la deuda pública. Nos referimos al Pentágono, nos referimos a los misiles, a las tropas y al monopolio de la fuerza.
El endeudamiento de Estados Unidos para salvar al sistema financiero tiene su peculiaridad, esto porque afecta a la tasa de interés y a la inflación a nivel mundial. Una tasa de interés elevada, por parte de un Estados Unidos sobreendeudado, es una receta para la recesión internacional y para la depresión económica. En caso contrario, si el Estado sobreendeudado fuerza la baja de la tasa de interés, desata la inflación y la depreciación de la moneda, en este caso el dólar. La devaluación del dólar es equivalente a una desvalorización generalizada de capitales y llevaría a una desintegración del comercio internacional. La tendencia en esta dirección la prueba la subida enorme del precio del oro. El hecho de que la economía norteamericana sea tan capitalista difunde la crisis con una velocidad fenomenal, a través de la moneda, a través del crédito y a través del comercio. Gracias a los mercados de capitales modernos, un ahorrista de Nepal puede transformarse en acreedor de un propietario de vivienda hipotecada de California. Entonces, como ustedes ven, la difusión social que permite el capitalismo es incomparable.
El Estado capitalista no opera en el vacío ni tampoco según reglas que pueda diseñar a su arbitrio. Depende financieramente, como ninguna otra forma estatal en la historia, de la clase que tiene el monopolio del capital; se encuentra enredado en las relaciones financieras propias del capitalismo, a través de impuestos y de la deuda pública; el Estado potencia las contradicciones del capital. Estados Unidos ha estado gastando un dinero fenomenal (se calcula que 700.000 millones de dólares), en la guerra de Irak, y lo ha estado financiando a tasas de interés del 1%. Es decir, que la guerra ha alentado la inflación. Si aumentan la deuda pública, se quedan sin capacidad potencial para financiar la guerra.
Es un mito eso de que el Estado es el factor de rescate de la economía capitalista, o que puede operar con independencia de las condiciones de la crisis, porque él está en el engranaje capitalista; para rescatar tiene que suscribir títulos, contraer deuda, dar créditos, meter impuestos, afectar el ciclo económico. Forma parte del circuito económico capitalista. Estados Unidos es el que más está estructurado a través de este tipo de relaciones financieras.
En este punto llama la atención algo que en general la izquierda no menciona, pero sí varios economistas del capital. En Estados Unidos no sólo quiebran los bancos privados, sino que la tendencia a la quiebra también afecta a la banca central encargada de rescatar a los bancos y a los financistas que operan en el sistema no regulado. Las reservas del Banco Central norteamericano (su stock de títulos del Tesoro) se han reducido de un billón a 400.000 millones de dólares, a fuerza de comprar títulos podridos de bancos para que no se vayan a la quiebra. Se gatilló 600.000 millones de dólares. La Reserva Federal necesita ser recapitalizada, como le ocurre a los bancos privado. ¿Quién la puede recapitalizar? El Estado norteamericano, el Tesoro. ¿Cómo? Entregándole títulos públicos, entregándole títulos del Tesoro. Es decir, de nuevo aumentando la deuda pública del Estado norteamericano, más allá incluso de su capacidad de repago. Como se ve, la banca central no está suspendida en el aire. Hace pocas horas la Federal Reserve ha decidido remunerar los depósitos que los bancos privados hagan en sus cuentas, para luego usar ese dinero para ampliar el crédito oficial. Se monta con esto el llamado déficit cuasi fiscal, que se crea como consecuencia del pago a los bancos privados por la banca central. Como entre nosotros, bajo Martínez de Hoz.
La crítica izquierdista se limita a decir que el Estado "rescata a los ricos y deja caer a los pobres", que hace "socialismo financiero", pero es incapaz de señalar las limitaciones de la intervención del Estado, y menos aún de su capacidad de potenciar la crisis, primero en el plano económico, pero por sobre todo en el político e internacional. No se trata de denunciar solamente la injusticia de clase, hay que mostrar la inviabilidad de esa intervención como factor de salida, cuando la crisis toma posesión de todos los órganos del movimiento económico.
Quiero mostrar un tópico central: el Estado es parte de la crisis; no puede disponer el arreglo de la sociedad a su antojo. Eso podría ocurrir cuando la crisis tiene un carácter parcial; por ejemplo, afecta a los bancos, afecta a una gran empresa. Cuando tiene un carácter generalizado, cuando toma el tejido económico de la sociedad, no. Y esto no es de ahora; ocurrió con Carlos II en Inglaterra en el siglo XVII, ocurrió con Luis XVI en Francia y su ministro Necker, y si el Zar hubiera podido financiar la guerra, habría tenido otra capacidad para enfrentar la revolución en Rusia.
Republicanos, como la UCR
Otra cosa muy importante: los principales fondos afectados, que han prestado para todo este negociado, ¿cuáles son? Son los fondos de los jubilados, de los trabajadores de los Estados Unidos, cuya cuota ha caído vertiginosamente, por lo tanto ha entrado en crisis súbita, la muerte súbita del sistema jubilatorio de Estados Unidos.
Ahora vamos a la parte, digamos, incluso más substancial.
¿Cuál es el debate que hay en la izquierda? Bueno, la izquierda dice que no hay crisis capitalista, que el Estado siempre recicla al capital (en un programa de televisión, un economista kirchnerista me dijo "el capitalismo siempre se recicla"). Es decir, el capitalismo puede irse al carajo, pero del carajo también vuelve. La imagen es la siguiente: bueno, se fue al carajo, pero también se vuelve del carajo. Se probaría la teoría de la resurrección.
Nuestro Partido tiene un libro que se llama La estrategia de la izquierda en la Argentina, del año '89. En particular hacía el análisis, a través de 13 capítulos, de los documentos del congreso de esa fecha, del viejo MAS. Las tesis decían que la situación en la Argentina y en el mundo era revolucionaria. Nosotros, que (como todo el mundo sabe) somos considerados catastrofistas, sacamos un libro para probar que la situación en Argentina era no-revolucionaria; es decir que estábamos en las antípodas del catastrofismo, y que el mundo tampoco atravesaba una situación revolucionaria.
Esto es pertinente ahora, por lo siguiente: en el prólogo de ese libro se dice que la izquierda carece de una teoría de la situación revolucionaria. Puede llegar a reconocer una situación revolucionaria cuando se produce, pero no tiene una teoría, es decir, causa, desenvolvimiento. Y no tiene una teoría, dice ahí (y no estábamos entonces en una situación de crisis como la que estamos discutiendo), porque niega la tendencia del capitalismo a su propia disolución. Es decir que la tendencia del capitalismo a disolverse sobre la base su propio desarrollo es la base teórica, y luego la base práctica, de las situaciones revolucionarias.
Entonces ustedes se dan cuenta de que estamos discutiendo ahora la potencialidad de una situación revolucionaria a partir de la presente crisis, o sea de la tendencia del capitalismo a su propia disolución. Esto tenemos que articularlo ahora; no podemos quedarnos en la descripción del derrumbe económico. Hay que desenvolverlo al plano social, al plano político y al plano de la acción de masas, o sea un programa.
¿Cuál es la primera articulación? En este punto hemos ganado una victoria total, porque hace 20 días que venimos señalando en nuestra prensa la tendencia a la crisis política en Estados Unidos: inclusive sacamos un famoso artículo que decía "Esto se parece al final de Alfonsín" que le tuvo que entregar el mandato a Menem con anticipación, o al de Mitterand, porque Mitterand había ganado un domingo, se suponía que iba a subir un mes más tarde, el lunes cayó la bolsa y el martes lo llevaron a jurar como presidente. No tenía ministros, no tenía nada el tipo. No sabía siquiera si iba a ganar las elecciones. Las acababa de ganar el domingo.
Del derrumbe económico capitalista articulamos esta cuestión de la crisis política.
Bush no tiene ninguna autoridad, los proyectos que manda al Congreso, primero no se aprueban y después se aprueban con una enorme carga de corruptela. Asimismo, los partidos Demócrata y Republicano se dividen, y la perspectiva de una derrota catastrófica de McCain amenaza con convertir al partido Republicano en una UCR post De la Rúa. Hay en Estados Unidos una crisis política extremadamente importante. Porque todavía no hubo elecciones, y ellos tienen que navegar esta crisis con un régimen dividido en cuatro: McCain que dice que es independiente de Bush, pero no va a ganar; el Congreso norteamericano que entra en receso; Obama, que siendo el opositor es el único real respaldo del paquete de 700.000 millones de dólares de Bush, y el propio Bush sin poder. El sistema político norteamericano necesita encontrar un nuevo pivote para pilotear la crisis más importante desde el derrumbe del ‘30. Se observa una tendencia indefinida a la parlamentarización en un país de régimen presidencial. Estados Unidos se encuentra, desde el punto de vista político, como Cristina Kirchner después del voto no-positivo de Cleto. De golpe, el Parlamento y el vicepresidente de un lado, y la presidenta del otro. Esto ya ha desatado acá también una crisis política y ha debilitado considerablemente al gobierno. Allá se encuentran en una situación del mismo tipo.
El problema de una parlamentarización es que un rescate al derrumbe económico no puede estar sujeto al tire y afloje permanente. Por otro, Estados Unidos está en guerra. Una guerra no la lleva adelante un Parlamento. Una guerra la lleva adelante un comandante en jefe, que es el presidente de la república y que tiene que ser capaz de imponer medidas para el financiamiento de la guerra, en particular porque la guerra en Afganistán va muy mal. Semejante posibilidad se acaba de probar en Georgia, donde la OTAN fue incapaz de reaccionar a la respuesta fulminante de Rusia. En Georgia, finalmente, ha habido una disputa en torno a los intereses de la British Petroleum y en hoy los diarios internacionales informan que la British Petroleum cerró un total acuerdo con el gobierno ruso sobre todas las explotaciones petroleras. Así que ya de Georgia que se olviden: ese tipo cayó. En suma, en medio de una crisis mundial y en medio de una guerra es necesario un poder político fuerte. La crisis política es, precisamente, una de las mediaciones entre la disolución del régimen económico y la situación revolucionaria.
La crisis política no solamente se da en los Estados Unidos. Incluso más seria es la crisis de la Unión Europea, que está revelando, ante la quiebra, que no es una real Unión Europea, que no tiene capacidad estatal. La UE tiene bancos que son más grandes económicamente que los países a los cuales pertenecen y por lo tanto no pueden ser rescatados por sus países, pero sus estados nacionales se niegan, por rivalidades, competencias y hasta por un problema estructural, a formar un fondo común de toda la Unión Europea, para rescatar a los bancos. Entonces los holandeses rescatan a los holandeses, los irlandeses a los irlandeses, los británicos a los británicos, pero eso lo van haciendo con bancos que son por ahora menores. Si llega a atacar un banco como el Barclays Bank, en el caso de Inglaterra, el Commerzbank de Alemania, no digamos el Deustsche Bank, etc.
Hay 22 bancos en Europa que son superiores al 100 % del PBI de cada país. Por lo tanto, como algunos no tienen grandes bancos (Polonia, Checoslovaquia, etc.), esto quiere decir que hay países que tienen más de un banco que es superior al PBI del país. Se ve que la Unión Europea no tiene la capacidad de un estado, que la burguesía europea no ha superado sus rivalidades y que se disloca políticamente en el marco de una crisis. La crisis esta ha probado la inviabilidad de la Unión Europea; el Banco Central no tiene capacidad de rescate de los bancos, para eso se necesita del presupuesto estatal. Esta dislocación va a agravar enormemente la marcha de la economía.
Hacia las ollas populares en Estados Unidos
La crisis política no eximirá a China. China está en proceso de desarrollo capitalista, y está manejado por una burocracia estatal de características asiática. Si hay una cadena de quiebras y movimientos sociales, el monolitismo del partido comunista sobre China se quebrará irrevocablemente. Pero los únicos que unificaron a China como Estado Nacional fueron el partido comunista y Mao Tsé Tung. Desde el siglo XV nadie unificó a China, hasta que llegó Mao Tsé Tung. El partido comunista es, sin embargo, ahora, un factor disolvente, porque está al servicio de la anarquía capitalista, y tendría que operar de árbitro de una crisis que envuelve no sólo a capitales chinos, no sólo al Estado chino, sino una gran cantidad de capitales extranjeros. En una crisis política en China se juega la unidad nacional, y por lo tanto plantea el papel del ejército en la política del país. La crisis política no dejará de arrastrar a otras naciones asiáticas, como Corea del Sur, que se encuentra en este momento con un movimiento de masas gigantesco. En Vietnam, este año ha habido 300 huelgas en las mayores industrias. China, en cierto modo, es un factor de contención. Si se produce una crisis política en China, países como Sur Corea, países como Vietnam, rápidamente se desbloquearían. Es decir, quedaría planteada una crisis en Asia de un modo general.
Una crisis de esta envergadura tiene un mecanismo de transmisión social, a través de la desocupación, la baja de los salarios, el hundimiento de los fondos de pensiones, el desalojo de la gente (y ya hay campamentos en los Estados Unidos para los desalojados) y ha crecido enormemente el uso de los vales comida (food-stamps). En poco tiempo habrá ollas populares, porque la gente empieza a ser despedida. Si a este mecanismo de transmisión social de la crisis se añade el mecanismo de transmisión de la crisis política se conforman los elementos de una situación revolucionaria. El desarrollo de estas situaciones no es igual en cada país, pero incluso los Estados Unidos, en los años '30, sin llegar a haberse producido realmente una situación revolucionaria, conoció el ascenso obrero más grande de la historia del país, ocupaciones de fábricas y movimientos sociales sin precedentes y, como creo que lo conté aquí, en el año '33 la Casa Blanca estaba rodeada de carpas de piqueteros, 25.000 piqueteros y el presidente Roosevelt le encargó la represión a dos jóvenes coroneles: Patton y MacArthur, los que ocho años después iban a invadir, uno el sur de Italia, y el otro Japón y los archipiélagos de Asia. No es un proceso instantáneo, abre una etapa, es un proceso de lucha de clases. Un ejemplo de giro en la etapa y de proceso de lucha de clases, lo tenemos en América Latina. Tuvimos una insurrección en Bolivia, en el año 2000, en Ecuador dos insurrecciones, 2001 y 2002, de nuevo en Bolivia en 2003. Estamos en 2008, ha habido todo un proceso de experiencias, giros y vaivenes, como las peripecias internacionales de la crisis colombiana con la guerrilla, pero hoy vemos a los bolivianos que se movilizan, contra la voluntad de Evo Morales, para aplastar a la derecha de Santa Cruz, y de repente se revela que la derecha en Santa Cruz no era tan fuerte como se lo quería hacer creer.
El problema que estamos discutiendo aquí sobre la crisis económica mundial es la conformación de un nuevo cuadro histórico. ¿Qué dicen algunos izquierdistas? Se ponen en una posición de filósofos y se preguntan: ¿será éste el fin de la hegemonía norteamericana? Entonces si es el fin de la hegemonía norteamericana, vendrá la hegemonía de Mongo, la cuestión es que seguimos oprimidos por algún "hegemón". Es decir, se van pasando la pelota entre los sectores capitalistas.
Pero veamos una cosa. Recién hablábamos del proceso de concentración bancaria que puede generar la crisis, y que ese proceso de concentración bancaria está infectado, porque los que se quedan con los bancos se quedan también con títulos podridos, etc., etc. Pero si el proceso de concentración bancaria en los Estados Unidos llega a su éxito, si se sacan los títulos podridos, si se reduce enormemente la cantidad de bancos y un puñado de bancos norteamericanos reemplaza a los miles que hay ahora, no va a haber una caída de la hegemonía norteamericana. De esta crisis va a salir una hegemonía norteamericana reforzada si pueden consumar exitosamente el proceso de concentración bancaria. Va a salir un poder financiero, relativo al conjunto del mundo, mucho más poderoso que el que hay en la actualidad.
Ahora si, por el contrario, esta crisis y este intento de concentración fracasa, debido a todos estos activos podridos, deuda pública, elevada tasa de interés y toda la descripción que hice de las consecuencias que tendría un salvataje en la escala que se ha hecho; en este caso no sólo no va a haber más hegemonía norteamericana, sino que se desarrollarán situaciones revolucionarias a escala global. A la hora de discutir si se reconstruye el capitalismo o no se reconstruye el capitalismo, los trabajadores van a dar su voz. Porque el costo para ellos va a ser muy elevado.
Cuando yo digo que va a ser un proceso, tengo en mente, ¿qué cosa, compañeros? Tengo en mente que una revolución es victoriosa si tiene un partido revolucionario; una revolución es victoriosa si las masas que enfrentan la crisis cobran una conciencia cada vez más lúcida, más clara de la crisis y desarrollan una conciencia revolucionaria. Es necesario que atraviesen la experiencia de la crisis, por eso la crisis se va a desenvolver en un período que va a dar oportunidad para esas experiencias, que va a dar oportunidad para aprender a equivocarse, errar y acertar, y a cambiar prejuicios ("ah, no, socialismo no porque yo soy americano" y el otro "no, porque yo soy peronista"). Todo eso va a cambiar, como cambió acá en 2001 con el curso de la crisis. A la pregunta simplona de si estamos ante ‘el fin del capitalismo', respondemos que se encuentra en desarrollo el fin del capitalismo. La crisis se desenvuelve a un punto en que afecta a todas las relaciones sociales existentes; la crisis política, que no espera hasta el final de la bancarrota económica, emerge claramente porque todo depende de ella, de la política, de la lucha de clases en el plano del poder.
Pablo Rieznik hizo notar que mucha gente analiza los procesos históricos como si la historia fuera un sujeto, y entonces espera que la historia haga la revolución social. La historia no va a hacer nunca la revolución social. La historia no es ningún sujeto; los sujetos somos los seres humanos que operamos en el marco de la historia que se crea como consecuencia de nuestra actividad. No es la historia el sujeto sino las clases, las personas, los sujetos que trabajan en la historia. Esto es absolutamente necesario señalarlo de entrada, comprenderlo y hacerle una crítica, porque una alternativa es que triunfe el capitalismo en una confrontación, y tengamos un régimen mucho más bárbaro que el que conocemos. La otra alternativa es que triunfen los trabajadores y tengan el socialismo, y la tercera es que se destruyan los dos, y haya un período sin precedentes en la propia humanidad. Hay países enteros que han conocido lo que es la destrucción de las clases en pugna y el ingreso en un período de estancamiento e inmovilismo completo por largo tiempo.
La izquierda democratizante y aun más la derecha, dicen que en los últimos 25 años hubieron un montón de crisis, y que la actual es otra más. Es claro que tenemos acá un problema de método. Porque todas las crisis de estos 25 años fueron precursoras de ésta y cuando los marxistas hablábamos de una crisis, sistemática, desarrollada, recurrente, del sistema capitalista, es que interpretábamos de esta manera, como precursoras de estallidos cada vez mayores el hundimiento de México, el hundimiento de Argentina, el hundimiento de Corea, de Indonesia, Singapur en el '98, el hundimiento de Rusia, el hundimiento de los "punto com" en el 2000, el hundimiento de Enron, el hundimiento de las sociedades de ahorro y préstamo en los Estados Unidos en el año '82. Esta crisis es la culminación y la confirmación de un largo proceso anterior y no un fenómeno inocuo, porque "de esto ya había antes". Lo cual es otra forma del absurdo.
De acuerdo con el análisis que hemos hecho hoy, las medidas que se toman para contenerla solamente auguran crisis más intensas en los próximos meses, en las próximas semanas y un desarrollo político completamente nuevo.
La izquierda mundial, en los últimos 20 años, en todas sus variantes, renunció al socialismo. Renunció a una interpretación crítica del capitalismo o a una crítica de la economía política capitalista. Está teórica, políticamente y psicológicamente entregada. Esto revela los esfuerzos que habrá que hacer para desarrollar entre los trabajadores una posición revolucionaria. La industria automotriz está despidiendo gente en masa en este momento en la Argentina: luchando contra los despidos. Hay fuga de capitales: luchando por la expropiación de los bancos en Argentina, contra la fuga de capitales, contra el pago al Club de París. Adoptando posiciones políticas concretas frente a todas las manifestaciones de la crisis. Esto es lo que importa y así se va abriendo paso este desarrollo.
Hasta donde me consta (y en este punto no sé si sé todo lo que hay que saber) en todos los periodos históricos que anunciaban grandes acontecimiento revolucionarios, la izquierda estuvo del otro lado. Gente como Marx, como Lenin y Trotsky, incluso como Fidel Castro (recordar el papel nefasto del Partido Comunista de Cuba) estaban solos. Porque la crisis de un sistema social, y más aun cuando es de la envergadura del capitalismo, no se puede entender y no se puede explotar sin una preparación anterior, sistemática, si no hay un trabajo político anterior profundo, que naturalmente se desarrolla en un marco de aislamiento relativo. En la rutina del día a día sólo minorías de luchadores revolucionarios se preparan y trabajan y no les importa lo que digan los demás, porque siguen un criterio riguroso, no se guían por las modas circunstanciales. Quiero que tengan presente esto, especialmente la nueva generación.
DEBATE
Pregunta: No entiendo ese artículo de Prensa Obrera en que habla de un triunfo del mercado ¿Un triunfo de qué?
Pregunta: Respecto de los acuerdos bilaterales que firmó Lula con Cristina de realizar el mercado en monedas comunes, dejando de lado el dólar, ¿cómo se representa en lo que es todo el mercado de automotriz y autopartes, donde se está representando una caída de prácticamente el 15 %? Y ¿cómo está atado todo esto con el salvataje de la General Motors y que también se refleja en la Ford? ¿Cómo repercutiría en el comercio, acá en la Argentina, y en la estabilidad en la relación de los dos países?
Pregunta: Me interesaría saber si en esta crisis que, según todos los medios de información empezó con estos créditos sub-prime, había ya en la profundidad una crisis de acumulación, de baja rentabilidad también y obviamente que va a derivar en una recesión. O sea, se hizo una crisis económica, porque no hay salvataje que valga, me parece. Por qué todos hablan de la cuestión financiera.
Respuesta: Voy a comenzar por la última pregunta, porque está más relacionada con la charla. Voy a reformular la pregunta. Ustedes saben que en los diarios, cuando se habla de la crisis, se dice que es una crisis financiera porque no tocó la economía real. Es decir, que hacen una distinción entre una economía que no sería real y otra economía que sería real. ¿Quién está anotada en esta posición? Cristina Kirchner. Cristina Kirchner dice lo siguiente: "ganar plata invirtiendo en la bolsa, es una maniobra que no ayuda a nadie. En cambio levantar un edificio, producir un bulón, ayuda". Lo que no se entiende es por qué ella y el marido se hicieron ricos especulando con una circular del Banco Central que ponía intereses abusivos a los que compraban casas, y ahora se siguen haciendo ricos también con sus sedes financieras, si tiene esta teoría de lo que es real y lo que no es real.
En primer lugar no hay una economía real y una que no sea real, porque para el capitalismo los ladrillos y las fábricas sirven si cumplen con la finalidad de acumular capital bajo la forma de dinero. El mundo financiero se crea en el proceso de la circulación real de las mercancías. Para construir una casa es necesario que el adquirente lo pueda hacer en cuotas. Pero el capitalista que financia esta construcción no quiere esperar 30 años para recuperar el capital con los beneficios. Vende el crédito a un banco, pero el banco tampoco quiere quedarse clavado durante 30 años. Se lo vende a otro, y la plata que recibe la destina a otro préstamo y así sucesivamente. El circuito de los papeles en la economía sigue paralelo a un proceso de la economía real, pero al seguir un proceso de la economía real también se abre de ella. En determinado momento, esos papeles comerciales de crédito, o las acciones, pueden servir de garantía para un préstamo, de modo que un movimiento de la circulación de mercancías da lugar a dos movimientos crediticios - el papel comercial y el préstamo garantizado por ese papel comercial. De modo que una fábrica que vale 100 da paso a acciones de capital por valor de 100 más un título público que se adquiere contra la garantía de esas acciones, que están a su vez garantizadas por la fábrica. Si obtengo un préstamo con esas garantías puedo construir algo que después lo vendo y empiezan a circular papeles tras papeles en el afán de seguir desarrollando este circuito.
Como el objetivo de la economía capitalista no es acumular cualquier clase de cosas sino, como dicen en una película, "¿dónde está el money?", hay un momento determinado en que alguien dice, "che, nos hemos olvidado que todo esto lo hacemos por guita, y yo te di un papel a vos, vos le diste un papel a él, él le dio un papel al otro, pero ¿y la guita, donde éstá?". En un momento determinado alguien sospecha que la guita no está y se presenta a cobrar, no a dar préstamos contra garantías. Y ahí se pudrió todo. Pero no se puede salir de ese circuito. Esa escisión entre la circulación de mercaderías y la circulación del dinero, o de los papeles que funcionan como dinero, pero que no son dinero, esa escisión es la base de la economía capitalista; la mercancía, de un lado, y el dinero, del otro. Si no sería pura acumulación de mercancías y el objeto de uno sería coleccionar autitos último modelo, y otros podrían coleccionar otra cosa. Pero entonces no sería una economía capitalista.
Este fenómeno de la circulación paralela de valores ha adquirido una envergadura extraordinaria, primero porque la economía capitalista tiene un desarrollo extraordinario, y por la madurez que ha alcanzado el capitalismo. Por ejemplo, alguno de estos bonos que se emitieron era una mezcla de varios bonos, metían bonos hipotecarios de fácil cobro, con otros que no eran de fácil cobro, y hacían con eso un solo bono y lo vendían. ¿Cuál era la idea? La idea era contrabandear un bono de difícil cobro empaquetándolo con otro de fácil cobro. Pero el que lo compraba, compraba un bono, que no decía "acá está la parte de difícil cobro". ¿Por qué lo compraba? "Me lo vende el City; si no confiás en el City, ¿en quién vas a confiar?"
¿Cómo se llegó a esta confianza en el City? A través de un desarrollo capitalista de décadas, en que el sistema bancario se afirmó, se consolidó y se hipertrofió. Por lo tanto, es la expresión de la madurez de un sistema. Y para un marxista, la madurez de un sistema es el comienzo de su decadencia. Es un concepto contradictorio, pero la derecha y el izquierdismo de cuarta no piensan contradictoriamente. Piensan que una cosa es una cosa, la otra cosa es la otra cosa. Al no poder pensar contradictoriamente, no lo ven. Primer punto del problema.
Segundo punto del problema. Por grande que haya sido la expansión del mercado inmobiliario y que provocó este boom de créditos que fue impresionante y todo lo demás, lo más grande que ocurrió en el mundo en los últimos años, ha sido el desarrollo de China. El desarrollo de China se hizo con una gigantesca inversión de capital extranjero. Este es el punto central. Donde ganaban vagones de plata. Mano de obra barata y enorme flexibilidad laboral, incluso en la calidad de los productos, como melanina en la leche, o plásticos tóxicos en los juguetes o en cualquier cosa. Todo asegurado por una mezcla de burocracia stalinista y sociedad capitalista. Los tenemos a los dos como en los bonos.
Para obtener estas ganancias no bastaba con explotar a los trabajadores, sino que tenían que tener un mercado para vender lo producido. ¿A quién se lo iban a vender? No se lo iban a vender a los propios chinos, que no cobraban ni para volver a su casa, porque dormían en la fábrica. Se los tenían que vender a Estados Unidos. Entonces el boom inmobiliario de Estados Unidos es un intento de canalizar el capital que se acumula en China hacia Estados Unidos. Este es todo el gran mecanismo de la crisis mundial que tenemos ahora y de la importancia que va a adquirir desde el punto de vista internacional, por el impacto de esta crisis sobre China. Esto lo hemos dicho nosotros en nuestros Congresos, publicaciones, sistemáticamente.
Ahora, por ejemplo, la gente pregunta si hay desacople entre Estados Unidos y China. Pero antes que se invente la palabra "desacople" nosotros habíamos inventado, si se puede decir así, la palabra "acople", para explicar lo que estaba ocurriendo en la fase ascendente de este periodo. El capital chino entraba a Estados Unidos y financiaba el boom inmobiliario, por eso la gran deuda que Estados Unidos ha contraído con China. China, Japón y Rusia tienen un billón 200.000 millones de dólares invertidos en deuda norteamericana. Y puede ser una catástrofe. Porque puede haber una declaración de default sobre toda esa deuda, incluso bajo la forma de la devaluación maciza del dólar.
Es una crisis de orden general, que demuestra que acá nadie cometió ningún error. Todos siguieron el libreto, que decía lo siguiente: "explotamos a los obreros con capital extranjero, vendemos a Estados Unidos y para vender a Estados Unidos financiamos el boom. Tomemos todas las medidas que hagan esto posible, y si no tomamos las medidas que hagan esto posible, no hay negocio". Tomaron todas las medias, el negocio fue ése. Ahora el negocio reventó. Se acabó. Esto se cae sobre la base de sus propias leyes.
Ahora bien, negocios especulativos o financieros de este tipo ya se habían hecho en una cierta escala y envergadura, y el que más importa acá es el de Enron. Una empresa que se endeudaba a corto plazo en el mercado eléctrico, y hacía toda clase de operaciones financieras. Es decir, aprovechaba la licencia para explotar el mercado eléctrico para hacer todo un montaje financiero. Y quebró. La quiebra de Enron fue un embrión, un modelo, una prefiguración de lo que ahora es todo Estados Unidos; porque todo Estados Unidos era Enron.
Tercer punto. Nosotros venimos siguiendo desde hace mucho la crisis, porque la crisis es la madre de los proceso políticos revolucionarios. No la estamos siguiendo porque somos economistas. Es a partir de estas contradicciones que emerge una teoría revolucionaria.
Uno puede observar, a nivel mundial, que la tasa de crecimiento de los productos brutos nacionales comienza a desacelerarse a mediados de 2007. Es decir, que se empieza a notar que la capacidad de consumo generada por esta especulación se debilita. Alguien, en los negocios diarios, habrá comprobado que no se vende como antes, y toma precauciones que acaban reflejándose en el mercado financiero. Por otro lado la gente que tenía viviendas no las podía pagar, aunque no eran muchos no es buena señal, y entonces alguien dijo, "mirá, yo me voy a correr primero". Se fue generando una crisis que puso de manifiesto que la capacidad de consumo, de rendimiento, ya se encontraba debilitada a mediados del año pasado, y fue hundiendo el castillo crediticio.
El tema interesante sobre esto, es el siguiente: muchos dicen "bueno, ya no veremos más el capitalismo que vimos. Vamos a ver el capitalismo, pero no el que vimos. Ya este modelo de negocios no subsistirá, no sobrevivirá. La banca de inversión se transformará". Pero el problema es que el mundo estuvo funcionando con este esquema. ¿Quién tiene el otro esquema que va a funcionar ahora? Cualquiera sea él, va a tener que probarse en la realidad, como se prueban los chicos que empiezan a andar, cayéndose cada dos por tres. Dislocando primero las relaciones que hay ahora. Entonces nadie se quiere poner a pensar que un sistema que funcionó sobre esta base ahora pueda funcionar sobre otra base, que nadie sabe cuál es y sin pasar por los dolores del tránsito.
Por eso algunos economistas respetados, por ejemplo hay uno que se llama Nouriel Roubini, que se ha hecho muy famoso porque él escribió un artículo diciendo cuánto esto iba a costar y llegó a una cifra de 10 billones de dólares, y nadie lo pudo refutar. Cada día que pasa nos acercamos a esa cifra. Y fue mostrando distintas cosas. Este hombre, sin embargo (ahora Página 12 le publica algunas cositas) cuando llega el momento de las soluciones ¡ay, Roubini!, dice: "evitemos que a la gente la echen de sus casas". Bueno, pero si a la gente no la echan de sus casas, ¿cómo paga? "Refinanciemos los créditos hipotecarios". Entonces el banquero dice, "si yo refinancio al que no puede pagar, el que puede pagar va decir, ‘yo también quiero que me refinancien", en cuyo caso la crisis se hace más grande, porque el monto de deudas involucrado abarca a los que pueden pagar. Ya no pagan no sólo los que no pueden pagar, sino que a partir de esta iniciativa no pagan los que estaban pagando. No se puede arreglar. No tiene arreglo en el sentido siguiente: como en el mundo todo tiene arreglo (esto quiero dejarlo claro, incluso como miembro de un partido catastrofista: todo tiene arreglo y nosotros nos estamos anotando para arreglarlo. Porque nosotros, ¿para qué estamos? Estamos para arreglarlo. No lo vamos a desarreglar nosotros. Ellos lo desarreglan, y nosotros lo vamos a arreglar en forma obrera y socialista). Es decir, el mundo tiene su arreglo. El problema consiste en que el arreglo tiene que ver con las relaciones sociales. No es un arreglo que tenga que ver con una refinanciación parcial de deudas... eso no tiene salida. Porque ha estallado todo el conjunto de esas relaciones sociales.
La parte más importante del sistema financiero son estos fondos de cobertura que operan por muchos más billones de dólares que todo el sistema bancario, y la agudeza de su crisis se está revelando en estos días. Por ejemplo, concretamente, el Financial Times de hoy anuncia un corralito de estos hedge funds y las pérdidas en el tercer trimestre. Son los grandes grupos financieros, que en principio no tienen acceso al rescate de la Reserva Federal, al rescate del Tesoro de 700.000 millones. Se ha quebrado la relación social de mercado, es mucho más que un esquema de financiamiento.
En relación con la pregunta sobre el mercado. Evidentemente, ha quebrado la economía de mercado capitalista, eso está claro. Pero desde otro punto de vista, quiero señalar lo siguiente: El mercado son relaciones sociales, que se desarrollan a espaldas de los que intervienen en él y que se verifican "ex-post". Solamente cuando se intenta vender lo producido se comprueba si se ajusta en términos de utilidad social y de esfuerzo empeñado a los requerimientos de los otros participantes del mercado.
En estos años los capitalistas hicieron su negocio, inflaron el proceso financiero, obtuvieron enormes ganancias, pero cuando ahora quieren colocar sus papeles o títulos en el mercado se encuentran con que no tienen compradores. En la crisis, el mercado demuestra ex post que se ha montado un proceso ficticio de valorización, que los productos no se ajustan a una suerte de utilidad social ni representan el valor que pretenden. La especulación pretendió escapar al control del mercado y prestó dinero de todos los modos imaginables, pero ahora la crisis consiste en que el mercado les recuerda esos ‘pecados', y todos los valores se van al suelo. El mercado, ex - post, con posterioridad a la producción y a la especulación, dictamina que han violentado las normas del valor en la sociedad capitalista. En el mercado, más allá de las fluctuaciones, a largo plazo, se manifiesta la ley del valor. Sobre la base de la ley del valor, los capitalistas no podrían enriquecerse como se enriquecieron, y por eso tratan de forzar la mano, de superar esa ley, con mecanismos especulativos, intervención estatal, guerras, explotación forzada de personas. Toda la historia del capitalismo es el intento de superar el límite que tienen la mercancía y el capital, que es la ley del valor. Cuando creen haberlo logrado, alguien les dice "che, presentate a cobrar en ventanilla", y ahí se cae todo porque se pone de manifiesto el carácter superfluo o ficticio del valor creado.
Ahora vienen los keynesianos y los izquierdistas románticos, los intervencionistas estatales, y dicen "ay, qué desastre el mercado", "el mercado fracasó" No, el mercado te puso en vereda. El intervencionismo estatal o la especulación procuran huir del mercado, dentro de un régimen de producción mercantil capitalista, pero cuando quieren realizar sus producciones en la forma de dinero, el veredicto lo tiene el mercado. El capital necesita desembarazarse del mercado, porque ha adquirido tal nivel de desarrollo que el mercado le resulta estrecho. Desarrolla toda una historia institucional para desembarazarse del mercado. Cuando cree que por fin lo logró, descubre que la vigencia del viejo mercado y de la ley del valor.
¿Qué es lo que se está discutiendo en este momento en Estados Unidos? Uno de los puntos cruciales es que para salvar a los bancos sería necesario establecer una norma por la cual los títulos podridos, los que son invendibles e incobrables se contabilicen al valor original en los libros, no al valor que tienen en el mercado. Si se contabilizan al valor que tienen en el mercado el banco quiebra. Hay una crisis en torno a esto, porque eso implica que toda una cantidad de empresas van a funcionar a pulmotor. No tienen capital, pero los libros van a decir que sí lo tienen. La función de que los libros digan que sí tiene, es que los jueces no los manden a la quiebra.
El artículo en cuestión de Prensa Obrera, sobre la "victoria del mercado", apunta a terminar con el macaneo de los keynesianos y de los románticos, de que el capitalismo puede zafar del mercado. Como no puede zafar del mercado, está condenado al derrumbe; victoria del mercado y derrota del capitalismo, y de nuevo es una forma de pensar contradictoriamente.
Sobre la pregunta del compañero sobre Brasil y Argentina, que no van a usar más el dólar, no tiene la menor importancia, porque lo único que hacen con esto es ahorrarse el costo de transacción de pasar las monedas nacionales al dólar para volver a convertirlas en sus propias monedas. Esto no arregla nada porque nadie compra y vende al contado sino a crédito, y por lo tanto tiene que asegurarse contra las fluctuaciones de las monedas nacionales respecto del dólar. Para que dos países tengan la misma moneda, necesitan tener una serie de componentes económicos comunes: un presupuesto común, un sistema financiero común, un mercado común, e incluso en esas condiciones probablemente no tengan una moneda común, porque en la práctica el euro no tiene el mismo poder adquisitivo en los diferentes países de la UE, y por sobre todo no tiene un respaldo similar debido a que existen diferentes estados nacionales. Por eso la deuda pública de Italia tiene un riesgo-país de 200 puntos sobre la de Alemania, a pesar de que tienen la misma moneda y se coordinan en el Banco Central Europeo.
Todo esto es de algún modo esencial para la comprensión del funcionamiento, contradicciones, crisis y derrumbes del régimen social al cual nosotros como socialistas queremos poner fin. Para ello nos vamos a apoyar como palanca no sólo en la movilización de los obreros y en su conciencia, sino en todas las contradicciones del régimen social existente y en su tendencia al derrumbe. De otra forma no hay teoría revolucionaria y no hay práctica revolucionaria. Este es el valor de lo que estamos discutiendo. No se trata de acumular datos sobre lo que pasa en la Bolsa de Nueva York: se trata de comprender las contradicciones sociales insalvables del capital.
Ahora comenzamos a ver estas movilizaciones en Estados Unidos, que pueden quebrar una serie de prejuicios ideológicos contra el socialismo. La violación del derecho a la vivienda, a la jubilación y al trabajo va a producir una reacción, la gente va a seguir pensado en forma conservadora pero va a comenzar a actuar en forma no conservadora, y al cabo de un tiempo va a ajustar su pensamiento a la acción. Eso ya pasó en Estados Unidos, en la década de los setenta, contra la guerra en Vietnam y en la década del 30 cuando se fundó la central obrera: la CIO, sobre la base de huelgas descomunales. Esperemos que se den estas movilizaciones nuevamente. En todo caso hay que incentivarlas. Lo otro, deshojar la margarita, como hacen los democratizantes, (me quiere, no me quiere, es una crisis, no es una crisis) es simplemente derrotista.
El otro día, en Crítica, tres izquierdistas notorios, y hasta alguien que se considera catastrofista, un catastrofista como renacido, como Sartelli, se pone a deshojar la margarita sobre la crisis y divaga sobre las exportaciones e importaciones chinas, cuando asistimos a la bancarrota de franjas enormes del capital mundial. Otro, Claudio Katz, que sobre cualquier problema dice que duda, pero no en la forma de Descartes, que pretendía arribar a una conclusión (‘clara y neta'), sino para evitar alguna, cualquiera ella sea.
Jose Saramago, miembro del Partido Comunista de Portugal, acaba de denunciar a la izquierda de todo el mundo por timorata, y por no ver en la crisis mundial la oportunidad de la lucha por el socialismo. Menos mal que es Saramago, menos mal que lo dijo dos días después de nuestro artículo, porque sino íban a decir que nos copiamos de Saramago. Pero Saramago tiene razón.









