PO 1103 8/10/2009 Ciudad de Buenos Aires Enviar por correo electrónico

La policía asesinó a dos pibes en Lugano

Mucho más que un caso de gatillo fácil

Jonathan “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco tenían 17 y 25 años. Vivían en la Villa 20, en Lugano, y aparecieron muertos a tiros por la policía después de estar desaparecidos desde el 8 de julio. Ahora se sabe que los mataron el mismo día de su desaparición y que habían sido enterrados como NN en el cementerio de la Chacarita, mientras familiares y vecinos se movilizaban por su aparición.

La policía dice que los chicos fueron muertos en un enfrentamiento, pero Jonathan tiene un tiro en el cuello y Ezequiel uno en la frente y otro en la nuca, lo que habla de ejecución, de fusilamiento, antes que de tiroteo.

Ahora bien: todo indica que en esas muertes hay mucho más que otro caso de gatillo fácil.

El “Indio” y el “Percha”

Los chicos muertos eran adictos al paco, uno de los negocios de la Federal y, según dicen los vecinos, eso es especialmente cierto en la jurisdicción de la Comisaría 52ª. La policía induce a los pibes al consumo y después hace que roben por cuenta de la brigada, de la patota de calle. Es una condena a plazo fijo: “Si alguna vez trabajaste para ellos, ellos siempre están detrás tuyo”, dice un joven de la 20 (El Argentino.com, 24/9).

La madre de Jonathan explica: “Mi hijo y Ezequiel habían sido amenazados el día antes de desaparecer, el 7 (de julio), por el Indio de la brigada de la 52. Les sacó fotos. Y le dijo a ‘Kiki’: una vez sí, pero dos veces no te salvo. Yo voy a ser tu sombra. Al otro día, los chicos subieron a un remís que los dejó a tres cuadras del hospital Piñero y desaparecieron” (ídem). El “Indio” sería un tal Mario Chávez, oficial de la 52ª.

Seis meses antes de las desapariciones, el “Indio” fue a la casa de Jonathan y amenazó a la madre del chico: “Tengan cuidado porque al Kiki le va a pasar algo malo. Si no soy yo va a ser otro; si no es la comisaría, son los de abajo”.

Ladero del “Indio” –o al revés– hay otro gangster célebre en el barrio: el sargento Rubén “Percha” Solares, también de la patota de calle de la 52ª. Otro pibe, vecino de la villa, a los 16 años conoció a “Percha, “que lo obligó –mediante palizas, amenazas y persecuciones–, como a tantos otros, a trabajar de delincuente las 24 horas del día, sin más opciones que el silencio y la obediencia. En caso contrario, la cárcel o la muerte eran las únicas alternativas” (ídem).

El 2 de febrero de 2000, “Percha” Solares asesinó a tiros a un primo de Jonathan, Gabriel Omar “Pipi” Alvarez, también de la Villa 20. “Pipi” había robado un auto sin permiso –parece que no era la primera vez– y tuvo la mala suerte de toparse con Solares. A pesar de sus ruegos, el policía lo hizo arrodillar, le disparó primero en un hombro, luego en el pecho y por último en la cabeza, de modo de dibujar una cruz con los balazos. A los testigos del hecho les gritó: “Así van a quedar si abren la boca”. Por ese crimen, Solares fue sobreseído a los tres días, sin siquiera dar tiempo a los familiares del muchacho a presentarse como querellantes.

No fue el único caso de ese hombre. La abogada María del Carmen Verdú, de la Correpi, señala: “La escuela del ‘Percha’ Solares se va reproduciendo. Él estuvo procesado por los asesinatos de Marcelo Acosta y Daniel Barboza en 2002... pasó un tiempo detenido y salió en libertad”.

Por cierto, no se trata simplemente de un par de policías o, incluso, de una brigada corrupta.
La denuncia por la desaparición de Ezequiel y Jonathan entró en el Juzgado en lo Criminal de Instrucción Nº 30, Fiscalía 44, el mismo día en que ingresó, en el Juzgado 49, la causa por aquellos dos NN de las mismas edades que los desaparecidos. Nadie puede creer que no hayan cruzado los datos para identificar los cadáveres. Hubo un encubrimiento ex profeso para que pasara el tiempo y cualquier prueba del crimen se diluyera.

Intervino Missing Children, hubo una denuncia ante la Defensoría del Pueblo contra la 52ª, se pegatinó el barrio entero con las caras de los pibes, hubo marchas, cadenas de mails, los vecinos cortaron más de una vez la avenida Cruz. No hubo caso. La policía y los juzgados, imperturbables.

Hasta el 14 de septiembre, cuando Ezequiel y Jonathan aparecieron enterrados como NN, las cabezas perforadas a tiros.

Alejandro Guerrero