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Internacionales

Venezuela: Un ministro de Trabajo para estatizar a los sindicatos

L a principal de las últimas novedades políticas que llegan de Venezuela no es para nada la nacionalización de dos empresas de servicios, ni menos aún la de convertir al Banco Central en una caja de la Tesorería del Estado. Lo más importante es el nombramiento como ministro de Trabajo de José Rivero González, dirigente del sindicato del aluminio y de la Fuerza Bolivariana de los Trabajadores. Rivero, que viene de una trayectoria en el PST (morenista), es un enemigo declarado de la independencia del movimiento sindical respecto al Estado chavista y un fuerte partidario de la integración de la Unión Nacional de Trabajadores al Estado bolivariano.

La UNT surgió como alternativa a la vieja central burocrática, CTV, que no era más que un instrumento del Departamento de Estado norteamericano y un apéndice de la Acción Democrática y del pacto de reparto del poder entre los viejos partidos patronales. De las corrientes conocidas que disputan la dirección de la UNT, solamente la Corriente Clasista C-Cura reivindica la independencia de los sindicatos del Estado. La C-Cura está encabezada por Orlando Chirinos (también morenista). La FBT caracterizan a la C-Cura como “ultraizquierda” y denuncia “sus tesis de confrontación con el gobierno nacional”. Dice que “Algunos de sus integrantes asumen que el papel de Hugo Chávez ya se agotó... (y) Aspiran a convertir a la Central en un Frente Revolucionario para disputarse el poder político de la revolución”. La FBT toma como punto de partida “la identificación” sindical con “la revolución bolivariana.

El nombramiento de Rivero como ministro de Trabajo confirma la tendencia de integración al Estado de la FBT. Significa también que esta política de destrucción de la independencia de clase conquista ahora los poderosos recursos del poder político para hacer valer sus objetivos. Este es el cambio fundamental que se ha producido en Venezuela y esto plantea enormes desafíos al activismo clasista. Sería necio que, en estas condiciones, se dejarán encandilar por los anuncios de nacionalizaciones: éstas reflejan la impasse del régimen ante sus propias contradicciones, de ningún modo ofrecen una perspectiva anti-capitalista.

La integración de los sindicatos y de la UNT al Estado está en la misma línea regimentadora del planteo de partido único socialista. Ambos apuntan a eliminar al proletariado como un factor político independiente.