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Internacionales

MEXICO

Calderón va a la guerra

REPRESIÓN SALVAJE EN OAXACA

Felipe Calderón comenzó su presidencia con un hecho vergonzoso: ordenó la detención de los dirigentes de la APPO que habían llegado a la capital a una reunión acordada con la Secretaría de Gobierno. Un gabinete de guerra contra los trabajadores.

Calderón juró como presidente sin mayores inconvenientes. El anunciado intento de los parlamentarios del PRD de impedir su asunción quedó en la nada. Se limitaron a abuchearlo en un parlamento colmado de funcionarios y de servicios del “estado mayor presidencial”. No se trató, sin embargo, de pura impotencia: “Carlos Navarro, diputado del PRD, confirmó que en una reunión previa, su grupo parlamentario acordó evitar enfrentamientos (...) Los sectores moderados del PRD (...) se impusieron y evitaron un desenlace violento” (El Universal , 2/12).

A pocas cuadras, Andrés López Obrador encabezaba una manifestación de 200.000 personas. Contra los reiterados reclamos de los manifestantes, rechazó dirigirla hacia el parlamento, donde debía jurar Calderón. Planteó otro destino: la Audiencia Nacional, donde Calderón realizaría un acto después de la jura. Pero en el trayecto, se impuso un nuevo desvío y la marcha nunca llegó a destino. En la desconcentración, López Obrador reivindicó a sus diputados (que permitieron la jura pacífica de Calderón) y reiteró que su “resistencia” tendrá como escenario principal el parlamento (donde el PRD es minoría).

La campaña contra el fraude terminó en un fiasco.

Gabinete de guerra

Calderón debuta, sin embargo, como un presidente débil. Designó un gabinete derechista.

El ministro de la Gobernación fue impugnado por organizaciones de derechos humanos mexicanas e internacionales. En la Procuraduría General fue nombrado uno de los responsables del envío de los federales a Oaxaca, de las detenciones arbitrarias, y de las torturas (y antes de la masacre de San José de Atenco). Como jefe del Ejército se designó a un militar con amplia experiencia “antisubversiva”.

El gabinete económico responde a los grandes pulpos bancarios e industriales: tiene como programa la privatización de Pemex y la energía eléctrica.

En el “área social”, la designación de los ministros desató una “batalla campal” en la que se impusieron los sectores más conservadores del PAN y la curia.

Es un gabinete “represivo, tecnocrático y santurrón” (La Jornada, 30/11).

Represión en Oaxaca

La primera batalla tiene lugar en Oaxaca. El represor Ramírez “ya estaba al frente, extraoficialmente, de las fuerzas represivas el sábado 25” (La Jornada, 5/12), cuando los federales reprimieron una manifestación pacífica de la APPO, con cientos de detenidos.

Hay más de quinientos detenidos (en muchos casos sin orden de detención) y cientos de desaparecidos, incluidos menores. Sus familiares y organizaciones de derechos humanos denuncian su tortura sistemática. En el caso de las mujeres, abundan las denuncias de violaciones y abusos sexuales. Se ha librado orden de detención contra los dirigentes de las APPO, muchos de los cuales han debido esconderse e, incluso, salir de Oaxaca. En el interior del Estado, fuerzas policiales irrumpen en las escuelas deteniendo a la totalidad del plantel docente en presencia de los niños (en algunos casos, esto fue impedido por la acción decidida de los propios padres). Más de 140 presos de la APPO fueron trasladados a un penal en el norte del país; después de una semana se los mantiene incomunicados; sus abogados no fueron autorizados a verlos. Las tropas federales patrullan la ciudad, deteniendo a los “sospechosos” a los que más tarde se le fraguan ordenes de detención. La avalancha represiva hizo retroceder al movimiento.

El sábado 1º de diciembre, 5.000 manifestantes recorrieron las calles de Oaxaca en reclamo de la renuncia del gobernador Ulises Ruiz. Fue una movilización corajuda en una ciudad ocupada. La libertad de los presos, la aparición de los desaparecidos, el cese de la persecución contra los maestros y los miembros de la APPO, el retiro de las tropas federales de Oaxaca, son una bandera democrática nacional e internacional contra el gobierno represor de Calderón.

Balance político

El fracaso de López Obrador ha dado nueva audiencia al zapatismo. “Calderón no va a terminar su sexenio; lo vamos a derrocar”, declaró el subcomandante Marcos poco antes de la asunción (La Jornada, 1/12).

¿Dónde estuvo el zapatismo los últimos seis meses?

Se declaró “neutral” en la lucha contra el fraude, con el argumento de que “no votamos por López Obrador”. Pero no se trataba de apoyar la dirección política de López Obrador sino de defender la voluntad popular y, por sobre todo, desarrollar una movilización potencialmente revolucionaria.

Tanto o más grave fue su abstención en Oaxaca. Recién en octubre, después de la llegada de las tropas federales, el zapatismo realizó algunos cortes de ruta en Chiapas en apoyo a la movilización oaxaqueña. Hasta entonces, se había limitado a “observar para aprender”.

El escritor mexicano Paco Taibo, biógrafo de Pancho Villa y simpatizante zapatista, reconoce que “El zapatismo cometió un grave error al no percibir la fuerza y la potencia de este movimiento social (contra el fraude) y marginarse. Marcos debió haber estado en los campamentos y no estuvo (...) Pero también la lentitud para apoyar a Oaxaca por parte de los zapatistas ha sido terrible” (Rebelión, 29/11).

El zapatismo estuvo ausente de la lucha política en los últimos seis meses.

Luis Oviedo