29 de octubre de 2015 | #1387 | Por Tania

Peronista, marxista y un poco trotskista

Empecé a militar a los 12 años en el peronismo, en el barrio de Fiorito, como hija de una de las referentes de la zona. Es un barrio con muchísimas necesidades y los vecinos nos organizamos por cloacas, agua, etc. Sin entender mucho, comencé con talleres de género, de murga y lecturas de Cooke y Chomsky.
 
Ya a los 14 comencé a notar que lo que hacíamos en el territorio no era importante. Que lo importante era cuánta gente juntábamos para las marchas. Yo me preguntaba: ¿a quién le estamos mostrando fuerza? Esto se fue haciendo cada vez más evidente, hasta que un día toda nuestra regional se integró al Movimiento Evita.
 
Fue un golpe muy duro. No estábamos preparados para ese cambio. Los vecinos nos cuestionaban el cambio y muchos compañeros dejaron de militar. Nuestros referentes se transformaron en funcionarios. De un día para el otro, pasaban de un Fiat 600 a un hermoso 0 kilómetro.
 
La regional comenzó a entrar en crisis, a desorganizarse y muchas de las luchas planteadas terminaron en grandes derrotas que desmoralizaban todavía más. Finalmente, resolví terminar mi vínculo con el Evita y seguir colaborando en un bachillerato popular. Mi abuela me hablaba de Evita y el peronismo fue mi primer acercamiento al pueblo. El peronismo conceptualizó un conjunto de sensaciones y canalizó muchas cosas que siento. Las necesidades ajenas como propias cobraron sentido. La necesidad de entender para poder cambiar las cosas. Para mí, la idea del Estado sirviendo a los trabajadores era una idea revolucionaria.
 
Es difícil para mí hoy explicar qué es el peronismo, porque estoy aprendiendo a entenderlo desde otro lugar. Hoy que he conocido al Partido Obrero, entiendo que una alianza de clases entre los trabajadores y los capitalistas es una contradicción. Uno puede entender al peronismo con los medios que el propio peronismo te da para entenderlo, como una idea romántica, y hasta ideal. Pero cuando uno lo entiende desde el marxismo, se rompe con una idea de endiosamiento. Cuando se ve desde una visión crítica, se comprende que el peronismo es parte de la historia del movimiento obrero argentino y mundial. Que quizás el movimiento obrero no estuvo preparado y que en el '55 Perón actuó, en esa contradicción de clases, a favor de la burguesía y no de los trabajadores, a diferencia de la revolución en Cuba que se defendió con el pueblo en armas.
 
El kirchnerismo representa esta contradicción, esa alianza del movimiento obrero con sus opresores. Pienso que el movimiento obrero necesita una representación propia. Creo que es algo complejo y que es necesario estudiarlo. Pero creo que soy clara: en octubre voy a votar al Frente de Izquierda y no a Scioli.
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