29 de octubre de 2015 | #1387 | Por Daniel Blanco

Tucumán: resultados y perspectivas

Los resultados de las elecciones nacionales en Tucumán no dejaron de reflejar, aunque parcial y deformadamente, la crisis e irrupción popular que se produjo después de las elecciones provinciales del 23 de agosto, denunciando el fraude que terminó consagrando a Manzur como nuevo gobernador.
Si se contrastan los resultados con las Paso, el FpV ganó la elección pero retrocediendo en los votos. Este retroceso fue más acentuado en las candidaturas a diputados y senadores.
 
Esa caída fue capitalizada por el macrismo-UCR, y en menor medida por el massismo.
 
Recientemente, diversos hechos mostraron una creciente crisis en la camarilla gubernamental. Alperovich hizo varios intentos por digitar el futuro gabinete de Manzur, pero éste ha tomado distancias y desplazó a varios funcionarios que estuvieron vinculados con el gobierno alperovichista. Un reciente intento de copar la presidencia del Concejo de la capital por parte del bloque de concejales de Alperovich resultó un fracaso, cuando uno de esos concejales se dio vuelta y dio mayoría al bloque del nuevo intendente Alfaro, quien responde al sector justicialista de Domingo Amaya, actual intendente y ex compañero de fórmula del radical José Cano. Estos elementos de división y disgregación se reproducen en los municipios y en el aparato punteril en los barrios y el interior.
 
En el campo opositor, y aunque la alianza macrista-radical capitalizó el descontento popular que se expresó en las puebladas contra el fraude, lo hizo en condiciones de virtual desaparición en términos de coalición política; prácticamente ha desaparecido. El sector de Amaya no contaba con candidatos en las listas de Cambiemos e hicieron campaña por Massa e incluso por Scioli. En el seno de la UCR, la lucha de camarillas es muy intensa. La nueva Legislatura estará representada por varios bloques.
 
El FIT obtuvo resultados contradictorios. A nivel presidencial se retrocedió de 17.400 a 16.500 votos respecto de las Paso. Pero a nivel de las candidaturas locales se pasó de 19.500 a 25.400 en diputados, lo que representa un 3,22%. Este porcentaje es más elevado en la capital que casi promedió el 5%; en Tafí Viejo con el 4,5% o Yerba Buena con 4,3%.
 
Esta votación puso de relieve el fraude en la elección provincial. Los resultados de la elección nacional en la capital nos hubieran permitido consagrar dos legisladores en la provincial.
 
Con todo, la votación del Frente de Izquierda -como toda su campaña- encerró una gran contradicción y grandes limitaciones. La política abstencionista del PTS en relación con la lucha contra el fraude, la ausencia de Del Caño en todo ese proceso y que las listas locales estuvieran encabezadas por ese partido, en contraste con el papel que jugó el Partido Obrero y varios de sus dirigentes, terminó desdibujando al FIT como referencia política.
 
La elección tucumana no ha dejado de iluminar la enorme crisis política que se ha vivido, la debilidad con la que emerge el nuevo gobierno provincial, la fragilidad de la oposición y las grandes posibilidades de desarrollo del Frente de Izquierda, a condición de que sepa actuar y se ponga a la cabeza de los procesos de lucha de las masas contra las políticas de ajuste y atropellos del gobierno y las patronales.
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