29 de diciembre de 2016 | #1443 | Por Julián Asiner presidente de la Fuba

Fuba, quince años de lucha

Una escuela de política revolucionaria
El miércoles 28 de diciembre se cumplieron quince años de la principal conquista del movimiento estudiantil argentino en este período: la recuperación de la Federación Universitaria de Buenos Aires. Con un emotivo brindis en la Facultad de Ciencias Veterinarias, la UJS fue la única corriente estudiantil que celebró estos quince años de Fuba independiente y de lucha. ¿Por qué solo la juventud del Partido Obrero reivindica esta historia? Fueron muchas las agrupaciones y partidos de izquierda que participaron de las conducciones de la Fuba. Pero todas lo hicieron circunstancialmente, durante algunos años, para luego retirarse. El corazón de la experiencia de la Fuba -su independencia política respecto de autoridades y gobiernos de turno- fue una línea cuya defensa y continuidad corrió bajo responsabilidad de la UJS. Desde 2001 hasta hoy, defendimos la independencia de la Fuba a través de grandes luchas y crisis políticas que cruzaron a las distintas direcciones de la Federación. En este proceso, la UJS forjó a varias generaciones de cuadros y militantes revolucionarios, muchos de los cuales se hicieron presentes en el brindis de Veterinarias.
 
¿Independiente o piquetera?
 
Dominada por Franja Morada -la juventud universitaria de la UCR- desde el retorno de la democracia, la Fuba era un aparato aliado a los rectores y gobiernos, soporte fundamental de las políticas privatistas contra la educación. En las movilizaciones educativas de masas contra el menemismo una vanguardia importante de estudiantes sacó la conclusión de que Franja terminaría entregando la lucha y favoreciendo la aprobación de la Ley de Educación Superior dictada por el Banco Mundial. Para zafar de este retroceso, la Franja Morada apeló al salvataje de la centroizquierda y comenzó a presentarse como Alianza, en sintonía con la orientación nacional de la UCR. Este recurso provisional se vino abajo ante la bancarrota de 2001, que se llevó puesto a De la Rúa y al gobierno aliancista. Los dirigentes de Franja Morada quedaron implicados en el apoyo al gobierno ajustador de López Murphy-Cavallo-De la Rúa y fueron deschavados incluso en su faceta delictiva, a partir del desvío de fondos asignados a los planes “Trabajar”.
 
Anticipando lo que sería el 19 y 20 de diciembre, en las elecciones de los centros de estudiantes realizadas entre septiembre y noviembre de 2001, las agrupaciones de izquierda pegaron saltos significativos en detrimento de la Franja Morada-Alianza, que estaba en caída libre. Los delegados electos por estas agrupaciones de izquierda conformaban una mayoría, por primera vez desde 1983, superando por mucho los delegados del radicalismo. Para el Congreso previsto para el 28 de diciembre se puso en pie el Frente “20 de diciembre”, que logró hacerse de la dirección de la Fuba.
 
La constelación de agrupaciones que integraba el Frente “20 de diciembre” estaba encabezada por las agrupaciones autodenominadas “independientes” (TNT, NBI, etc.), que, por su cantidad de delegados, representaban la primera minoría del Frente. Estos reivindicaban el autonomismo, una ideología que hace gala de la ausencia de un programa y principios claro, y denosta a todos los partidos políticos por igual, sin importar que éstos sean revolucionarios o defensores de los intereses capitalistas. La UJS, que había ganado la conducción del centro de Psicología con el EPA!, ocupó en esa primera conducción un lugar en la vicepresidencia, en parte porque otros partidos de izquierda con más delegados, como el PCR, rechazaron ser parte de la lista que desplazó a Franja Morada. La misma actitud asumió el PTS, que batiría todos los récords al automarginarse de la experiencia de la Fuba desde 2001 hasta el presente. Decidimos integrarnos como minoría a partir de la caracterización de que se trataba de un paso adelante del movimiento estudiantil, que planteaba nuevas delimitaciones en un terreno más avanzado.
 
Nuestra caracterización inicial de la conducción de la Fuba mostraba esta característica contradictoria. A sólo días del triunfo señalamos: “El frente, si bien es una expresión de la nueva situación política, lo es en su forma más limitada y distorsionada, ya que los frenapistas (en referencia al Frente Nacional contra la Pobreza, impulsado por la CTA), que son la mayoría, le han dado la espalda al proceso revolucionario abierto en la Argentina. El frente ganador carece, como tal, de un planteamiento estratégico. La conformación de la lista siguió un método oportunista, pues se realizó sin debate político a pesar del alcance histórico de los acontecimientos de las últimas semanas. A todas luces se puede ver que el futuro de esta nueva dirección está más que condicionado” (Gabriel Solano, PO N° 726).
 
El primer choque al interior del Frente “20 de diciembre” se produjo a la hora de anunciar en conferencia de prensa el triunfo sobre Franja Morada. Las agrupaciones autonomistas querían bautizar a la Fuba como “independiente”, mientras que la UJS proponía el nombre de “piquetera”. La diferencia no era menor: en oposición a una pretendida “independencia” de las fuerzas en pugna, la UJS apuntaba a unir al movimiento estudiantil con el movimiento piquetero, que peleaba en las calles por una salida obrera y popular a la crisis del país. Finalmente, se llegó a un acuerdo precario para no poner ningún adjetivo a la nueva Fuba, lo que no sería respetado por los “independientes”.
 
Con la llegada al gobierno de Duhalde, las divergencias se agigantaron. Iván Heyn, presidente de la Fuba por ese entonces (falleció en 2011, en Montevideo, en un congreso al que había concurrido como funcionario del gobierno de Cristina Kirchner), concurrió junto a Axel Kicillof -otro joven “autonomista”- a las “mesas de concertación” que Duhalde había formado junto al cardenal Bergoglio, la FTV de D’Elía y la CCC. Esta temprana cooptación de los “independientes” precedió al kirchnerismo y fue rechazada por el resto de las fuerzas de la Fuba. Meses más tarde, los “independientes” se retirarían de la conducción de la Federación. Su “autonomismo” sin programa ni principios no estaba a gusto en una organización de lucha; sí, en cambio, encontraron comodidad en la dirección de La Cámpora muchos años después, que los catapultó a posiciones de peso en el Estado capitalista, donde terminaron pactando con el Club de París y firmando acuerdos secretos con Chevron.
 
La lucha por la democratización y el conflicto agrario
 
Sin lugar a dudas, la Fuba tuvo uno de sus capítulos más notables en la lucha realizada en 2006 que se popularizó con el planteo de la “democratización” de la UBA. Desde la Reforma de 1918 no se había realizado en el país una lucha cuyo eje fuera la transformación de la universidad y de su propio gobierno. La UJS encabezó esa pelea como una lucha contra el “régimen reaccionario” que dirigía la UBA, compuesto por camarillas profesorales minoritarias aliadas a los monopolios capitalistas y los gobiernos de turno. Hicimos un cuestionamiento de fondo a la estructura de la universidad y los intereses que prohijaba. Las otras corrientes, que para ese entonces conducían la Fuba -el MST y el PCR-, por el contrario, limitaron, desde el principio, la crítica a la candidatura a rector de un ex funcionario de la dictadura -el fallecido profesor de Derecho, Atilio Alterini-, dejando abierta la posibilidad de acuerdos con el sector de decanos autodenominado “progresista”. Durante la primera fase de la lucha, la divergencia estratégica planteada al interior de la Fuba quedaba relativamente soterrada, porque en su fase práctica significaba tirar abajo la candidatura de Alterini. Pero, ni bien éste debió renunciar a sus aspiraciones por el tenor alcanzado por la movilización, estas divergencias pasaron a ocupar el centro de la escena. Esto ocurrió cuando la dirección de la Fuba fue convocada para apoyar a otro aspirante -el también fallecido ex decano de Medicina, Alfredo Buzzi. Dos de las tres presidencias de la Fuba (el MST y el PCR) aceptaron el convite y comprometieron su apoyo a cambio de algunas becas estudiantiles. Pero la campaña por abajo que realizó la UJS, en cada asamblea de base, bloqueó esa posibilidad y obligó a llevar a la crisis hasta el final. La lucha por la democratización chocaría, entonces, con la represión directa del gobierno de Néstor Kirchner, que cedió las instalaciones del Congreso y llamó a la Policía Federal contra los estudiantes -con el apoyo, sí, de los decanos “progresistas” que se acoplaron al rectorado de Rubén Hallú. 
 
Las contradicciones al interior de la dirección de la Fuba terminarían de hacer eclosión tiempo después, cuando las mismas agrupaciones pro-decanos apoyaron a la burguesía agraria en el conflicto entre el llamado “campo” y el gobierno de CFK. La UJS convocó, entonces, a un Congreso Extraordinario de la Fuba, donde más de 1.000 estudiantes votaron una posición “independiente” de la Federación. Lejos de implicar la prescindencia de 2001/2002, esta “independencia” apuntaba una lucha a fondo contra ambos bandos capitalistas. El período 2006-2008 implicó un salto en el desarrollo de la UJS, que ganó autoridad y militancia al convertirse en el gran dique de defensa de la integridad de la principal organización estudiantil del país. Las elecciones de los centros realizadas a final de 2008 arrojarían un crecimiento de la UJS y un retroceso de la izquierda colaboracionista.
 
Kirchnerismo(s)
 
El resultado de este proceso llevó a que, en 2009, la Fuba fuera dirigida por una única presidencia de la UJS. No era nuestra voluntad: La Mella, que ya había ganado el Centro de Sociales y defendido, a su modo, una posición independiente en el conflicto agrario, nos votó pero no quiso integrar la conducción. Era una forma de evitar pagar el costo de un eventual retorno de Franja Morada y, al mismo tiempo, dejar establecida su hostilidad a la UJS, apostando al fracaso de la construcción revolucionaria del Partido Obrero en la Fuba. La jugada no les salió bien y al año siguiente debieron aceptar acoplarse a la conducción de una Federación que se había convertido en una referencia insoslayable, tanto adentro como afuera de la universidad. Para nosotros, el frente único con los chavistas de la UBA era la forma de abordar la clarificación de las divergencias estratégicas existentes en el marco de una acción común, que potenciara la lucha contra los agentes de los partidos capitalistas en el movimiento estudiantil.
 
La copresidencia con La Mella, que se sostiene desde 2010, implicó una lucha política abierta y sistemática para superar la tendencia a la capitulación frente al kirchnerismo, al carrerismo y a la asimilación al régimen de camarillas imperante. La UJS evitó en la Fuba lo que La Mella logró en la FULP: entregar una federación recuperada a manos de La Cámpora y el PJ. La reciente convocatoria de la Junta Representativa a la marcha del 20 de diciembre junto al clasismo, combatiendo la tregua de la CGT y de las organizaciones sociales alineadas con el Papa Francisco, es un ejemplo más de esta pelea. En los últimos congresos de la Federación hicimos una propuesta para llevar esta delimitación hasta el final: reclamamos un acuerdo técnico a La Cámpora y el kirchnerismo, para derrotar en común al radical-macrismo de Franja Morada y que cada fuerza ocupe en la Fuba el lugar que le corresponde de acuerdo a su proporción de delegados. La Mella y los K rechazaron este acuerdo, a sabiendas que aseguraba la continuidad de una conducción de izquierda. Luego serían derrotados por nosotros en los centros de estudiantes de Filosofía y Farmacia.
 
Perspectivas
 
La experiencia de estos quince años de Fuba ha sido el escenario de luchas políticas enormes por defender la independencia política del movimiento estudiantil y rechazar la cooptación de los ‘nacionales y populares’. Esta tarea requirió de una dirección revolucionaria, claramente identificada con las banderas del socialismo y el gobierno de los trabajadores. En cambio, el resto de los grupos políticos que ocasionalmente participaron de la dirección de la Fuba sucumbieron ante la cooptación tanto del kirchnerismo como de las camarillas universitarias. Bajo la dirección de la UJS, la Fuba traspasó los muros de la universidad para participar activamente en la lucha de juventud trabajadora y de toda la clase obrera. La adaptación al régimen y el seguidismo al nacionalismo burgués, tanto ayer como hoy, es garantía de fracaso y entrega de las conquistas estudiantiles. Frente al escenario de la bancarrota capitalista que golpea a América Latina y a nuestro país, la perspectiva que tiene la Fuba no es otra que expandirse, recuperando los centros y federaciones estudiantiles para una lucha sin tregua contra el Estado y los representantes del capital. Quince años de la Fuba enseñan que la juventud tiene futuro en la lucha, junto a la clase obrera.
 
 
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