29 de diciembre de 2016 | #1443 | Por Christian Rath (Informes de Carola Sarubbi y Silvia Jayo)

Chubut: el convenio petrolero es un ataque a todo el movimiento obrero

La burocracia pacta la entrega del 40% del salario
El Sindicato del Petróleo y del Gas Privado de Chubut firmó, el 21 de diciembre, un acuerdo laboral para los trabajadores de YPF y sus contratistas, que establece una rebaja del 40% del salario.
 
El secretario general del sindicato que ha firmado este acuerdo se llama Jorge “Loma” Avila, revistó entre los sindicalistas afines al gobierno de CFK y hoy actúa en tándem con el hombre de Moyano en este gremio, Guillermo Pereyra, titular del sindicato de Río Negro y Neuquén, que poco tiempo antes firmó el convenio petrolero de Vaca Muerta, a semejanza de éste, pero sin proponer una baja del salario, un convenio que fuera rabiosamente elogiado por el conjunto del empresariado.
 
El acuerdo suscripto por “Loma” Avila establece que, a partir de enero de este año y hasta julio de 2017 se cambiará el régimen de trabajo de los trabajadores que presten servicios en área operadas por YPF (incluye a las contratistas, como San Antonio Internacional). A los que hacen turnos de dos días de trabajo por uno franco (48x24), se les quitarán siete días del salario -tendrán 14 días de trabajo, siete de franco y siete de suspensión sin goce de sueldo. A los que trabajan 24x24, se les quitarán diez días de salario -tendrán 10 días de permanencia, 10 de franco y 10 estarán suspendidos sin salario.
 
Esta reducción resulta, como mínimo de un 40%, porque las jornadas laborables serán de lunes a viernes.
 
El acuerdo establece la paralización de todos los equipos de torre de YPF (perforación, workover y pulling) durante enero. En ese período, los trabajadores tendrán vacaciones forzosas y francos compensatorios. Cobrarán, como máximo, un salario de 22.000 pesos en lugar del ingreso que les correspondería por convenio. Un salario, además, de pobreza, porque la canasta familiar patagónica está por encima de los 30.000 pesos.
 
Los trabajadores que se ocupan en estas tareas de perforación, reparación de pozos y aumento de producción (workover) de recuperación de piezas dentro del pozo (pulling), son la gran mayoría de los petroleros.
 
Desde febrero y hasta julio 2017, YPF comprometió que retomarán la actividad los equipos que hoy están operando. Estos sólo serían 50, por lo que no habría vuelta atrás con los 33 equipos que fueron bajados por la compañía en el último tiempo (El Patagónico, 1°/12).
 
El acuerdo fue firmado también por José Llugar, del sindicato de Jerárquicos. Para cubrirse las espaldas, a sabiendas de que el acuerdo sería unánimemente repudiado por el movimiento obrero, el secretario del Sindicato de Camioneros, Jorge Taboada, que tiene a miles de trabajadores ligados a esta actividad, cuestionó el acuerdo… ¡en twitter!
 
El gobernador de Chubut, Mario Das Neves, bendijo el acuerdo, junto al conjunto de operadoras y contratistas petroleras. Sobresale, entre éstas, Pan American Energy (PAE) cuyo accionista principal es Bulgheroni, beneficiario del acuerdo delictivo que le entregó la concesión de Cerro Dragón durante cuarenta años bajo el gobierno de Néstor Kirchner.
 
Una puesta en escena
 
El acuerdo reveló que la marcha del 13 de diciembre -día feriado para los petroleros, por ser el Día del Petróleo- orquestada por las burocracias que acaban de firmar esta infamia, fue una puesta en escena. Sembraron miedo anunciando el probable despido de 1.600 compañeros, preparando el clima para la firma del acuerdo. En ese acto orquestado hizo uso de la palabra el vicegobernador de Chubut, que trajo a colación y exaltó el apoyo de Massa, al tiempo que desenvolvió el libreto de las patronales extractivas, exigiendo el barril criollo (precio interno del crudo superior al internacional).
 
La burocracia esgrime la defensa del empleo como argumento, pero en el acuerdo firmado no existe una sola cláusula que plantee que no habrá despidos hasta el fin del acuerdo, dentro de seis meses. Ni una palabra, tampoco, de los que fueron cesanteados.
 
Fuera los convenios de Chubut y Vaca Muerta
 
Luego que la burocracia de Pereyra firmara un acta, válida para los petroleros de Río Negro y Neuquén, aceptando las jubilaciones forzosas, los traslados forzosos, la multifunción, la rebaja de la cantidad de operarios por equipo entre otras pérdidas de conquistas, las patronales le exigen ahora que siga “el camino de Chubut". “Si el gremio rebaja algunas exigencias… como el pago de horas extras, de la inactividad cuando el viento supera ciertos límites, Macri promete que la creación de empleo compensará la disminución del salario” (Clarín, 20/11). O que dejen de estar en el convenio petrolero los trabajadores que las patronales consideran “periféricos” como los enfermeros y vigiladores, así como aquellos que operan en montaje y desmontaje de mantas, que las patronales exigen que sean tercerizados (El Cronista, 26/12).
 
Es decir, lo de Chubut es una advertencia de conjunto: la burocracia puede aceptar la rebaja del salario, como parte de su política de entrega.
 
La anulación de los convenios firmados por la burocracia petrolera debe convertirse en consigna de todo el movimiento obrero en lucha, no sólo el petrolero.
 
Defensa irrestricta de las conquistas obreras. Reparto de las horas de trabajo. Ningún despido. Ocupación de los lugares donde se despida o suspenda.
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