9 de febrero de 2017 | #1446 | Por Gabriel Solano

[EDITORIAL] Lo que está en juego

La ocupación de la planta de AGR-Clarín golpea en el centro de la situación política del país que se caracteriza por una ofensiva capitalista en regla contra la clase obrera. Toda la agenda del gobierno va en esa dirección: el decretazo de modificación del régimen de las ART para bajar los costos laborales a costa de la salud y la vida de los trabajadores; la campaña para terminar con los convenios colectivos de trabajo y avanzar en una mayor flexibilización laboral; las paritarias con un techo del 18% tanto para el Estado como para los trabajadores del sector privado; el crecimiento de los despidos, con la anuencia del Ministerio de Trabajo; el reaccionario decreto contra los trabajadores inmigrantes y los tarifazos, que superan todas las previsiones originales, generando una mayor desvalorización del salario por su impacto inflacionario directo e indirecto.
 
El macrismo adoptó este rumbo antiobrero como resultado del fracaso de la política seguida hasta el momento. El llamado ‘gradualismo’ aplicado en el primer año de gobierno profundizó todas las contradicciones económicas, agravándose la recesión, la caída de la producción, la construcción y las ventas. El 2017 comenzó de igual forma, con un retroceso del consumo del 10% y con un enero que fue el segundo peor mes para la construcción en los últimos 6 años. Mientras muchos pensaban que el año electoral tornaría imposible una etapa de mayor ajuste, el gobierno ha decidido tomar el rumbo de Menem, que ganó las primeras elecciones que enfrentó después de propinarle a los trabajadores una derrota de envergadura. Las elecciones no son el reflejo de la libre opinión de la ciudadanía, sino de las relaciones de fuerza establecidas entre las clases sociales.
 
La oposición
 
La ofensiva antiobrera también es un recurso del gobierno para sacarle base de sustentación a la oposición patronal de los Massa, Pichetto y compañía. Las divergencias entre los sectores capitalistas se dejan de lado cuando se trata de establecer la relación del Estado y el capital con la clase obrera. La UIA puede protestar por el crecimiento de las importaciones o el atraso cambiario, pero aplaude entusiasta la campaña contra los convenios colectivos, la modificación del régimen de las ART o el techo a las paritarias. Se acaba de formar una gran coalición de gobernadores, que reúne a macristas, radicales y peronistas, para imponerle a los docentes una paritaria del 18% en cuatro cuotas. Los pocos gobernadores que hicieron reclamos fue para pedirle fondos a la Nación, aclarando que de no tener ayuda siquiera pagarán ese miserable porcentaje.
 
No es casual que toda esta oposición asista en silencio a ocupaciones como la de los obreros de AGR-Clarín, o se pase directamente a la vereda de enfrente de los docentes que reclaman un aumento salarial que recupere lo perdido por la inflación. Esto vale también para el kirchnerismo, que en Santa Cruz ha implementado durante 2016 la paritaria más baja de todo el país. La borrada de los K en la lucha de AGR-Clarín también es clarificadora. Sus choques con Magnetto tuvieron una naturaleza capitalista, vinculados a la distribución del negocio de las telecomunicaciones y de la industria audiovisual. Chocaron con Magnetto mientras reforzaban sus lazos con las telefónicas. En cambio, cuando el choque con Clarín es protagonizado por sus obreros, el kirchnerismo desaparece de escena.
 
La CGT
 
El crecimiento de los despidos y la pretensión de imponer paritarias a la baja, por un lado, y las luchas que han comenzado desde las filas de la clase obrera, han obligado a la CGT a modificar la hoja de ruta que se había trazado desde su unificación. La convocatoria a una movilización para el 7 de marzo y el anuncio de un paro sin fecha son, antes que nada, la confesión del fracaso de la política de pactos y compromisos con el gobierno y las patronales. La CGT ni siquiera hizo cumplir el pago del bono de fin de año, mientras las patronales aprovecharon la tregua para avanzar en despidos y suspensiones. Los propios números dados por la CGT son pavorosos: 400.000 despidos en lo que va del macrismo. Claro que no explican qué hicieron para evitarlos.
 
El cambio de hoja de ruta, sin embargo, no entraña un cambio político. La movilización del 7, limitada a los gremios
industriales, se hará sobre la base de un programa de unidad con las patronales que despiden, para quienes la burocracia sindical reclamará mayores subsidios o el cierre de importaciones para que puedan incrementar los precios internos. La burocracia ya anticipó que está dispuesta a que los obreros pongan su parte, admitiendo una revisión de las conquistas plasmadas en los convenios colectivos. El paro, por su lado, no pasa de una amenaza, cuya concreción estará sometida a todo tipo de maniobras y negociaciones, sobre las que los trabajadores no tendrán el menor control. El anuncio del paro, mientras tanto, ha unido a todas las alas de la burocracia en una política de aislamiento a las luchas libradas por las comisiones internas combativas.
 
La campaña votada en el plenario obrero de AGR-Clarín para que el paro se realice de inmediato (ver la carta de los trabajadores de AGR) apunta a desmontar esta maniobra, reagrupando fuerzas con pronunciamientos y asambleas.
 
El ala kirchnerista de la burocracia sindical, encarnada en la Corriente Federal, es parte activa de esta política. La Federación Gráfica se ha borrado de la lucha de AGR-Clarín, siendo que es el taller más importante del gremio, porque cierra filas con el resto de la patronal que busca compensaciones por la importación de libros y porque participa de la tercerización y carnereaje de las revistas de Clarín. La Bancaria ha demorado casi dos semanas en convocar a asambleas, luego de la liquidación de la paritaria que ya había suscripto con las patronales. El seguidismo de la burocracia K al triunvirato de la CGT reproduce el seguidismo del kirchnerismo al PJ de los Pichetto, Abal Medina, Manzur y cia. con los que Cristina Kirchner quiere armar listas electorales conjuntas. Abal Medina impidió, en la Bicameral, el rechazo al decreto de necesidad y urgencia sobre riesgos de trabajo; evitó así un golpe al gobierno.
 
Lucha y política
 
Para la izquierda que se reclama obrera y socialista las luchas en curso adquieren una importancia política nodal. La consolidación del macrismo como gobierno se juega en su capacidad de imponerles a los trabajadores una derrota decisiva que implique un retroceso generalizado de sus condiciones de vida y trabajo. La reconfiguración de la relación entre el capital y el trabajo estuvo también en la mesa de negociación de Temer y Macri, ambos empeñados en agravar la competencia entre los trabajadores del Mercosur para que cedan bajo chantaje sus conquistas históricas.
 
El peronismo-kirchnerismo y la burocracia de la CGT realizan el trabajo pérfido de ser cómplices del ajuste mientras convocan movilizaciones limitadas para las próximas semanas, con el objetivo de descomprimir la presión popular y fingir una oposición que no es tal.
 
Para el Frente de Izquierda se presenta el desafío enorme de participar activamente de esta lucha, ya no sólo apoyando las acciones llevadas adelante por los trabajadores. Como señalamos en el acto de Atlanta ante 20.000 compañeros, esta acción requiere de una movilización política del Frente de Izquierda, con el método del frente único de trabajadores. Llamamos a los partidos del FIT a una campaña política común para defender las luchas en curso y preparar por medio de la agitación y la propaganda las que se irán gestando contra la ofensiva capitalista.
 
 
Foto: Javier Entrerriano
Tags: agr-clarin, reforma-art, frente-de-izquierda-y-de-los-trabajadores, macri, kirchnerismo, massa, tarifazo

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Gabriel Solano

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