16 de marzo de 2017 | #1450 | Por Gabriel Solano

PTS: electoralismo 2.0

El lanzamiento unilateral de las candidaturas del PTS ha generado un creciente rechazo en la militancia del FIT y de la izquierda en general. No sólo porque el ultimátum vino de la mano de un embellecimiento de las Paso, que son un instrumento para la penetración del Estado en los partidos políticos. Es que sumado a esto y en un solo acto el PTS sacó a relucir dos tendencias profundamente negativas: una disposición indisimuladamente divisionista del propio Frente de Izquierda y electoralera en grado avanzado. A sólo unas pocas cuadras del coqueto hotel donde se realizaba el anuncio, el movimiento piquetero protagonizaba un acampe masivo que sacudía al país y a la opinión pública, lo que pasó desapercibido para los proclamados candidatos. Su intención de atraer la atención mediática tampoco resultó, pues los programas televisivos prefirieron invitar a los protagonistas de las luchas obreras y populares que enfrentan el ajuste en curso.
 
Pero el problema no fue de timing publicitario sino de estrategia política. Sucede que días antes de que se consumara el lanzamiento unilateral de candidaturas, el PTS había rechazado, en una reunión de la Mesa Nacional del FIT, nuestra propuesta de convocar un congreso del movimiento obrero y la izquierda para intervenir en las luchas del momento, pelear por llevarlas al triunfo y desarrollar en ese cuadro una acción política unificada que incluya naturalmente a la propia cuestión electoral. Esta propuesta, que el PO desarrolló extensamente en su Manifiesto Político, había sido girada a los partidos del FIT desde hace un par de semanas sin merecer respuesta alguna del PTS. Este silencio ensordecedor era toda una línea política. Mientras la irrupción de los trabajadores reclamaba y reclama del FIT una acción unificada en todos los terrenos (de lucha reivindi-cativa y política), el PTS decidió comenzar una larga campaña faccional que coloca el eje en el internismo contra los partidos aliados. Semejante despiste no lo arregla un GPS, sino un curso acelerado de política revolucionaria.
 
Si había dudas de que el afán electoralista es hermano siamés del carrerismo, el PTS se encargó otra vez de corroborarlo. Es que su lanzamiento unilateral vino con yapa. Nos referimos a la candidatura de Nicolás Del Caño en la provincia de Buenos Aires, lo que conlleva ni más menos que su renuncia a pelear por la renovación de la banca de diputado de Mendoza conquistada en 2013 junto a Soledad Sosa. La mudanza precipitada no fue motivada por una necesidad del FIT, ya que en el distrito bonaerense éste tiene voceros políticos y parlamentarios de creciente reconocimiento popular. ¿Qué motivó, entonces, semejante deserción? Simple: en la provincia de Buenos Aires se eligen 35 diputados y en Mendoza, cinco. Y el PTS ha decidido colocar el domicilio de Del Caño en función, las chances de acceso a una banca. Para quien hizo campaña con eje en la denuncia de la “casta política” es un hecho clarificador. Nunca tan cierto aquello de “dime de qué te jactas y diré de qué adoleces”.
 
Este combo mortal de divisionismo-electoralismo-carrerismo vino de la mano de un retroceso ideológico profundo. En la reunión de la Mesa Nacional del FIT, el PTS afirmó que las polémicas desarrolladas en el Frente de Izquierda mostrarían la decisión de nuestro partido de resolver el armado de las listas en las Paso, a pesar del daño que esto podría implicar al FIT y, sobre todo, porque sustituyen la acción unificada en la lucha político-reivindicativa por una disputa internista. Obviamente, rechazamos este planteo sin miramientos. La izquierda debe distinguirse de la política capitalista no sólo por su programa sino también por sus métodos. La polémica política abierta es un medio insustituible para la elevación de la conciencia de clase de los trabajadores. El secretismo debemos dejárselo a los Macri, Pichetto o Massa. Por nuestra parte, sostenemos que nuestras críticas a la ruptura al acto del 1° de Mayo de 2016 para desarrollar una acción afín al gobierno de Dilma Rousseff, el abordaje de la cuestión de la mujer como un tema ajeno a la lucha de clases, el pedido de un cupo femenino en el Parlamento junto con las mujeres de la clase capitalista o el haberse amparado en la acciones represivas del macrismo para participar en marchas y movilizaciones reivindicatorias de personeros del kirchnerismo y la estatización del movimiento popular, contribuyen a formar una conciencia y un programa de la clase obrera. Pero a partir de este método de clarificación de los acuerdos y las divergencias planteamos una acción unificada del Frente de Izquierda contra los partidos capitalistas.
 
Nuestro rechazo a este lanzamiento unilateral está fundado en la defensa de un método y una estrategia política: la necesidad de un frente único de lucha en todos los terrenos contra el gobierno, los partidos del ajuste, las patronales y la burocracia sindical, al servicio de lo cual debe estar la participación electoral con listas comunes. Nuestra propuesta de un congreso del movimiento obrero y la Izquierda persigue este objetivo político. La militancia de la izquierda debe tomar la palabra y defender el curso político que abrió el Frente de Izquierda.
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Gabriel Solano

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