16 de marzo de 2017 | #1450 | Por Marcelo Ramal

[EDITORIAL] Un sismo en los sindicatos

Los reiterados pronósticos de los gúrues oficiales sobre el repunte económico que está “a punto de llegar” volvieron a recibir un cachetazo: el consumo popular en febrero cayó un 6,6%, sin que existan mayores expectativas de una recuperación en los próximos meses. Detrás del tobogán del consumo, la crisis industrial ha ingresado en una fase más aguda: a los cierres de plantas y despidos en Sancor, se suma ahora el gigante tabacalero Massalin, controlado
por la British Tobacco. La multinacional reclama un “recurso preventivo de crisis” que le permita despedir y precarizar el trabajo -o sea, la ruta que abrió la patronal de Clarín en AGR. En Rosario, General Motors ha anunciado suspensiones masivas, con despidos a término para noviembre. El reguero de crisis fabriles y despidos agranda
la impotencia del triunvirato cegetista, que abandonó el palco del pasado 7 en medio de reclamos de paro general y que discute, ahora, cómo marcar el paso con un paro aislado y lo más lejano posible de la gran lucha del momento -la huelga docente.
 
Docentes
 
En su segunda semana de paros, el conflicto de los docentes de todos los niveles concentra los problemas del movimiento obrero y de la propia situación política. La pretensión del gobierno de establecer un aumento del 18% ha quedado desautorizada por la inflación de febrero, que llegó al 2,5% sin intenciones de ceder, lo que anticipa una
inflación superior al 25% para este año. El gobierno puede tolerar que los acuerdos privados superen en algunos puntos al techo oficial, aunque existe el antecedente de la impugnación judicial al aumento de los bancarios. Pero en cualquier caso, que ese cepo funcione contra los docentes y estatales se ha convertido en una cuestión de
Estado. Los voceros del capital financiero le exigen al gobierno un duro ajuste fiscal, para que los ingresos del Tesoro -engordados también con la inflación- sirvan de garantía a la gigantesca bicicleta financiera que sustenta el ingreso de dólares al país. La escalada contra la docencia tiene también un propósito político: el gobierno quiere exhibir una autoridad de la cual carece para salir del empantanamiento económico, la inflación creciente o las disputas al interior de la coalición oficial, relacionadas con su propia impasse. Macri, por eso, se juega a un desgaste de la huelga y a una polarización política, como ya se demostró en la fracasada tentativa de los “voluntarios” rompehuelgas. Como demostración de ello, ha sacado al ruedo a la “moralista” Carrió, que se calló la boca frente a la corruptela del
Correo, pero vocifera ahora contra los docentes bonaerenses, que perciben un salario de 13.300 pesos con 20 años de antigüedad. 
 
En medio de la guerra a los maestros, Macri “mide” como candidato al principal verdugo de la educación pública, el ministro Bullrich. El escenario electoral oficial se prepara en medio de una guerra contra la clase obrera.
 
Desflecando el paro
 
Era previsible, en ese cuadro, que el gobierno saliera a desflecar el paro cegetista que, en cualquier caso, sigue en veremos. 
 
El arsenal de esta operación contra una huelga nacional explota a fondo el carácter propatronal de la burocracia sindical. Por un lado, el gobierno sella en estas horas el “Vaca Muerta” de la industria automotriz, un acuerdo de metas de producción asociadas a la flexibilidad laboral en las terminales. Como ocurriera en el petróleo, la burocracia suscribirá la pérdida de conquistas sin que ello represente la menor garantía de estabilidad laboral, en medio de la caída del mercado interno y del agravamiento de la crisis brasileña. En otro plano, el gobierno le ha “regalado” a la burocracia de la UTA el retiro de la personería gremial al sindicato del Subte: aspira a una devolución de favores de Férnandez y los suyos, a la hora de debilitar el paro nacional.
 
Los herederos de Pedraza en la Unión
 
Ferroviaria, que han recibido enormes prebendas del actual gobierno, marchan en la misma dirección. El paro, si finalmente se convoca, estará cruzado por estos acuerdos y capitulaciones de la propia burocracia convocante.
En medio de la indefinición cegetista, las CTA resolvieron la convocatoria a un paro nacional y a una marcha el próximo 30 de marzo. En el cordón industrial de San Lorenzo, un conjunto de organizaciones obreras locales han convocado un plenario para debatir un plan de lucha contra los despidos y un piso salarial de 27.000 para
todos los trabajadores del complejo industrial aceitero. La escalada de despidos y las paritarias están sacudiendo en profundidad al conjunto de las organizaciones obreras.
 
El panorama se completa con los renovados piquetes de las organizaciones de desocupados, de la mano del Polo Obrero. El evidente fraude de la “emergencia social”, que justificó la tregua de los amigos del Vaticano en favor del gobierno, anticipa nuevas y mayores jornadas de lucha piquetera.
 
La oposición, contra la huelga
 
Los diarios oficialistas presentan a este cimbronazo como el resultado de una “escalada opositora”, atribuída en primer lugar al kirchnerismo. Es un recurso para descalificar a las luchas obreras, pero que está muy lejos
de la realidad. Los gobernadores pejotistas o massistas, que enfrentan también la lucha docente, son completamente solidarios con la línea ajustadora del gobierno nacional.
 
A medida que avanza la crisis social, los Pichetto y Massa han redoblado los llamados a la “responsabilidad” a la burocracia sindical. En este cuadro, la convocatoria de Cristina Kirchner a no sacar los pies del plato del armado pejotista tiene consecuencias de fondo en el movimiento sindical. La “Corriente Federal” kirchnerista no ha realizado la menor delimitación del triunvirato cegetista, acompañando todas sus vacilaciones en relación con la convocatoria al paro. Por su parte, los kirchneristas Yasky y Baradel transitan por la decisiva huelga docente con
una política de paros intermitentes, bajo la presión de los gobernadores del FpV y el PJ (y del pejotismo que cogobierna con Vidal).
 
Pero la envergadura de la ofensiva oficial contra la docencia exige una respuesta de otro alcance -la huelga general que reclaman y preparan los Suteba dirigidos por la Multicolor. En el caso del subte, la Corriente Federal y el kirchnerismo “político” (La Cámpora, Nuevo Encuentro) estuvieron ausentes en la conferencia de prensa donde se
anunció la tentativa de proscripción al sindicato.
 
El kirchnerismo porteño ha recibido la orden de Cristina de “cerrar filas” con el pejota -o sea, con los amigos de Férnandez y la UTA.
 
La izquierda y el movimiento obrero
 
La enorme crisis que se puso de manifiesto en el desenlace de la marcha sindical del pasado 7 dejó dos grandes conclusiones.  Por un lado, la debacle de la burocracia sindical, atornillada a fondo con el ajuste macrista. Por el otro, la conmoción que ese ajuste ha instalado en las grandes organizaciones obreras, recorridas por un ‘sismo
grado seis’. Cuando los Massa, Stolbizer y otros se probaban sus trajes de candidatos, para transitar una elección sin sobresaltos, la clase obrera ha irrumpido en la crisis. A la luz de este cuadro de conjunto, la responsabilidad
de la izquierda es enorme. Por un lado, se nos impone una campaña en todos los sindicatos con un claro planteo:
el porvenir de la lucha contra el ajuste no puede ser decidido por los Daer, Acuña o Yasky. Es necesario un confederal de todas las organizaciones y centrales obreras, con  representantes electos y mandatos de base, para que el paro nacional conduzca a un plan de lucha y establezca un programa claro: ningún despido, organizar la ocupación
de toda planta que cierre o despida, como lo hizo AGR Clarín; paritarias con un piso del 35%, que recupere la pérdida salarial de 2016 y considere la inflación real de este año; por la victoria de la lucha docente, por un aumento de emergencia a los jubilados; salario igual a la canasta familiar, 27.000 pesos como reclaman los trabajadores del cordón de San Lorenzo. Una campaña política del Frente de Izquierda debe partir de este escenario apasionante, y concentrar una acción común -en todos los campos de la lucha política y sindical- para que la clase obrera irrumpa definitivamente en la crisis y lo haga con un programa propio.
 
 
Foto: Paula Acero Lagomarzino
Tags: cta, cgt, paro-docente, paritarias, inflación, macri

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Marcelo Ramal

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