16 de marzo de 2017 | #1450 | Por Pablo Heller
Sancor

Por la defensa de todos los puestos de trabajo

Paremos la extorsión
El derrumbe de Sancor es un alegato inapelable de la política capitalista y sus consecuencias catastróficas. El consumo interno de este año es el menor desde la salida de la crisis de 2001 y se ubica a niveles similares de ese momento. “En promedio, durante 2015 se consumían 28,97 litros al año, mientras que en la actualidad se consumen 23,12, de acuerdo con un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad de Avellaneda” (El Destape, 9/3). Este desplome es una medida del crecimiento que está teniendo la pobreza. Si hay un producto que es esencial en una canasta básica alimentaria es, precisamente, la leche, que, por ese motivo, su consumo es preservado por las familias aunque los precios suban (demanda inelástica). Cuando enfrentamos una declinación en el consumo de estas dimensiones, este hecho, muy probablemente, esté indicando que el empobrecimiento es, inclusive, mayor de lo que indican las estadísticas oficiales.
 
La crisis de la industria láctea hunde, por lo tanto, sus raíces en esta brutal caída del mercado interno. Esto es lo que está en la base del colapso del sector y no el exceso de personal, que ha pasado a ser el latiguillo sobre el que vienen batiendo el parche la patronal y también la propaganda oficial. El gobierno actual, y agreguemos los gobiernos provinciales cómplices, se declaran “ajenos” a la crisis de Sancor cuando son sus primeros responsables. Basta como botón de muestra el conflicto docente, que envuelve a todas las provincias, que tienen como eje la paritaria nacional, un aumento y la recuperación de los salarios, que están por debajo de la canasta de pobreza. El empobrecimiento es un fenómeno que se extiende y comprende cada vez a más asalariados en blanco y no sólo a trabajadores precarios y en negro. Importa señalar que este proceso ya venía desde el kirchnerismo, como lo indican los niveles de pobreza, que rozaban el 30%. El macrismo ha retomado y profundizado esta tendencia.
 
La crisis de Sancor y de la industria, de un modo general, ya viene de antes. La política de la empresa, en connivencia con el kirchnerismo, fue tratar de buscar una salida a esta caída en un acuerdo con Venezuela, lo que terminó siendo un salvavidas de plomo, pues esa nación dejó de comprar y de pagar con una deuda que resulta incobrable. De un modo general, la industria láctea tampoco ha escapado de los cimbronazos de la crisis capitalista mundial, que ha traído aparejado un derrumbe de la demanda global de productos lácteos y caída de sus precios (empezando por la leche en polvo).
 
Pero, la declinación de las exportaciones (se redujo en un 40% entre 2015 y 2016) no es suficiente para explicar el derrumbe actual. En realidad, si el consumo interno estuviese a la altura de las necesidades sociales, lejos de cerrarse plantas deberían abrirse nuevas, reactivarse la industria y tomar más trabajadores.
 
El retroceso del consumo popular es lo que, a su turno, explica que “la caída de producción de lácteos fue la peor desde la década de 1970” (ídem). Esto ha tenido un efecto cascada, empezando por los productores, que se les reconoce precios con los cuales ni siquiera cubren sus costos. “A los tamberos les pagaron en promedio 3,2 pesos por litro durante 2016. La suma no les alcanza ni para pagar el incremento en los costos como la luz y el gas” (ídem). Sancor intentó sobrevivir, entre otras cosas, con un ajuste a los productores, que concluyeron disminuyendo la entrega de la materia prima y recortando su capacidad de producción. “De 2,4 millones de litros pasó a procesar 1,7 millones” (La Nación, 10/3). Sancor es una cooperativa y tal como ocurre con otros casos, bajo su fachada, tenemos una camarilla capitalista, que terminó conspirando contra los propios tamberos, que son sus socios.
 
Costo empresario
 
El problema de Sancor no es el costo laboral sino el costo empresario. La reducción de la produccion ha ido de la mano de un aumento de la capacidad ociosa y con ello del aumento de los costos fijos a lo que hay que sumar los tarifazos y la devaluación. Ni hablemos del costo financiero: Sancor tuvo que soportar intereses usurarios que fueron creando una deuda que asciende a 280 millones de dólares. Dentro de sus principales acreedores figura llamativamente, aparte del Bice (banco de origen chileno), “fondos de inversión”, que habrían realizado préstamos a la empresa.
 
Todo esto debe ser investigado, incluida la cesión que el directorio hizo el año pasado de sus productos más rentables -empezando por su negocio estrella de yogures- a Vicentín -una de las empresas nacionales líder en la producción de aceites. Sancor, parcialmente, pasó a ser una “tercerizada” de este grupo económico. El proceso de copamiento de la empresa, que comenzó en 2016, pretende ser completado ahora. La campaña que se extiende por los medios sobre la “inviabilidad” de Sancor es funcional a este operativo, aunque, por más empeño en este sentido, no se puede disimular que es un “bocato di cardinale”. Prueba de ello es la multitud de interesados, entre los cuales “se alistan las empresas Adeco, Coca-Cola, Milkaut, Foterra y Vicentín” (Clarín, 9/3). A este listado, hay que agregar el mayor grupo lácteo del mundo, Lactalis.
 
El gobierno de Macri tiene un papel determinante en este traspaso de manos en preparación, al negarle la entrega de un segundo tramo de un crédito que se había comprometido. El desembolso del préstamo tiene como paso previo el despido de 1.500 trabajadores, que es una condición puesta por los interesados en comprarla. El “trabajo sucio” debería ser hecho por la actual patronal.
 
Programa
 
Hay que rechazar esta extorsión. No se debe aceptar ningún despido. Los trabajadores no sobran, sino faltan, si tenemos en cuenta las necesidades populares, que deberían ir de la mano de una reactivación de la producción a los fines de satisfacer el consumo de los productos lácteos, que son prioritarios. El problema no es el costo laboral, sino la gestión capitalista que enfrenta una crisis y contradicciones crecientes e insuperables. Los trabajadores de Sancor deben tener acceso a toda la información sobre la realidad de la cooperativa y de las negociaciones en curso y no ser convidados de piedra; que se abran los libros y las cuentas de la empresa. Una comisión electa en asamblea general y responsable ente ella debe ser la encargada de llevar adelante estas funciones. Esto debe ser sostenido, poniendo en pie de lucha a los 4.000 trabajadores de Sancor.
Tags: despidos, sancor, industria-lactea

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