11 de mayo de 2017 | #1457 | Por Pablo Heller

El NPA y las elecciones francesas

Uno de los datos salientes de la segunda vuelta en las elecciones francesas fue la enorme abstención -ascendió al 25% del padrón- y el 10% de voto en blanco. Quedó un poco abajo del voto a Macron y por encima del que recibió Le Pen. Con independencia de su heterogeneidad, esa multitud incluye a millones de trabajadores y jóvenes que rechazaron el voto a Macron como “mal menor”, y está vinculado con la agitación contra “el banquero y la racista” y contra “la patria y los patrones” desenvuelta por colectivos populares. Es, por lo tanto, en una medida importante, un voto contra los candidatos y los partidos del capital.
 
La “extrema izquierda” estuvo a contramano de esta tendencia. Una encuesta entre sus partidarios realizada por Jean-Luc Melenchon, de Francia Insumisa, puso en evidencia que la gran mayoría de los seguidores era partidaria de la abstención. Ni siquiera con esa evidencia en la mano, Melenchon se inclinó por esa opción.
 
Balance
 
Lo mismo vale para el NPA. En el año 2002, la LCR (antecesora del NPA) llamó a votar por el derechista Jacques Chirac contra Le Pen padre, en el balotaje de ese entonces. Esa organización jamás revisó esa posición. No puede sorprender, entonces, que ante un escenario semejante el NPA haya tropezado con la misma piedra.
 
El NPA no se manifestó en favor de la abstención -y menos aún hizo campaña por esa alternativa. El NPA esquivó la cuestión del voto con la fórmula genérica de “movilizarse” contra el Frente Nacional, por un lado, y contra las políticas liberales, pero no contra la candidatura de Macron, por el otro. En lugar del voto en blanco, el candidato del NPA en el primer turno, Philippe Poutou, llamó a “ganar las calles contra la extrema derecha pero también contra todas aquellas y aquéllos que como Macron han establecido o quieran imponer medidas antisociales”... para después de las elecciones. El voto en blanco, en cambio, ofrecía la oportunidad de un reconocimiento de fuerzas anticapitalistas en las urnas, que habría funcionado, como efectivamente funcionó, como la alternativa política a los candidatos del capital. El NPA evitó desarrollar la delimitación política de la clase obrera con ambos candidatos patronales en las urnas.
 
El NPA escabulló esa batalla para no confrontar, se justificó, con los trabajadores y jóvenes que apelaron al “voto útil” votando a Macron para impedir el triunfo del Frente Nacional. Es lo que dicen los discursos de Poutou y las declaraciones del partido publicadas en su página oficial.
 
Ese punto de vista fue expresado en forma más descarnada por el ala de centro del partido: la necesidad de “unificar la parte conciente de nuestro campo social entre aquellos que utilizan el voto por Macron para aplastar al FN en las urnas y aquellos que se abstendrán golpeando al proyecto liberal de Macron, que es el que abrió paso al ascenso del Frente Nacional” (Sylvan Piro, 5/5, extraído del sitio del NPA).
 
Con el transcurso de los días, el carácter de la campaña del NPA fue adoptando una forma más desvergonzada en esa dirección. El PTS, sin embargo, reivindica la campaña electoral de Poutou “por su radicalidad, su independencia y su brújula de clase” (La Izquierda Diario, 6/5), en lugar de explicar cómo y por qué se convirtió en lo contrario en 24 horas. No lo podrá hacer porque el PTS milita en el campo de los partidos "anticapitalistas".
 
La consigna central del NPA en la recta final de la campaña fue: “Todo menos el Frente Nacional”, acompañada de otras como “ningún voto a Le Pen”. La Izquierda Diario sostiene que hubo un giro de 180 grados en la campaña, cuando lo que se hizo fue profundizar una orientación que estaba en desarrollo.
 
Esta postura ha abierto una nueva crisis en una organización que ya se encontraba en estado de demolición. El NPA es el resultado estrecho, tanto histórico como numérico y social, del planteo de formar “partidos amplios” para enfrentar episodios electorales y en absoluto para preparar una vanguardia política de la clase obrera para desarrollos transicionales y perspectivas revolucionarias. Consecuentemente con ello, el centro de gravedad de la campaña ha girado en torno de la denuncia de los desfalcos de la “casta política” -“les affaires” (los negociados)-, sin el menor planteo de poder de un gobierno de trabajadores. Poutou planteó el “rechazo al libre cambio” y a “las normas presupuestarias europeas”, y a favor de “controlar el movimiento de capitales” (Le Monde, 15/4) -al mejor estilo CFK/ Kicillof. Pero ese centrismo político y organizativo ni siquiera los ha salvado de la marginalidad. Por el contrario, contrasta el 1,1% de los votos, cuando su antecesora, la LCR, llegó a orillar el 5%. Ahora un ala importante del partido reclama la unión con la Francia Insumisa de Melenchon, que levanta esos mismos planteos nacionales.
 
Conclusiones
 
En momentos en que el balotaje delataba una gran crisis de partidos tradicionales y una rebelión contra ellos entre los trabajadores y la juventud, la extrema izquierda fue un obstáculo para darle una expresión política, como se expresaron en la masiva abstención y voto en blanco. El balance de las elecciones francesas pone al rojo vivo la necesidad de poner en pie partidos revolucionarios que abracen la causa de la independencia política y la estrategia del gobierno de trabajadores y el socialismo.
Tags: francia, npa, pts, melenchon, poutou, elecciones

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