13 de julio de 2017 | #1466 | Por Gabriel Solano

[Editorial] A un mes de las Paso

Comenzó la cuenta regresiva
Faltando un mes para las primarias de agosto, comienza formalmente la campaña electoral en todo el país, en un cuadro signado por una creciente insatisfacción popular contra el ajuste capitalista que se descarga contra los trabajadores. A pesar de la contención y el bloqueo armado por todas las vertientes de la burocracia sindical, se siguen librando luchas de importancia en rechazo a los despidos, los cierres de fábricas y las paritarias a la baja. La campaña electoral del Frente de Izquierda durante el próximo mes estará al servicio de estas luchas, batallando por su triunfo y sacando las conclusiones políticas y programáticas que permitan conquistar una mayoría popular en apoyo de esas luchas.
 
El gobierno ha logrado por el momento ir a las elecciones manteniendo la unidad de Cambiemos. Con la excepción de la Ciudad de Buenos Aires, donde se produjo una ruptura con el radicalismo y Lousteau, en el resto de los distritos el macrismo ha logrado incluso sumar nuevos aliados. Es el caso, por ejemplo, de la ex ministra de Néstor Kirchner, Graciela Ocaña. Su postulación como primera candidata a diputada por la provincia de Buenos Aires forma parte del mismo operativo que encumbró a Carrió en la lista de la Ciudad. Es que el gobierno, en ausencia de una reactivación económica que le augure el apoyo del electorado, pretende colocar el eje en la denuncia contra la corrupción de la gestión anterior. Detrás del eje anti-corrupción se juegan, además, temas de fondo. Los choques en el aparato judicial, que involucran al Consejo de la Magistratura y la continuidad de Gil Carbó en la Procuración General, esconden una disputa por el reparto de los negocios y los patrimonios de la clase capitalista. No es casual que uno de los centros de los choques sea el manejo de la información sobre las coimas de Odebrecht, que maneja el Departamento de Justicia de los Estados Unidos con la finalidad de asegurarle al capital yanqui el control de áreas fundamentales de la economía del país.
 
Si Macri ha logrado mantener los componentes de Cambiemos se debe exclusivamente a que la clase capitalista sigue respaldando la política oficial. Interesada en defender la posibilidad de disponer del libre movimiento de divisas para fugar capitales y girar dividendos, la clase capitalista ve al endeudamiento feroz que se lleva adelante como un mal menor. El apoyo al gobierno tiene, además, otro componente fundamental: la ofensiva que el propio Macri encabeza contra las conquistas obreras, su intención de reducir salarios y especialmente eliminar los convenios colectivos de trabajo.
 
Bancarrota económica
 
Aunque la clase capitalista es la gran beneficiada con la política oficial, tiene plena conciencia que el rumbo actual nos lleva de cabeza a una nueva crisis. Las contradicciones que se han acumulado son simplemente explosivas. La devaluación de las últimas semanas ha generado un repunte de los precios, que se verá con seguridad en las estadísticas de inflación del mes próximo. La dolarización de precios y tarifas, combinada con la pesificación del salario, es un nuevo golpe a los trabajadores. La deuda tomada hasta el momento, que supera los 90.000 millones de dólares, ha servido para financiar el déficit y la fuga de capitales, mientras agrava el déficit de la cuenta corriente del país con el exterior. Así, mientras se incrementa el peso de los intereses de deuda en el gasto total del presupuesto, demandando divisas para enfrentar los vencimientos, caen también las exportaciones y el turismo. La ecuación cierra sólo con más endeudamiento, que a su turno lleva a un grado más alto la crisis.
 
Ante esta situación se multiplican las voces que reclaman un ajuste en línea para después de las elecciones. El programa al respecto es claro: una reforma laboral, una reforma previsional contra los jubilados, y un mayor ajuste a las provincias, a partir de un monitoreo del FMI. Este programa tiene el apoyo del conjunto de la clase capitalista. La reciente aprobación en Brasil de la flexibilidad laboral levantó el reclamo de la UIA para que se apruebe una ley similar en Argentina, arguyendo que de otro modo no se puede competir. El Mercosur se convierte así en un instrumento para la flexibilidad laboral de los trabajadores de ambos países.
 
Coalición del ajuste
 
La aplicación de este programa de ajuste supera las posibilidades del propio gobierno. Incluso las voces optimistas del oficialismo, que creen posible un triunfo de Cambiemos, saben que de ningún modo podrán lograr una mayoría parlamentaria en ninguna de las dos cámaras. La salida a este impasse fue anticipada por el diario La Nación, que anunció un ‘pacto de la Moncloa’ versión local para después de octubre. Serían de la partida el pejotismo y el massismo, es decir, quienes ya le aprobaron a Macri unas cien leyes en este año y medio. Para no dejar hilos sueltos, el gobierno intervino en la designación de los candidatos puestos por los gobernadores pejotistas en las provincias, para tener seguridad de cómo votarán en un futuro. Otro diario -Ambito Financiero- reveló también que en el gobierno descuentan que Lousteau y hasta Tombolini, el economista puesto por Massa en la Ciudad para encabezar su lista, votarán también por estas leyes reclamadas por el capital.
 
Pese a que al kirchnerismo se lo coloca fuera de este acuerdo, en realidad cumple la función principal. Como lo acaba de demostrar Cristina Kirchner con su pedido de que los sindicatos levanten la movilización que tenían prevista para el 7 de agosto, su papel es contener la insatisfacción popular contra el ajuste en marcha. El pedido para que ninguna lucha interfiera en su campaña electoral, pone de relieve a qué intereses sirve la Unidad Ciudadana, armada como pantalla de los punteros del PJ bonaerense y los intendentes que han cogobernado con Vidal. En Santa Cruz, su cuñada Alicia Kirchner acaba de desalojar con la infantería a los docentes que ocupaban el Consejo Provincial de Educación, en reclamo de aumentos de salario. Las dificultades del kirchnerismo para cumplir esta función de contención tienen que ver con su retroceso general, que se expresa tanto en su aislamiento en la provincia de Buenos Aires -e incluso en que en ésta los votos que espera están por detrás de los obtenidos tanto en 2015 como en 2011-, como por la virtual desaparición del FpV en la mayoría de los distritos del interior.
 
La campaña del Frente de Izquierda
 
En estas condiciones, la campaña del Frente de Izquierda y del Partido Obrero debe enfocarse en la cuestión central que recorre la situación política: cuál es la salida a una crisis cuya existencia y gravedad es reconocida por todos. Es necesario mostrar que el ajuste que está en marcha no sólo implica privaciones enormes para los trabajadores e injusticias tremendas para con los sectores populares, sino que además está condenado a un fracaso seguro. Toda la experiencia indica que los planes de la derecha conducen a la desorganización económica y rebeliones populares. La conciencia sobre este hecho explica las permanentes vacilaciones para ir a fondo con el ajuste y el esfuerzo por armar una malla de contención política con la oposición.
 
Para esta finalidad, la campaña del Frente de Izquierda debe darse sobre la base de un programa que establezca la salida de los trabajadores. En la medida que toda crisis de fondo plantea inexorablemente la cuestión del poder, las consignas centrales del Frente de Izquierda deben plantear un principio de reorganización social basado en la apertura de los libros de las empresas, el control y la gestión obrera y la salida estratégica de un gobierno de trabajadores. Con estos planteos debemos combatir los tarifazos, los despidos y las suspensiones y el aumento de los precios, junto al repudio de la deuda, la nacionalización de la banca y el comercio exterior.
 
En el mes que tenemos por delante, la campaña debe conectarse de manera directa con las luchas que están en curso, porque un programa de la clase obrera reclama poner a los trabajadores en el centro de la escena. Vamos a una gran movilización política para ganar al voto al Frente de Izquierda a centenares de miles de trabajadores, jóvenes y mujeres.
Tags: elecciones-2017, frente-de-izquierda, ajuste

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Gabriel Solano

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