3 de agosto de 2017 | #1469 | Por Gabriel Solano

Nueva Reforma antieducativa en la Ciudad

Rodríguez Larreta quiere adaptar la educación secundaria a la reforma laboral precarizadora
El Gobierno de la Ciudad ha dado a conocer un proyecto de reforma de la escuela secundaria que implica un golpe demoledor a su carácter científico y pedagógico.
 
Siguiendo el objetivo de las reformas iniciadas bajo el menemismo, se pretende adaptar la educación a un mercado laboral caracterizado por la descalificación y degradación.
 
El proyecto va a fondo en el objetivo de subordinar la educación a las necesidades de las empresas. Así, se llega al extremo de eliminar el quinto año de la actual escuela secundaria, al menos en su función actual. En su lugar se constituirá un “año integrador y formativo del más allá de la escuela”. El mismo tendrá la siguiente estructura: “El 50% del tiempo escolar destinado a la aplicación de los aprendizajes en empresas y organizaciones, según los talentos e intereses de cada uno”. Y el otro “50% del tiempo escolar destinado al desarrollo de habilidades y proyectos relacionados con el emprendedurismo”.(1)
 
Esta eliminación del quinto año conduce a las “pasantías” que Macri quiere reimplantar con su reforma laboral. Ya, bajo el menemismo, las pasantías fueron usadas para reemplazar trabajadores bajo convenio por precarizados, sin derechos laborales de ningún tipo y salarios esencialmente menores. Su pretendido propósito pedagógico quedó en la nada. Bastó que frente a tales abusos el Congreso ponga algunos límites a las patronales para que éstas pierdan todo interés en tomar pasantes.
 
Descalificación…
 
El nuevo proyecto es una vuelta de tuerca en la política de descalificación de la educación secundaria. Ya en 2013, bajo el paraguas de la llamada ley Nacional de Educación,  con Filmus como ministro de Educación, en la Ciudad se eliminaron más de cuarenta orientaciones y desaparecieron materias fundamentales. La alusión a la ‘sociedad del futuro’ fue la alegoría usada para sustraerles a los estudiantes conocimientos avanzados de Historia, Matemática y Filosofía, entre otras disciplinas. 
 
Ahora, y junto a la liquidación del quinto año, toda la estructura de la actual secundaria sufrirá un golpe demoledor. Se dividirán los primeros cuatro años en dos ciclos,  uno “básico” y el otro “orientado”, con promociones independientes. Por esta vía -aunque el proyecto no lo dice- se concluye en títulos intermedios aún más descalificados. Así, se ocultará la deserción actual en la escuela secundaria, que alcanza niveles enormes, diplomando a quien deserte al concluir segundo año.
 
Docentes
 
La descalificación del proceso pedagógico abarca a los docentes: sólo el 30% de las clases estará a cargo de ellos, mientras el otro 70% consistirá en el uso de plataformas y cuadernillos, mediado por la tecnología, bajo la figura de un “facilitador”. ¿Pero el “facilitador” tendrá la calificación de un docente y realizará su tarea bajo el amparo de los derechos que establece el actual Estatuto? Además, la alusión a la “tecnología” abre la puerta a la llamada educación a distancia, cuya aplicación hasta el momento se limitaba a la educación superior. La educación a distancia, por su propia naturaleza, le resta al estudiante y al docente la interconexión de un proceso pedagógico democrático e integrador.
 
…y capitalismo
 
Estas reformas, basadas en los papers del Banco Mundial, son justificadas por sus mentores bajo el precepto de que la educación debe ir de la mano con el ‘mundo del trabajo’. Se llega al extremo de afirmar que la "falta de mano de obra preparada para la integración al trabajo" sería la causa que retrasa el crecimiento del país, demora la llegada de las inversiones y la creación de los puestos laborales. Pero los que embellecen al capital presentan la realidad invertida. Así, el desocupado no sería una víctima del capital que necesita de un ejército de reserva para bajar los salarios, sino que el desocupado debe su condición a la falta de esfuerzo en su propia formación. Para justificar esta posición interesada se citan estadísticas que muestran que la desocupación es menor en las personas que alcanzaron niveles superiores del sistema educativo, pero no dicen que las tareas que realizan están por debajo de su propia calificación, que bien podrían ser asumidas por otros trabajadores.
 
La sustitución de una educación científica e integral por el suministro de “habilidades blandas”, como eufemísticamente se utiliza en los textos oficiales, apunta en esa dirección. Esto permite interpretar adecuadamente los discursos recurrentes de Macri sobre la necesidad de la “educación permanente”, pues las “habilidades blandas” se modifican con pequeños cambios en el proceso productivo.
 
Es el capitalismo el que impone un freno a la educación y no al revés, como pretenden hacernos creer los propagandistas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Mundial.
 
La contrarreforma a la basura
 
La reforma antieducativa de Rodríguez Larreta y Macri tiene una finalidad descalificadora, a la medida de las empresas. De aplicarse, representará un nuevo golpe a la educación, de un nivel igual o mayor al que significó la ley Federal de Educación menemista que produjo en los ’90 la destrucción de la escuela secundaria. Llamamos a los estudiantes, docentes y al conjunto del pueblo trabajador a debatir sus alcances reaccionarios y oponerle un programa y acción de lucha.
 
 
 
1. La figura de “emprendedor”, que acaba de plasmarse en una ley del Congreso, consagra un sistema de tercerización del trabajo a gran escala. Las empresas, como en buena medida ya ocurre, podrán derivar determinadas tareas en trabajadores que autogestionen sus propios emprendimientos sin ingresos asegurados. La explotación capitalista cobra la forma de autoexplotación, en el sentido de que los trabajadores deben imponerse a sí mismos condiciones laborales y salariales degradantes. Las exenciones impositivas que el Congreso votó para los “emprendedores” terminarán indirectamente reduciendo los costos empresariales.
 
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Gabriel Solano

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