12 de octubre de 2017 | #1478 | Por Christian Rath

El asesinato del Che, cincuenta años después

“O revolución socialista o caricatura de revolución”
Uno de los más importantes biógrafos del Che sostiene que su memoria persiste a pesar de enfrentarse con un interrogante lapidario: ¿cómo se explica el seguimiento a un fracasado? Se pregunta por la razón de esta perennidad y se responde: “el Che logró su heroicidad por la forma en que vivió y, sobre todo, la forma en la que murió” (Clarín, 8/10).
 
Si fuera así, han existido vidas y muertes de líderes revolucionarios que podrían parangonarse y no han alcanzado el lugar icónico del Che.
 
Dándole vueltas al mismo interrogante, el historiador sostiene que, frente a un mundo crecientemente desigual, el rostro del Che llama a “tomar posición y, si es necesario, pelear hasta las últimas consecuencias”.
 
Compartiendo estas razones, fuerzas tan disímiles como el “nacionalismo indígena” en el poder en Bolivia; la corriente que sigue a CFK y todo el espectro del centroizquierda, desde Patria Libre hasta el triunvirato colaboracionista de los movimientos sociales en la Argentina; el PT en Brasil; el Frente Amplio en Uruguay, todos ellos levantan una tribuna al “guerrillero heroico”.
 
Sin embargo, todas estas fuerzas actúan políticamente en oposición a su legado histórico. El Che fue protagonista, junto a Fidel Castro, del ingreso de América Latina en el terreno de la revolución permanente, de la lucha antiimperialista y democrática que se desenvuelve como revolución socialista, como expropiación económica y política de la burguesía. El Che representó hasta el final la expresión política de que la revolución cubana tenía que avanzar en toda América Latina de ese modo. En palabras suyas: “No hay más cambios que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución”.
 
(Si una revolución no acaba con la dominación de los capitalistas, no inaugura un régimen de planificación que atienda a las necesidades sociales, no juzga y condena a los contrarrevolucionarios, no repudia y deshace los encadenamientos económicos y políticos al imperialismo, no es una revolución.)
 
¿Cuál de estas fuerzas puede invocar esa trayectoria? ¿El gobierno boliviano, que ha preservado el latifundio y el negocio de los pulpos del petróleo y la minería?
¿El gobierno bolivariano de Venezuela, fabulador de un socialismo del siglo XXI con “nacionalizaciones” pagas a valor de la Bolsa y pago escrupuloso de la deuda externa? ¿CFK, artífice de la “década ganada” que consagró como grandes beneficiarios a la “patria contratista” y la “patria bancaria”?
 
Todas estas fuerzas enarbolan el objetivo de una “democracia con justicia social”, es decir la defensa del régimen democrático burgués como estación terminal de las aspiraciones de la clase obrera.
 
El Che planteó como objetivo la revolución socialista, como salida a la crisis capitalista que recorría y recorre América Latina. Y fue más lejos que nadie dentro del propio elenco de la Revolución Cubana en su denuncia del rol contrarrevolucionario de la burocracia estalinista, escudado tras el planteo de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo y patentizado en la soledad de Vietnam en su lucha contra la mayor potencia del mundo.
 
Para un defensor de las experiencias nacionalistas: “Sería injusto caracterizar a los acontecimientos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador como meras caricaturas de revolución. Son procesos que bregan contra un conjunto de fuerzas retardatarias de enorme poder (que no habrían actuado en el caso de Cuba), desde las oligarquías locales, las burguesías autóctonas, la canalla mediática… y, por supuesto, la ‘embajada’ que trabaja incansablemente para desbarrancar estos procesos” (Atilio Borón, "El Che, medio siglo después”, en Rebelión).
 
La afirmación no resiste un archivo. Todos los gobiernos nacionalistas emergieron como instrumentos de rescate de la burguesía frente a los levantamientos de las masas que hundieron a los gobiernos “neoliberales” -nuestro 2001/2002, como ejemplo. La política de adaptación al capital tiene justamente en Bolivia, donde el homenaje al Che fue más estridente, un escenario revelador: la Santa Cruz secesionista y centro del latifundio recibe a Evo como uno de los suyos y el FMI coloca a Bolivia como país modelo por el manejo de su economía.
 
El Che, contra la “economía de mercado”
 
En 1963/64 se desarrolló un debate en Cuba sobre el rumbo que debía tomar la economía. La vieja guardia estalinista planteó un sistema de autonomía financiera de las empresas, que desembocaba en el principio de rentabilidad individual, una “tesis” que planteaba, en perspectiva, llevar a la isla a una “economía de mercado”. El único que se opuso rabiosamente a esa alternativa y la denunció como una fuente de desigualdad social fue el Che (el debate incluía el planteo de incentivos materiales para elevar la productividad, a lo que el Che no se oponía, a condición de no reducir la cohesión interna de la clase obrera)1. Es decir, el único que se opuso a abrir un rumbo de restauración capitalista en Cuba fue el Che. ¿Cuál fue el enorme acierto de esta oposición? Veinte años después, en 1985, Gorbachov va a plantear, en nombre de la burocracia rusa, desenvolver la “economía de mercado” en la URSS. Esto implicaba la descentralización y la transformación de la burocracia en capa empresarial, en una economía en la que no había capitalistas y a la que, de este modo, se ponía en rumbo hacia la restauración del régimen social abatido en 1917. El Che Guevara fue un precursor de los que lucharon contra la restauración del capitalismo, contra las privatizaciones y la entrega de los recursos al capital extranjero. El Che se opuso tajantemente, en nombre de la defensa del socialismo y de características propias de Cuba a este proceso, enfrentándose a la burocracia de la URSS y denunciando que esta política llevaba a un acrecentamiento de sus privilegios2.
 
¿Quiénes son los únicos que se opusieron al proceso de la restauración capitalista impulsada por la burocracia del Kremlin, antes que el Che? León Trotsky y la IV Internacional.
 
Mérito del Che y por partida doble, porque carecía del bagaje teórico y la experiencia del fundador de la IV, representante de una vanguardia revolucionaria y socialista forjada durante más de cien años (y eliminada físicamente por el estalinismo y el nazismo).
 
El Che evolucionó de derecha a izquierda en la posición frente a la burocracia de la URSS y chocó en este punto contra el resto de la dirección cubana. En 1968, su cuerpo estaba enterrado en Bolivia y Fidel apoyaba con energía el aplastamiento del levantamiento antiburocrático en Checoslovaquia.
 
Recordar Argel
 
En febrero de 1965, en el marco de la Conferencia de Solidaridad Afroasiática, el Che Guevara denunció a la burocracia de la URSS por tener un trato colonial con los países del espacio común de las “naciones socialistas” -Comecon-, por aplicar las leyes del mercado mundial capitalista y apoderarse de un excedente a su favor. Un planteo internacionalista, no sólo referido a Cuba y en el que el Che Guevara volvió a ser premonitorio. Pocos años después, Cuba ingresó a ese mercado común, como parte de una política de adaptación a la burocracia soviética, y sacrificó sus planes de industrialización. Cuba se convirtió de este modo en un país volcado exclusivamente a la producción de azúcar y absolutamente dependiente de la burocracia de la URSS -rehén, a su vez, de la economía capitalista.
 
El discurso del Che en Argel, multiplicado una y otra vez, dio una vuelta de campana en la comprensión del régimen impuesto en la URSS. Por primera vez puso en debate, a escala de las masas, lo que el trotskismo venía planteando desde hacía más de treinta años: que en la cuna de la Revolución de Octubre no regía el verdadero comunismo, sino un régimen dictatorial impuesto por los verdugos de esa revolución.
 
El Che Guevara fue el precursor de la gran batalla teórica y política vigente al día de hoy contra los enterradores de la Revolución Rusa, impulsores de la restauración capitalista en nombre de intereses ajenos al interés histórico del movimiento obrero.
 
Nadie reivindica a “este” Che, precursor de la lucha política fundamental contra la degeneración y deformación de los Estados obreros provocada por una burocracia nacida de un accidente histórico -la sangría de la vanguardia obrera rusa en la Guerra Civil, el fracaso del enorme ciclo revolucionario de 1917/23, los condicionantes planteados por el atraso del país.
 
Los límites del Che
 
El Che no llegó a hacer una crítica al funcionamiento del Estado en Cuba. No avanzó en el planteo de que para desenvolver la política que defendía, debía producirse una depuración en la burocracia del propio Estado en la isla. Hizo críticas a la burocracia, pero no llegó a formular un planteo de sustitución de esa burocracia por la clase obrera. Su límite en este punto pudo provenir de su cercanía política y personal con el equipo que había hecho la revolución. Quizá para llegar a esta conclusión debería haber vivido en forma más intensa y prolongada la experiencia de la burocratización, pero esto hubiera significado prolongar su permanencia en Cuba y, en definitiva, haber optado por otra historia.
 
En la lucha contra los planes soviéticos que fomentaban la desigualdad social y el retorno al capitalismo, el Che desenvolvió el planteo del “hombre nuevo”. El hombre que concibe su felicidad como felicidad del otro, como un logro colectivo. Como lo planteara con sus propias palabras, desde otro ángulo: “El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo contra la alienación” (entrevista de Jean Daniel, Argel, 1965).
Es un planteo de enorme antigüedad, nacido de la necesidad de oponer una sociedad fraterna de hombres y mujeres al infierno de la explotación del hombre por el hombre. Ese hombre nuevo tiene un componente idealista, porque no puede existir sin una sociedad que lo engendre y el nivel de esa sociedad debe ser forzosamente muy superior al que Cuba podía ofrecer en ese momento. Ni siquiera puede estar limitado a un país, tiene que ser parte de un desarrollo que abarque a países avanzados, aunque sea alguno de ellos.
 
Pero aún así, el Che no estaba equivocado. En la búsqueda de un “nuevo hombre” que se corresponda con relaciones humanas de igualdad, se requiere de hombres y mujeres que luchen por esa sociedad de igualdad. Duda: ¿hasta qué punto pensaba el Che que la Cuba revolucionaria podía ofrecer esa perspectiva en lo inmediato?
 
Finalmente, ¿el Che era un guerrillero pequeño burgués? El Che pudo ir a Bolivia fruto de un error político, pero esta empresa no se correspondía con lo que se proponía hacer. Concibió un planteo común a todas las fuerzas revolucionarias y no centró sus perspectivas, contra lo que se dice, en un levantamiento agrario. Se instaló en lo que suponía, era el lugar más impenetrable de Bolivia y su perspectiva era entroncar con el movimiento de las masas en lucha. El problema central que se le planteó al Che fue la crisis de dirección del movimiento obrero y de los partidos de izquierda, en particular el Partido Comunista en este caso de Bolivia, viejo enterrador de revoluciones. Se planteó un problema de partido, al que quiso resolver desde la acción. “Los foquistas, Fidel y el Che han opuesto el foco al partido, pero entendían como tal partido a la burocracia de los partidos comunistas”, dijimos en Política Obrera al cumplirse el primer aniversario del asesinato (37, 30/9/68). El Che buscó superar la ausencia de un partido revolucionario que no existía en Bolivia y pretendió hacerlo a partir de su experiencia anterior. Al no contar con un estado mayor de trabajadores, el Che se encontró con un vacío enorme, un vacío que se arrastra desde las derrotas provocadas por el nazismo, la burocratización del partido leninista y el retroceso en la conciencia de la clase obrera que es fruto de estas derrotas. La crítica al Che es la crítica a un revolucionario íntegro que pretendió abrir un rumbo a la revolución socialista. Desde este lugar, y no otro, es nuestro homenaje.
 
¿Por qué reivindican al Che?
 
Volvemos al punto de partida. El Che sigue siendo la figura más venerada en el mundo de los que genuinamente quieren un cambio social, porque no tiene ninguna connivencia con las máculas que aplastaron al proletariado mundial -las traiciones de los partidos comunistas, los crímenes de Stalin- y es más, se enfrentó a la burocracia que fue su ejecutora y cayó por esta lucha. ¿O acaso puede negarse, a esta altura, la responsabilidad del Partido Comunista boliviano y de la propia burocracia de la URSS en la delación que llevó a la muerte al líder revolucionario?
 
El historiador con el que comenzamos esta nota impugna que la figura del Che sea una creación mediática. Da un simple ejemplo. Siendo los vencedores de la “Guerra Fría”: “¿Dónde están las remeras con las caras de Videla, Astiz y Pinochet?
 
Agregamos nosotros: ¿o con la de Stalin?
 
 
 
1.Ernesto Che Guevara: Escritos Económicos, Cuadernos de Pasado y Presente/5, 1969 (incluye textos de otros autores participes de la polémica).
2. Jon Lee Anderson: Che Guevara - una vida revolucionaria, Anagrama, Barcelona, 2016. 
Tags: che-guevara, revolucion-cubana

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