11 de agosto de 2017 | Por Partido Obrero

Después del XVI° Congreso del Partido Comunista

Publicado en Prensa Obrera #164, 26 de noviembre 1986.
La propia dirección del partido comunista no se decide: ¿ha producido, como afirma, “un profundo viraje en la línea política y táctica" y pasado de “un proyecto reformista a un proyecto revolucionario”, o, como también lo dice sin reparar en la contradicción, retoma “la justa línea que nos fijamos en los XI y XII congresos (de 1946 y 1962”) y “asume la historia de lucha política e ideológica… de Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi”?
 
El XVI Congreso del PC ha sido el escenario donde se desplegaron estas contradicciones, de ninguna manera el terreno de su resolución. Mientras los delegados voceaban “Chile, Chile, arriba los fusiles”, el representante del PC chileno, Luis Guastavino, se enfrentaba a la audiencia defendiendo a rajatablas la “transición democrática” post-pinochetista. En la resolución sobre Chile que fuera aprobada por el congreso, la controversia ni es mencionada y el texto se agota con lugares comunes democratizantes. En Parque Norte se reprodujo, con cambios en los detalles, la situación de dos meses antes en el Luna Park, cuando la multitud rechifló a los representantes de la “salida concertada”. La posición oficial de la dirección del PC argentino coincide con la del chileno, como lo expresara Fany Edelman, estrella ascendente en el firmamento del PC, en un reciente informe internacional.
 
Hay otros ejemplos que demuestran el cuidado con que hay que tomar las proclamas triunfalistas de cambio revolucionario a la que se han habituado los dirigentes del PC. Hablan sin cesar de “refundar tantas veces como sea necesario” el Frente del Pueblo, con lo que dan a entender que una eventual ampliación de éste significará también modificar su contenido programático. El FP es concebido así como un frente sin principios. Pero Jorge Pereyra, secretario de organización, ha sido más preciso todavía, pues ha citado las experiencias de Uruguay y Chile como ejemplos de “refundación periódica” (El Periodista, 14.11). Colocar, sin embargo, al Frente Amplio de Uruguay o a la Unidad Popular chilena como perspectiva, significa hacer un planteamiento derechista, ya que ambos son ejemplos monstruosos de colaboración de clases y hasta de integración al Estado burgués. El propio Jorge Pereyra, en otra parte de esta entrevista, produjo una de las definiciones más tajantes de la posición del PC respecto al presente régimen político: “defender a ultranza (sic) el sistema constitucional”, esto sin que importe el carácter de clase del régimen constitucional, ni tampoco su característica de ser uno de los más reaccionarios dentro del constitucionalismo burgués. El régimen actual está "custodiado” por los golpistas del futuro y los militaristas del presente, por eso en lugar de defenderlo a ultranza hay que desenmascararlo.
 
 
Estas violentas contradicciones que asoman en la superficie del PC, son una traducción de la crisis de este partido, cuyas raíces el congreso no desentrañó. El mismo Athos Fava habló de nuevo de “una crisis de credibilidad en la dirección” y hasta del “estallido de algo que venía de lejos”, pero un fenómeno de esta magnitud no lo resuelve un viraje “táctico” ni la modificación parcial de la composición de la dirección.
 
Los círculos políticos y de prensa de la burguesía han seguido con mucha atención el proceso del PC, pero esto no significa que hayan concluido en una caracterización clara de lo que está ocurriendo. Ese interés es lógico porque el PC ha sido siempre una de las patas del régimen burgués (incluso bajo la dictadura), de modo que su crisis debe entenderse como una manifestación de la propia crisis de este régimen; todo lo que -libere fuerzas aprisionadas por la burguesía es revolucionario. Sin embargo, es significativo que la prensa patronal que importa (por ejemplo La Nación) siga considerando al PC dentro del ‘‘arco constitucional”. Para la burguesía la crisis del PC no ha salido aun de determinados límites.
 
En los once meses que han pasado desde la convocatoria a este congreso, no se produjo ningún progreso en el examen del apoyo que se brindó a la dictadura militar, que en realidad arranca con el apoyo a la dictadura anterior a ésta, la de Lanusse. Los dirigentes del PC siguen afirmando que la causa de ese apoyo estuvo en una deficiente caracterización social de la dictadura, y no en una estrategia de colaboración a largo plazo con la burguesía nacional impuesta a nivel internacional. No se ha hecho referencia a la similitud con la posición de la burocracia rusa, que en los foros internacionales, votaba a favor de la dictadura contra las organizaciones de derechos humanos. No se ha establecido la ligazón entre la política de colaboración con el sistema imperialista mundial que sigue la burocracia de la URSS, y la colaboración de clases que la inmensa mayoría de los PC siguen en el terreno nacional. No se ha procurado desentrañar la raíz de una política tan monstruosa indagando en los intereses de clase mundiales a los que servía.
 
Se condena a la más total de las frustraciones quien no destaque las contradicciones de la “autocrítica” y del “viraje” que afirma haber producido la dirección del PC, y quien no señale las limitaciones realmente descomunales del llamado “proyecto revolucionario”. En el informe internacional ya mencionado de Fany Edelman se dice que “Contadora objetivamente manifiesta el ascenso de una postura independiente de los gobiernos de América Latina y su insalvable contradicción con la política de la Casa Blanca, con sus limitaciones, vacilaciones y concesiones”. Esta posición oficial del PC no es una defensa de la política de poner una cuña entre las burguesías nacionales y el imperialismo, sino el panegírico y la apología más completos de los explotadores latinoamericanos y de sus gobiernos. Fany Edelman incluye en esta caracterización al “grupo de apoyo”, es decir a Alfonsín. Si eso es así no queda nada de la supuesta revisión del carácter de la burguesía nacional que afirma haber hecho la nueva dirección del PC. Es cierto que la burguesía nacional tiene “contradicciones insalvables” con el imperialismo... ¡pero éstas no pasan por la defensa de la revolución centro americana! Apoyar a la burguesía nacional “incluso con sus limitaciones, vacilaciones y concesiones” significa apoyar sus acuerdos con el imperialismo contra la independencia nacional y contra Nicaragua, pues es precisamente aquí, en esos acuerdos, que se expresan las “limitaciones y vacilaciones” de las “contradicciones insalvables” de la burguesía nacional respecto al Imperialismo. Hay que desenmascarar la cobardía incurable de la burguesía nacional, no apoyarla “incluso” en su cobardía. El informe oficial del CC del PC, leído por Fany Edelman, a quien luego el congreso asciende en la jerarquía partidaria, es una declaración de completo apoyo al gobierno radical de Alfonsín.
 
En otra parte de este informe se dice que “La activa participación del presidente Alfonsín en el Grupo de los Seis, constituye uno de los mayores aportes a la causa de la paz y del desarme". Sin embargo, Alfonsín paga la deuda externa, convirtiéndose en uno de los principales financistas del armamentismo yanqui. De palabra está por la paz, en la práctica apuntala la maquinaria bélica. Pero si Alfonsín es “paladín de la paz” y la paz es, para el PC, una condición para el desenvolvimiento de la lucha de clases, Alfonsín queda convertido en un dirigente revolucionario. Como se ve, los textos de la flamante dirección del PC no solo hablan de “virajes” sino que sirven para otros futuros virajes en cualquier dirección. “En lo referente al desarme —se dice también— hay una coincidencia objetiva (con Alfonsín)... No verlo así sería contraproducente”. ¿Por qué lo sería? ¿Por qué nos iríamos “más de la cuenta” en la oposición al gobierno entreguista?
 
En el balance que hemos podido escuchar de parte de distintos delegados al congreso se percibe que muchos de ellos colocan en un mismo plano la radicalización de la mayoría de los congresales y la naturaleza de las posiciones políticas que fueron puestas a votación. Sin embargo, ambas pueden no tener nada que ver y hasta estar en completa contradicción entre sí. Es necesario desentrañar el verdadero carácter de las resoluciones para no terminar en una descomunal frustración.
 
El “gancho" que las Tesis, la autocrítica y las resoluciones dirigen a la base radicalizada del PC está en que plantean la “cuestión del poder". Ni qué decir que si esta cuestión estuviera claramente formulada, el avance sería revolucionario. Pero no lo está. Primero porque no plantea la destrucción del estado burgués y segundo porque ni menciona la dictadura del proletariado, en cambio defiende (y a ultranza) al régimen constitucional (que no es tal porque el 80 % de la legislación vigente es oriunda de las dictaduras militares y que no es democrático porque el 80 % (del aparato del Estado es burocrático y militar) Es decir que concibe la cuestión del poder al margen de la lucha de clases, cuyo desarrollo conduce al gobierno obrero y de los trabajadores. Esta forma subjetiva, “partidista", de concebir la cuestión del poder no es marxista, es nacionalista y hasta puede llegar a ser foquista. Cuando esta concepción pretende sustituir al seguidismo clásico a la burguesía nacional, estamos en presencia de una posición “populista" que, como su palabra lo indica, pretende convertir a un frente indiscriminado de todo el pueblo en dirección de reemplazo de la caduca burguesía nacional. El populismo se expresa en la tendencia del llamado sector "renovador" del PC, el que pretende reconstruir el movimiento de la “gloriosa" juventud Peronista de la década del 70 bajo la forma de un Frente con la izquierda peronista y del Pl. Por eso dentro de sus cálculos figuran un fracaso de Cafiero y de Alende y la reedición de la experiencia fracasada ya varias veces (Cooke, socialismo de vanguardia, montoneros-erp). Las posibilidades de esta reedición están condicionadas, hacia la derecha, por el control que el aparato stalinista tiene del PC y por la propia capacidad de la burguesía nacional para envolver a las tendencias nacionalistas, como ya lo hiciera Perón tantas veces y, en otro plano, Alfonsín y Cafiero recientemente. Después de todo la “izquierda peronista" es hoy completamente cafierista. Hacia la izquierda la posibilidad populista está limitada por una mayor presencia política clasista respecto al pasado y por las propias tendencias de clase de la izquierda del PC.
 
Es evidente de todo esto que la crisis del PC recién empieza. Se ha pretendido salvar demasiadas posiciones y políticas con un módico arreglo autocrítico. La posición del Partido Obrero será, siempre, procurar profundizar el desarrollo hacia la izquierda de los militantes comunistas sobre la base del marxismo y del movimiento histórico de la clase obrera.
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