9 de mayo de 2017 | Por Alejandra Gavryluk y Guillermo Kane

"13 Reasons Why": alienación y violencia en el mundo juvenil

La serie que es furor en el mundo adolescente tiene el mérito de abrir el debate sobre temas urgentes de la degradación social capitalista de una forma amena: desde el bullyng, el acoso y el consumo de drogas hasta la violencia institucional.
La exitosa serie de Netflix parte del suicidio de la adolescente Hannah Baker para retratar la vida de estudiantes secundarios en una ciudad tipo de Estados Unidos. El gancho de la serie es la reacción de un grupo de sus compañeros a unos cassettes que dejó Hannah, que contienen 13 audios de ella hablando de sus sentimientos y experiencias, dedicado cada uno a personajes que considera culpables, directa e indirectamente, de su dolor (Por trece razones es su título en castellano).
 
Hannah denuncia no sólo por ella, sino también por otras chicas abusadas, maltratadas, ninguneadas y violadas. Hannah se quiebra y se quita la vida, pero tiene el resto de lucidez de no hacerlo en silencio, deja su testimonio. La convivencia en la narración entre las experiencias de Hannah y la comprensión de las mismas por parte de quienes las escuchan en el presente, con el impacto de esto en el escenario familiar, escolar y social que ella dejó, constituyen una forma novedosa y original de relatar, que le agrega interés a la serie.
 
 
Violencias
 
En el trascurso de la serie se refleja la problemática de adolescentes inmersos en un sistema de presiones enormes. Se muestra cómo una inserción favorable en el sistema laboral requiere el ingreso a una buena universidad, que depende tanto de los resultados académicos como del nivel económico, el desempeño deportivo y el historial disciplinario y de participación estudiantil. El sistema de explotación instala su alienación en los institutos donde forma su mano de obra exacerbando la competitividad, que tiene su expresión en los niveles de “popularidad”. Los estudiantes atletas, por ejemplo, son “populares” porque los directivos del colegio impulsan que se los adule y les otorgan un importante grado de impunidad. Los chicos que, como Hannah, trabajan en distintos empleos precarios (acomodador de cine, moza) son vistos con desprecio e incomodidad por sus compañeros, que se los cruzan mientras disfrutan de su ocio.
 
En este clima de distorsiones, la serie hace eje en la cosificación sexual de la mujer, así como la doble moral de una gran presión sexual sobre los adolescentes y el desprecio por las chicas que “son fáciles” o “se dejan”. La serie indaga la connivencia de la institución escolar con situaciones de bullying y otros abusos, desde las autoridades a los compañeros de cursada, y el rol de amplificadores enormes que tienen las redes sociales para estas situaciones.
 
El primer beso de Hannah, lejos de ser una experiencia maravillosa o memorable, se convierte en el principio de un tren de pasos en falso y bochornos, transformando hechos sociales ordinarios en una serie de suplicios, desde exposiciones fotográficas de su intimidad, la publicidad de rankings sobre el físico de las alumnas y las amistades pasajeras y superficiales, hasta las violaciones y el abuso sexual. La serie muestra como la “crueldad” de los jóvenes reproduce lo que maman en sus casas, en el colegio, de los adultos: el consumo de drogas, los abusos sexuales, la impunidad que tiene uno de los protagonistas por ser hijo de un comisario o la terrible actitud de autoridades escolares que presionan para encubrir casos de violaciones o bullying, para resguardarse legalmente.
 
 
Apología o denuncia
 
En una polémica alrededor de la serie, varios medios y organizaciones norteamericanas han acusado a la misma de ser una apología del suicidio, o por lo menos una presentación romántica de este. Sin embargo, el suicidio no es presentado de ninguna manera como una salida positiva en la narración: Hannah tenía afectos reales que la podrían haber sostenido, pero la maraña de presiones sociales y complicidades institucionales la quiebran sin que pueda recurrir a quienes la pudieran haber contenido –justamente el conflicto central de la serie. Hannah buscó ayuda en todas partes, como pudo, sin resultados positivos.
 
La escena, donde un consejero escolar le recomienda “olvidarse” que ha sufrido una violación y “seguir adelante”, para evitar hacer una denuncia judicial que la exponga púbicamente, es particularmente desgarradora. Así, la serie realiza una importante denuncia de cómo estos mecanismos institucionales protegen y reproducen la violencia contra las mujeres.
 
 
Crisis y degradación
 
Si bien el sistema escolar estadounidense es muy diferente al nuestro, hay un rasgo común en cómo convive con la degradación de la juventud que promueve el sistema capitalista, que mercantiliza los cuerpos y explota los estilos y tendencias de los jóvenes, generando enormes ganancias. Los adolescentes no encuentran ni aquí ni allá un lugar de contención o desarrollo en el sistema educativo. La serie muestra también cómo el impacto de la crisis capitalista, no sólo en la escuela sino también en el hogar y la sociedad, agrava esto: la quiebra económica del pequeño negocio de los padres de Hannah es un factor de su caída.
 
Los Estados capitalistas ajustan la educación, promoviendo su vaciamiento y deterioro al servicio de la privatización, dejando más expuestos aún a los jóvenes. Por su parte, el movimiento de mujeres en Argentina ha denunciado la responsabilidad del Estado en el cuadro de aguda violencia que sufren.
 
13 Reasons Why tiene el mérito de abrir el debate sobre temas urgentes de la degradación social capitalista de una forma amena, que puede ser atractiva para las y los preadolescentes y adolescentes que están expuestos a este tipo de situaciones, y disparar debates en la escuela, el colegio o en la casa.
Tags: television, suicidio, cultura

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