13 de julio de 2017 | Por Antonia Torrebruna

[CINE] Carne propia: una historia de la Argentina a los bifes

Una docu-ficción que da cuenta del recorrido de los obreros de los frigoríficos de una manera muy original.
¿Qué personaje podría dar mejor cuenta de la historia de la industria de la carne que un viejo toro semental, premiado en su momento de juventud y brío, en camino al matadero durante sus últimos días sobre la tierra? Y, se sabe, una historia de la carne vacuna es también una historia del país, o por lo menos de algunas de sus clases sociales. No debería olvidarse que el texto fundacional de la literatura argentina es “El matadero”, de Esteban Echeverría, que ya da cuenta en el relato las percepciones sobre los sectores populares, o “la negrada”, como los define el toro del film Carne Propia, dirigida por Alberto Romero y con Arnaldo André en la voz del viejo semental.
 
El toro, cuya voz performatizada por André le da una elegancia acorde con su porte de Aberdeen Angus –el rey de los toros de las pampas–, mantiene una actitud solidaria con los dueños de los frigoríficos y le otorga de ese modo un giro de tuerca a la composición del personaje, que observa la historia de los obreros de la carne desde un punto de vista contradictorio: “Odio a estos obreros que nos matan –dice en un momento el toro– pero a la vez los amo, porque gracias a ellos se ha desarrollado esta industria, siempre bajo la sombra vigilante de los patrones”.
Sin embargo, el relato de la historia de la industria cárnica no le da la razón al semental yendo al muere sino que, por el contrario, muestra la creación de la riqueza de los grandes frigoríficos realizada por obreros y obreras. Se detiene en las líneas de producción de la fábrica de carne envasada más grande del mundo instalada en Entre Ríos, el desarrollo de una tecnología de concentración de las virtudes proteicas en aquellas latas que alimentaron a los ejércitos de las dos guerras mundiales del siglo pasado y que, sin embargo, veían el producto de su fuerza de trabajo esquilmado por los gerentes ingleses que, un buen día, abandonaron Liebig, pueblo hoy casi fantasma luego de que en su esplendor se faenaran 1.500 vacas por día.
 
En su recorrido del campo hacia su propio final, el toro también repasa la historia de los grandes frigoríficos de Berisso, y rescata la acción desconocida de María Roldán, primera delegada obrera de la carne, que encabezó junto a Cipriano Reyes las movilizaciones, que le impusieron a las patronales vacaciones, aguinaldo, comisiones internas y que culminaron con el 17 de octubre de 1945 y la liberación de Perón.
 
Sobre el final del film –y del toro mismo– el documental registra la historia de un frigorífico recuperado por sus trabajadores y reconvertido en cooperativa, una forma que en medio de la crisis económica también plantea discusiones entre los propios trabajadores, que sufren también los efectos de la crisis capitalista de los que no escapa el híbrido cooperativo en medio de un régimen que tiende a la precarización de los derechos obreros.
 
Narrada por la voz parsimoniosa de André que anima al toro protagonista de esta combinación de documental y ficción (que cuenta, además, con un gran archivo fílmico), la historia de los obreros de la industria cárnica es contada de un modo original y muestra a la vez una porción importante de la historia de la Argentina, en particular de la quienes producen la riqueza y que alguna vez deberán gobernar esta nación.

Tags: documental, cultura

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