10 de noviembre de 2017 | Por Fabiola Ferro

Humor, música y vida cotidiana: puntadas inexploradas del Octubre ruso y después

Crónica y video del debate con Eduardo Grüner, Alejandro Vainer y Tomás Varnagy.
Con la presencia de tres destacados intelectuales –Eduardo Grüner, Alejandro Vainer y Tomás Varnagy–, la mesa “Iconografía, cotidianeidad, música y humor en el Octubre Ruso y después” del Seminario "A cien años, vigencia de la Revolución de Octubre" se abocó durante 2 horas a debatir temas que aparecen muchas veces como marginales en la historiografía.
 
Pero, como planteó Eduardo Grüner, “1917 condensa capas de significación inagotables,es un tejido fino donde cada puntada contribuye a la trama total y a su vez se destaca de ella”. Hay muchas maneras de historizar, pero la mayoría de las veces los historiadores excomulgan de la historia las vacilaciones e incertidumbres del sentido y del saber, y olvidan la importancia de los detalles aparentemente menores, de esas puntadas, que se pierden en ese fárrago de barro, sangre y vértigo que suelen ser las revoluciones.
 
El hecho de que los problemas de la vida cotidiana o el modo en que son vividas las experiencias artísticas por las personas o el papel político de los chistes aparezcan en los márgenes de los procesos históricos no los hace de ningún modo marginales.
 

Alejandro Vainer planteó una afirmación tan potente como provocadora: “sin música no hay revolución”. La música es mucho más que sonidos, no es solo cultura, sino que es experiencia en la que los cuerpos bailan y cantan. Las revoluciones tienen sus propias músicas; se producen una gran cantidad de canciones colectivas que a su vez cuentan con numerosas versiones en música y letra (en la Revolución Rusa, pero también en la Segunda República Española, en la Revolución Francesa, etc.), y sin embargo la música termina siendo olvidada en los análisis, o suele ser reducida simplemente a su dimensión sonora, sin tener en cuenta que promueve o produce un estado peculiar emocional y una disposición corporal. Si al día de hoy cada vez que escuchamos “La Internacional”, sea la letra que sea, sea en el idioma que sea, la orquesta parece la misma, no es porque no haya habido apropiación y creación colectiva y múltiples versiones, sino porque justamente el stalinismo se ocupó muy bien de homogenizar y reprimir toda esa experiencia vital que supone la música en los procesos revolucionarios.
 
Tomás Varnagy se abocó al papel que tuvieron los chistes políticos clandestinos en tanto expresión cotidiana, oral, enormemente popular que socavaba y desmentía al régimen desde Stalin a Gorbachov. El valor disruptivo de los chistes es, en términos generales, conocido. El papel político, un poco menos. Pero lo particular en el caso soviético es que emergió una palabra, “anekdot”, para denominar esa práctica que se movía en los márgenes y del mismo modo que los rumores, burlándose de aspectos de la vida cotidiana y de los eventos políticos más importantes. El hecho de que existiera una palabra específica no es menor: la práctica prohibida y penalizada por el régimen no sólo no desapareció, sino que logró instalarse de tal modo que se “ganó” un nombre propio. De hecho, después de la disolución de la URSS desaparecieron este tipo específico de chistes.
 
La mesa, de conjunto, tomó el problema de cómo tantas veces al pensar el Octubre Ruso se oculta o desplaza lo que está en los márgenes como si fuera marginal. Sin embargo, los problemas de la relación entre vida cotidiana y revolución, la posibilidad de acumular en términos revolucionarios para la clase obrera también desde las artes como la literatura o el afichismo, desde la experiencia de la música, o la posibilidad de resistir desde los chistes, son ilustrativos a la hora de intentar entender las puntadas en la trama más general, a la vez que demuestran que 1917 no ha terminado: el campo específico de la vida cotidiana y de la cultura (en sentido general) no ha sido analizado en toda su potencialidad en tanto lugar que puede contribuir a la acumulación política de la clase obrera. Todavía hay una inmensa tarea pendiente.

 

Tags: cultura, revolucion-rusa

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