27 de octubre de 2017 | Por Luciano Arienti

La Revolución de Octubre y el psicoanálisis

De la revolución a la reacción stalinista, auge y caída de la disciplina en Rusia. Reflexiones sobre "El psicoanálisis en la Revolución de Octubre", el nuevo libro de Editorial Topía.
Recientemente, la Editorial Topía publicó el libro “El psicoanálisis en la Revolución de Octubre”, que reúne trabajos actuales de autores nacionales (Eduardo Grüner, Alejandro Vainer, Hernán Scorofitz, Juan Carlos Volnovich, Juan Duarte) con otros de autores soviéticos (Alexander Luria, Lev Vygotski) y cuenta con la compilación de Enrique Carpintero.
 
El lanzamiento de este material, que será presentado en la Facultad de Psicología el próximo 2 de noviembre*, resulta una oportunidad valiosa para revisitar este vínculo.
 
Orígenes
 
Al igual que con otros ámbitos y disciplinas culturales y científicas, el gobierno revolucionario surgido luego de la Revolución de Octubre impulsó y financió tempranamente el desarrollo del psicoanálisis en Rusia. (1)
 
Así, el naciente Estado obrero recibió con los brazos abiertos a los psicoanalistas que regresaban de la emigración y los colocó, junto a quienes habían permanecido en Rusia, al frente de clínicas y cátedras universitarias, brindando una libertad para el ejercicio profesional que contrastaba con el sistema europeo.
 
Además de brindar atención psicológica en centros públicos, se permitió que tanto los psicoanalistas como los directivos pudiesen ser psicólogos u otros profesionales no-médicos, un derecho que aún hoy no está garantizado plenamente en Argentina.
 
Tal vez el punto más alto fue la conformación del “Hogar de Niños” en 1920, un centro experimental de atención psicológica y educativa para niños. Nutrido de hijos de funcionarios (incluyendo uno de Stalin), su objetivo era dar cuenta de la crisis en la infancia, consecuencia de años de guerra. Combinando el tratamiento psicoanalítico con valores educativos colectivos, dio origen a la Paidología.
 
Esta experiencia contribuyó a la creación, en 1923, de la Sociedad Psicoanalítica de Moscú, la primera y única institución psicoanalítica estatal del mundo. La iniciativa incluía la fundación de una editorial, también estatal, para la difusión de obras de psicología y psicoanálisis. La sección de Moscú fue la tercera en ser reconocida como formadora de analistas por la Internacional Psicoanalítica de Sigmund Freud, sólo precedida por Viena y Berlín.
 
En estos emprendimientos (y en muchos otros) resuenan con fuerza los nombres de Sabina Spielrein, Vera Schmidt y Tatiana Rosenthal. Las psicoanalistas rusas fueron las primeras mujeres en realizar una contribución significativa a esta disciplina. (2)
 
Controversias y debates
 
La apuesta de la Revolución por el psicoanálisis tiene un valor adicional, porque se trataba de una disciplina no sólo de vanguardia, sino también rupturista.
 
Su base social era la intelectualidad progresista, que veía en el psicoanálisis una crítica a la moral y sexualidad burguesa. Se contraponía con la psiquiatría rusa referenciada en Pavlov (premio Nobel 1904), que consideraba al psicoanálisis una desviación germanófila y semita.
 
Por eso, el impulso más decidido vino de aquellos dirigentes bolcheviques que habían vivenciado el psicoanálisis en Viena, como Trotsky y Ioffe (3). También despertó simpatías en Radek, Bujarin, Lunacharsky y Krupskaya, entre otros.
 
La política de los bolcheviques hacia los psicoanalistas permitió un acercamiento de este sector social e incluso su reclutamiento a las filas partidarias. Otra fue la historia de sus colegas europeos, incluso de los llamados “freudomarxistas”, que abrazaron mayoritariamente la socialdemocracia y repudiaron la revolución. (4)
 
A pesar del sostén material y de los tempranos éxitos, ningún miembro de la dirección del Partido Bolchevique se pronunció por un apoyo teórico definitivo al psicoanálisis. Incluso el más freudiano, León Trotsky, abogaba por una fusión imposible entre la reflexología de Pavlov (dominante en Rusia) y el psicoanálisis. Sus cañones apuntaban, en especial, a los seguidores de Pavlov, quienes rechazaban las teorías del inconciente y la sexualidad infantil (5) (6) (7). La crítica de Trotsky, aunque bienintencionada, pasaba por alto incompatibilidades epistemológicas de fondo. Más aún, no tenía en cuenta las diferencias académicas y sociales de ambos sectores. El intento de crear una nueva ciencia de la mente de carácter total por mera exhortación, eludiendo el largo camino de una confrontación teórica y formativa, se demostró apresurado.
 
Pronto, la reacción restauracionista encabezada por Stalin hizo lo suyo con el psicoanálisis. Se lo tildó de ciencia burguesa, incompatible con el marxismo y promotora de desviaciones sexuales. El apoyo de Trotsky al psicoanálisis y la adhesión de algunos psicoanalistas a la Oposición de Izquierda fueron utilizados por el stalinismo como un elemento contra la disciplina. La depuración científica alcanzó a sus exponentes más destacados, que fueron perseguidos, deportados y asesinados. El psicoanálisis fue prohibido oficialmente en la Unión Soviética en 1933.
 
Algunas conclusiones
 
Si, a pesar del promisorio potencial demostrado durante los primeros años de la Revolución, el psicoanálisis no logró obtener la posición dominante en el Estado obrero que sí había conquistado en Europa, no se debió (solamente) a sus límites epistemológicos, sino al bloqueo científico operado por las mismas fuerzas sociales restauradoras que pusieron en pie al stalinismo.
 
Lejos de los debates vulgares entre ciencia “burguesa” o ciencia “proletaria”, la Revolución Rusa atrajo a los mejores intelectuales de su tiempo, es decir, a aquellos sectores con el conocimiento tecnológico adecuado, para que volcaran sus energías en la resolución de las grandes necesidades de los trabajadores.
 
Finalmente, la intervención activa de los trabajadores y su elevación material e intelectual, en el marco de un gobierno propio, es la única garantía para un debate científico democrático y sin restricciones.
 
* La presentación del libro tendrá lugar el jueves 2 de noviembre, a las 19:30hs, en la sede de la Facultad de Psicología UBA de Av. Independencia 3065. Participarán Enrique Carpintero, Eduardo Grüner y Hernán Scorofitz, con la moderación de Ileana Celotto.
 
**Imagen: La "guardería blanca", jardín de infantes regido por los principios del psicoanálisis y fundado por Sabina Spielrein y Vera Schmidt.
 
Notas:
 
(1) Carpintero, E. (2017). "Los freudianos rusos y la Revolución de Octubre" En E. Carpintero (Ed.) El Psicoanálisis en la Revolución de Octubre. Buenos Aires. Topía.
 
(2) Volnovich, J. (2017). Sabina Spielrein. "Expropiación intelectual en la historia del psicoanálisis". En E. Carpintero (Ed.) El Psicoanálisis en la Revolución de Octubre. Buenos Aires. Topía.
 
(3) Trotsky, L. (1929). Mi vida. Buenos Aires. Antídoto.
 
(4) Vainer, A. (2017). "La Revolución Rusa y sus resonancias entre psicoanalistas europeos". En E. Carpintero (Ed.) El Psicoanálisis en la Revolución de Octubre. Buenos Aires. Topía.
 
(5) Ver Scorofitz, H. (2017). "León Trotsky, el freudiano de la Revolución de Octubre". En E. Carpintero (Ed.) El Psicoanálisis en la Revolución de Octubre. Buenos Aires. Topía. Entre otros textos de León Trotsky, allí se encuentra citada la carta que le escribiera a Pavlov en septiembre de 1923: "Honorabilísimo Ivan Petrovich: Perdóneme que con la presente carta me permita venir a arrancarle de sus trabajos, de una importancia excepcional. Presentaré como excusa que su tema, aunque abordado como diletante, tiene en mi opinión una relación directa con la teoría fundada por usted. Se trata de las relaciones recíprocas entre la teoría psicoanalítica de Freud y la teoría de los reflejos condicionados. Durante los varios años de mi estancia en Viena, me codeé bastante con los freudianos; leía sus trabajos y frecuentaba incluso sus reuniones. En su forma de abordar los problemas sicológicos siempre me sorprendió el hecho de que iban de un realismo psicológico a un análisis casi literario de los fenómenos psíquicos. En el fondo, la teoría psicoanalítica está basada en el hecho de que el proceso psicológico representa una superestructura compleja fundada sobre procesos psicológicos, respecto a los cuales se halla subordinado. El lazo entre los fenómenos psíquicos “superiores” y los fenómenos fisiológicos “inferiores” permanece, en la aplastante mayoría de los casos, subconsciente y se manifiesta en los sueños, etc. Su teoría de los reflejos condicionados, en mi opinión, engloba la teoría de Freud como un caso particular. La sublimación de la energía sexual -tema favorito de la escuela freudiana- es una creación que descansa en las bases sexuales de los reflejos condicionados, n + 1, n + 2 y siguientes. Los freudianos se parecen a personas que miran en un pozo profundo y bastante turbio. Han dejado de creer que ese pozo es un abismo (el abismo del “alma”), ven o describen el fondo fisiológico y construyen toda una serie de hipótesis ingeniosas e interesantes, pero arbitrarias desde el punto de vista científico, sobre las propiedades del fondo, al determinar la naturaleza del agua en el pozo. La teoría de los reflejos condicionados no se contenta con métodos semicientíficos y “semiliterarios”, con observaciones hechas de arriba abajo, sino que desciende hasta el fondo y vuelve experimentalmente hacia lo alto"
 
(6) Trotsky, L. (1932). ¿Qué fue la revolución rusa? Buenos Aires. El Yunque.
 
(7) Trotsky, L. (1926). Cultura y Socialismo. En Cuadernos Filosóficos (compilación). Buenos Aires. Ceip.
Tags: psicologia, centenario-revolucion-rusa

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