17 de julio de 2017 | Por Fede Silvero

Barracas: nuevo caso de gatillo fácil

El pasado sábado, en horas de la madrugada, Cristian Toledo volvía con sus amigos de bailar cuando, tras un altercado verbal con el conductor de otro vehículo, este último comenzó a perseguirlos. En el cruce de Vélez Sarsfield y Santo Domingo, finalmente, comenzó a disparar.
 
El conductor sería luego identificado como Adrian Gustavo Otero, perteneciente a la división bomberos de la Policía de la Ciudad. Los peritajes concluyeron que efectuó ocho disparos a corta distancia, uno de los cuales causó la muerte a Cristian. Otero no estaba de servicio y no tenía por qué estar armado. En su auto, también se encontró un cuchillo y gas pimienta. Estas fueron las únicas armas incautadas en la escena.
 
A Cristian, vecino de la Villa 21-24, lo apodaban “el paragüita”, tenía 22 años, y trabajaba en la ferretería del barrio. Todos lo conocían, y por eso nadie cree la versión de Otero, que alega haber creído que iba a ser víctima de un intento de robo. Una persecución de seis cuadras y ocho disparos no puede considerarse jamás “legítima defensa”.
 
Al bajarse del auto, uno de los otros dos pasajeros pidió a Otero que le permitiese llevar a Cristian, ya baleado pero aún vivo, al hospital. Otero respondió que no. Los vecinos de la villa 21-24 se encuentran abocados a la coordinación de acciones para visibilizar el caso y exigir justicia, y el domingo se movilizaron a la Comisaría 30.
 
No es un caso aislado: en 2013, fue acribillado Kevin Molina, en el medio del fuego cruzado de dos bandas narcos. En ese entonces, fue el responsable de Seguridad, Sergio Berni, el apuntado por los vecinos y organizaciones del barrio como el principal responsable por el accionar del delito organizado y la negativa de la policía de ingresar al barrio a asistirlo.
 
En septiembre del año pasado, dos chicos de La Garganta Poderosa fueron víctimas de torturas por la policía Federal y la Prefectura de la Villa 21-24. 
 
Denunciamos el accionar del Estado en los barrios por medio de su aparto represivo. El barrio se encuentra militarizado. Fue el acuerdo del llamado Operativo de Cinturón Sur que colmó con policías, prefectos y gendarmes las villas de la ciudad.  Venimos denunciando todos los casos de represión brutal hacia la juventud en los barrios, en particular en la Villa 21-24.
 
El caso de Adrián Otero es una nueva manifestación de oprobio para una institución entrelazada con el delito, como lo demostró la reciente salida de la fuerza del ex jefe José Potocar por integrar una asociación ilícita que extorsionaba a comerciantes de la zona norte. Como hemos dicho en otros artículos, “la condición mafiosa de la Policía Federal está en el ADN de la ‘nueva’ Policía de la Ciudad, creada con el voto favorable de los bloques macrista, kirchnerista y de Martín Lousteau. El Frente de Izquierda se opuso a este ‘paquete tóxico’ que recogió la Ciudad, que significó entregarle la seguridad porteña a una fuerza podrida hasta la médula, con casi 500 casos de gatillo fácil desde 1983 hasta la fecha sobre sus espaldas”.
 
Basta de gatillo fácil e impunidad. Abajo el ajuste y la represión.
 
Tags: Cristian-toledo, gatillo-facil

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