11 de enero de 2018 | Por Carla Deiana

Cacho Castaña, la “gente que atrasa” - y la gente que no

El extendido repudio popular a las nefastas declaraciones del tanguero de la farándula, “Cacho” Castaña, por llamar a las mujeres violadas a no resistirse ni luchar frente a las violaciones (“relájate y goza”) le dan continuidad a toda una línea de pensamiento y conducta de un individuo amigo del poder y que, como tal, no ha dudado en salir siempre en defensa del lado oscuro de la vida social.

Este llamado a la sumisión frente a todo el abanico de posibilidades de la opresión humana, considerando que parte de tolerar una de las formas de violencia más extrema que puedan existir, el abuso sexual, tiene sus antecedentes, como cuando se pronunció por la pena de muerte y la “justicia” por mano propia, en esto siguiendo la línea de su tema “Si te agarro con otro te mato”. Actualizando sus posiciones reaccionarias, no dudó en calificar las movilizaciones populares frente a la desaparición de Santiago Maldonado como “barullo por la desaparición de un tipo”.

En el mismo reportaje en el que justificó las violaciones, llamó a reinstaurar el servicio militar obligatorio y se pronunció sobre el debate central que recorre el país: las luchas contra las reformas del gobierno. “Yo no creo que este gobierno persiga a nadie”, dijo, mientras siete personas, entre ellas nuestros compañeros César Arakaki y Dimas Ponce, se encuentran detenidos por haber estado en la primera línea del reclamo popular contra el robo a los jubilados y es evidente la escalada represiva contra los luchadores.

Misógino y macrista

Estas declaraciones son indisolubles de los vínculos económicos de Castaña con el PRO, que financió generosamente sus presentaciones, incluso en el Teatro Colón. Las “relaciones culturales” incluyen amistosas relaciones políticas, por caso, Rodríguez Larreta, siendo Jefe de Gobierno, ofició de juez de paz del casamiento de Castaña; Macri lo recibió en visita oficial en la quinta de Olivos; Raúl Martins, ex SIDE y sindicado como financista del PRO, se sacó una foto con él en un prostíbulo de su propiedad donde eran explotadas niñas de 14 años, según denunció su hija, Lorena M.

Esto explica la tibieza de las “feministas” del PRO que ocupan cargos en el Instituto de la Mujer, que no apelaron, como suelen hacerlo, al recurso de las declamaciones para ocultar que están recortando el presupuesto específico del área de asistencia a la mujer y despidiendo a sus trabajadoras. El tibio “llamado a la reflexión” de Fabiana Túñez fue groseramente complementado por la vocera del área de Comunicación (¡!) del INAM, quien declaró en Radio Continental que los dichos de Castaña eran menos graves que los de Gustavo Cordera porque se dieron “en un contexto jocoso”. Parece que a la funcionaria macrista no la “sensibilizan” los chistes sobre mujeres violadas.

Avelluto: misoginia y represión

Con todo, lo más grotesco del affaire Castaña lo protagonizó el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, en el programa de Mariano Iúdica.

No sólo minimizó los dichos, tildándolos de “torpeza”. Para el principal responsable del área de cultura del país “el Estado no puede hacer nada contra la cultura machista, sino que dependemos de las futuras generaciones”, como si las ideas cayeran del cielo y no de las instituciones que conforman el andamiaje del aparato del Estado (legislación, escuelas, institutos, centros culturales y deportivos, etc.), incluida por supuesto, la relación entre ese Estado y la Iglesia.

Avelluto pretende ignorar que la concepción de la mujer en la que se educa a la población favorece los negocios capitalistas que el Estado capitalista protege, como sucede con la industria de la explotación sexual. Por el bien de las futuras generaciones, Avelluto debería renunciar.

Como si estas barbaridades fueran pocas, al mejor estilo de Patricia Bullrich, Avelluto lanzó un ataque artero contra el Partido Obrero, comparando los dichos misóginos de Cacho Castaña con los militantes presos de nuestro partido. “Hay gente que atrasa” aseveró el ministro, colocando un signo igual entre el abusador Castaña y los luchadores del 18 de diciembre. La “modernidad”, según el bien alimentado ministro, estaría representada por el robo a punta de pistola sobre los ingresos de 17 millones de personas.

Avelluto intenta borrar con el codo que la real violencia política provino de las altas esferas del gobierno, que impulsaron la brutal represión contra los 300 mil manifestantes que llenaron el centro de la ciudad contra las reformas previsional y tributaria. Avelluto siguió además el guión de Patricia Bullrich, para quien una caña que se utiliza para portar las banderas se convierte en una lanza y un fuego artificial es un mortero de guerra.

Castaña y nuestros compañeros son dos expresiones de una misma época, no el pasado sino el presente, pero como polos opuestos, uno reaccionario, otro revolucionario. Ambos conviven como tendencias en lucha, el gobierno y sus socios –gobernadores, parlamentarios, burócratas- forman parte del polo conservador, precisamente ese que se vale de la opresión de la mujer para mejor dominar a las masas laboriosas.

César Arakaki, Dimas Ponce, los luchadores detenidos, enfrentaron, objetivamente, como integrantes de una movilización de masas contra una ofensiva capitalista, a todo un régimen de explotación social y con ello también la barbarie contra la mujer. Son la potencial negación de los Castaña del mundo.

Es por ello numerosas organizaciones de mujeres, de todos los espectros políticos, se han pronunciado por su libertad y el fin de la persecución a los luchadores.

Tags: Cacho-Castaña, macri

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