12 de agosto de 2017 | Por Soledad Sosa, Diputada Nacional del PO-FIT

Mendoza: crece el flagelo de las "niñas madres" por violación

El Estado y la Iglesia son responsables de esta barbarie social
En dos días se dieron a conocer en Mendoza dos casos aberrantes de niñas embarazadas,  menores de 10 y 11 años, producto de violación intrafamiliar. Las dos llegaron acompañadas de sus madres a los hospitales públicos por dolores abdominales, donde fueron anoticiadas del vejamen ocurrido y de una gestación de 32 semanas, es decir 8 meses y 6 meses respectivamente. En las últimas horas se suma un tercer caso, de una joven de 15 años violada por un familiar, al que ella misma denunció (no se encuentra embarazada pero pasa a engrosar el número de denuncias por este delito).
 
Cabe aclarar que el aborto no punible, ha devenido en abstracto en ambos casos por el grado de gestación, por lo que debe prevalecer urgentemente el criterio médico para preservar la salud de las menores y de los bebés, evitando las agresiones que implicaría un parto a término en cuerpos de niñas.
 
Estos casos salen a la luz a un mes de las estadísticas de Unicef, que revelan que cada 3 horas una nena entre 10 y 14 años es madre en Argentina. Si bien este organismo fija como causales la falta de educación sexual y la marginalidad, no señala las responsabilidades políticas y de clase que hacen que esta barbarie sea una realidad extendida en nuestro país, América Latina y  el mundo, empezando por las violaciones cometidas por las tropas de invasión de la ONU sobre las mujeres y niñas de los países oprimidos.
 
Un régimen abusador
 
La barbarie llegó desde el momento en que la niña fue violada, y ahora se agrava con un destino condenado a parir un niño siendo niña. El violador es el responsable penal directo, sin embargo no podemos desmerecer el rol del Estado y la Iglesia que hacen perpetuar estos delitos en todo el país.
 
El primer caso difundido públicamente por el procurador de la Corte de Mendoza, Alejandro Gullé, vocero del gobernador Alfredo Cornejo en el Poder Judicial, fue en tono de amedrantamiento y de mensaje aleccionador para el conjunto de las mujeres. Expresó que nadie del entorno familiar de la nena "se animaría a pedir un aborto" y que los médicos, además, pueden acudir -en el caso de solicitarlo- a la “objeción de conciencia”.
 
Meses atrás, el mismo Procurador había declarado que "el único delito que no pueden aminorar en Mendoza es el abuso sexual, por darse al interior de la familia".
 
Mendoza está siendo noticia en materia de violaciones perpetradas por curas pedófilos como en el caso Próvolo, el cura Rodríguez: estafador y abusador, o el cura Pato Gómez de Malargüe que convocó a levantarse en armas contra la educación sexual.
 
¿Qué han hecho el Estado y sus gobiernos frente al flagelo de las violaciones? Han llevado adelante un endurecimiento de penas a los condenados, un cuello de botella en un régimen que avanza en un carácter abiertamente confesional al sostener a la Iglesia como partícipe de los contenidos educativos, institución que es a la vez la principal opositora  a una educación sexual que escape del perverso mandato social de la maternidad.
 
La resistencia a la educación sexual científica y laica se impone desde el Estado capitalista en  los primeros años de vida social de los niños: en la escuela. Luego, en el ámbito de la salud -donde la
cúpula clerical dirige los comités de bioéticas de los hospitales-comienza la resistencia al aborto legal, resistencia  que es acompañada por la justificación jurídica y la difusión mediática en tono amarillista.
 
Antes de activar un programa de detección del abuso infantil en el ámbito educativo y de la salud, ambas atravesadas por el vaciamiento y el ajuste,  lo que se activa es el mecanismo de disciplinamiento que silencia, encubre y oculta las aberraciones de un régimen de opresión.
 
La descomposición del capitalismo nos trae tragedias como éstas. Ponerle un freno a las violaciones, a los embarazos en niñas,  implica una transformación profunda, una revolución,  de las relaciones sociales. El camino del Ni Una Menos, de la lucha callejera que apunta a las responsabilidades estatales en la violencia de género, ataca directamente las pautas culturales que se levantan a partir del rol de la mujer en el sistema capitalista:  desde niña para el hombre es un objeto de dominación, de propiedad, que no puede modificar su destino por la condena social de ser reproductora de la mano de obra.
 
El del Ni Una Menos el camino que debemos profundizar, uniendo a toda la familia en una lucha revolucionaria empezando por la separación de la Iglesia del Estado, por la defensa de la educación y la salud  pública, gratuita y laica, por una vivienda para todas las familias obreras, por el trabajo, el salario, los jardines infantiles. 
 
 La lucha contra el ajuste y la descomposición social que ofrece, tiene que fusionar el reclamo de todos los oprimidos empezando por los niños. 
Tags: mendoza, aborto, violacion, #niunamenos

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