15 de julio de 2017 | Por Christian Rath

El “golpeteo táctico” de la burocracia sindical: una marcha forzada y a cuarenta días

Todas las declaraciones de la burocracia sindical previas al desalojo de Pepsico no preveían marcha ni paro alguno. Luego del paro del 6 de abril, la burocracia depositó expectativas de cohesión en las PASO y apostó a insertarse en las listas electorales, lo que suponía abandonar toda continuidad en la movilización. Siguió la línea que planteara Héctor Daer, uno de los triunviros de la CGT: “tenemos la responsabilidad de construir algo para ganar en octubre…sería más fácil ganarle al gobierno en las urnas que hacer un nuevo paro” (Terapia de Noticias LN, 5/5). La apuesta terminó en un colapso, ante la disgregación del peronismo y el absoluto desinterés de los aparatos políticos de oficialismo u oposición en sumar representantes de un sector odiado por la población y, lo más importante, crecientemente desautorizado por el movimiento obrero.
 
Es decir, la marcha para el 22 de agosto le fue impuesta a la burocracia sindical por el desalojo violento de Pepsico y la conmoción que produjo en la población, que no solo se refiere a la represión sino al maridaje del gobierno con la patronal norteamericana, que incluye un acuerdo para autorizarle las importaciones desde Chile que reemplazarán parte de lo producido en la planta de Florida (Ámbito Financiero, 14/7).
 
Es un paso forzado que no rompe la línea de colaboración y tregua con el gobierno, lo que se ocupó de precisar el ala supuestamente combativa del triunvirato, Schmid. Primero, tomó argumentos del mismo presidente para atenuar la crítica sobre despidos y suspensiones: “el impacto que tiene hoy la desocupación está mayoritariamente en la franja industrial y no tiene el mismo impacto en otros lugares de la economía y por eso hay que aunar criterios”. Segundo, hizo profesión de fe de que la burocracia sindical se alinea en el planteo de subordinar su accionar al Congreso, que es el mismo que ha viabilizado el ajuste oficial. Dijo, con un giro literario que puede hacer historia: “lo que nosotros tenemos que hacer es un golpeteo táctico y estratégico que permita influenciar en el resultado electoral” (Página 12, 14/7). Hace muchos años, Augusto Vandor popularizó la frase “paro y luego negocio”, lo que prueba dos fases históricas de una capa parasitaria enemiga mortal de la independencia obrera y de la lucha antipatronal, agencia del capital. Dos fases, sin embargo distintas porque la tendencia que alumbró en el Cordobazo se está expresando con una perspectiva más rica y más consecuente, por el agotamiento del peronismo, la continuidad de la rebelión antiburocrática a pesar de los golpes que recibe el movimiento obrero y el impasse capitalista.
 
No curiosamente, la estrategia de la burocracia de la CGT coincide con la esbozada por CFK, partidaria de un programa destinado “a ponerle límites al gobierno” desde el Congreso y que acaba de desautorizar una marcha que sus militantes sindicales habían programado para el 7 de agosto.
 
El movimiento obrero debe levantar la vista y mirar hacia Brasil. La reforma laboral aprobada por el Congreso allí es un intento de retorno a las condiciones del trabajo cien años atrás y constituye la “plataforma” que este gobierno le reserva a la clase obrera.
 
Todo y todos por la victoria de cada lucha antipatronal y antiburocrática. Por la ocupación de toda fábrica que suspenda o cierre, por el reparto de las horas de trabajo, paro activo nacional, congreso de bases.
Tags: cgt, paso, pepsico

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