15 de julio de 2017 | Por S.V.

El paro en la línea 60, un conflicto clave

Contra la inseguridad y la defensa de los puestos de trabajo.
La asamblea de trabajadores de la línea 60 resolvió el paro del servicio por tiempo indeterminado, reclamando la observancia de normas de seguridad en cabeceras y el mantenimiento de las unidades, cuyo incumplimiento viene siendo sistemáticamente denunciado por el cuerpo de delegados “desde antes y después del asesinato de nuestro compañero David Ramallo, por exclusiva responsabilidad del grupo DOTA” – como dice el comunicado de dicho cuerpo. Y agrega, “los trabajadores de la línea 60 no podemos arriesgarnos a tener que lamentar la muerte de otro compañero ni la de ningún pasajero”.
 
Efectivamente, en septiembre del 2016, el deslizamiento de un colectivo, por defectos prevenibles, en el taller de la cabecera Barracas, ocasionó la muerte de Ramallo provocando la reacción impotente y desesperada de sus compañeros, que irrumpieron indignados y violentamente en las oficinas de la patronal, mientras su compañero agonizaba delante de ellos. Se agregaba a la bronca obrera la revelación de que las instalaciones de la cabecera, recién inaugurada, no estaban habilitadas y que la empresa había adulterado las certificaciones correspondientes. A partir de entonces la empresa intenta, hasta la actualidad, encubrir su responsabilidad criminal, con despidos y sanciones de trabajadores, incluyendo juicios penales por “desmanes” que habrían ocurrido ese día. Esto es, busca chivos expiatorios de las graves falencias mencionadas, las cuales aún hoy no se corrigieron –esto comprobado por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo.
 
Un largo procedimiento en el Ministerio de Trabajo y en la Justicia culminó estos días con la confirmación de los despidos, una vez que la jueza interviniente levantó una medida cautelar con la que había obligado a reincorporar, transitoriamente, a los cesantes. La combinación de ese estado de inseguridad permanente, con el hecho de que se efectivizaran los despidos, motivó la determinación de ir al paro.
 
Como se ve, el contenido de esta huelga es de altísima significación para la defensa de las condiciones de trabajo y de la seguridad en el servicio, en épocas donde el gobierno y los empresarios las ataca, con políticas anti obreras como la reforma de la ley de ART o la campaña contra los juicios laborales y los abogados y jueces de ese fuero. En esa línea, la patronal de Dota y la jueza interviniente apuntaron a desviar la atención sobre un acto de irresponsabilidad criminal empresaria, hacia un incidente penal por daños y disturbios.
 
El paro actual tuvo un anticipo en otro, de 24 horas, que se produjo dos días antes, casi espontáneamente, en la cabecera Barracas, cuando se negó el trabajo a los despedidos, la totalidad de ellos de esa terminal. Una resolución de asamblea previa estableció que se paraba ni bien un solo trabajador fuera despedido. El hecho de que la conducción de la UTA, vieja enemiga de la combativa 60, apoye las medidas, tiene su base, según trascendidos, en la pugna empresarial por el destino de la línea o por la renovación de su parque automotor.
 
Como se ve, se trata de un importante y complejo conflicto. Todas las organizaciones obreras deben apoyar la acción anti patronal de estos combativos choferes que se colocaron a la cabeza de la lucha más general contra la precarización laboral que se cobra la vida de los compañeros y por la defensa de los puestos de trabajo.
 
Tags: linea60, DOTA, David-ramallo

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