6 de septiembre de 2017 | Por Jorge Altamira

Elecciones: la pelea en la capital

Las Paso habilitaron al Frente de Izquierda y al Partido Obrero a intervenir en las elecciones generales en 21 de los 24 distritos del país. Se trata de una nueva instancia política y no de una repetición mecánica, debido a que ha reconfigurado la participación de las fuerzas políticas en presencia. Una parte más o menos considerable del electorado se ve ahora obligada a replantearse las opciones políticas. Es exactamente lo que ha ocurrido desde que fue implantado este sistema de doble turno, hace seis años. Aunque el piso que establece las Paso para participar en la elección de octubre próximo tiene un carácter proscriptivo, representa al mismo tiempo un examen de la consistencia de las distintas alternativas en disputa. La reconfiguración del escenario electoral no es por lo tanto un accidente político sino una clarificación del cuadro político en su conjunto.
 
Los dos meses que separan a las Paso de las elecciones definitorias inciden también en la reconfiguración de ese cuadro, porque en ese período de tiempo se siguen desarrollando, incluso en forma acentuada, las contradicciones de la etapa en su conjunto, o sea del régimen político, del gobierno de turno y de las fuerzas de oposición. La desaparición forzada de Santiago Maldonado, el volumen y la consistencia de las movilizaciones populares que reclaman por su aparición con vida, como también la respuesta represiva del macrismo a ellas –en particular en la Ciudad como en Córdoba–, tendrán su peso a la hora de decidir el voto en octubre. Lo mismo ocurre con el debate acerca del papel de la escuela en el desarrollo de una conciencia política acerca de la desaparición forzada y el rol de las fuerzas de represión, o con el impacto que tendrá la crisis que ventilan los grandes medios acerca de la permanencia de la ministra Bullrich.
 
La desaparición forzada tampoco es el único factor en juego: la política económica ha comenzado a enfrentar límites más severos; se ha puesto de manifiesto un frente patronal poderoso que exige la destrucción del derecho laboral ‘a la brasileña’; la burocracia sindical ha dado nuevas muestras de descomposición; las Paso bonaerenses han mostrado el declive popular del kirchnerismo; y al final tenemos la crisis mundial, con amenazas de conflictos nucleares, que obligarán a las fuerzas en pugna a definiciones políticas estratégicas.
 
La Capital
 
En este contexto, las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires plantean el desafío de que el FIT consagre su primer diputado nacional en el distrito –Marcelo Ramal. Para asegurar este resultado, el FIT debería aumentar su votación en más del 50%, o sea en más de dos puntos en términos gruesos. El FIT podría capitalizar los votos obtenidos por Claudio Lozano, que quedó afuera de la elección general y enseguida insinuó un voto favorable al FIT. También han quedado a disposición del FIT lo conseguido por el frente MAS-MST. La transferencia integral de estos votos hacia el FIT no está de todos modos asegurada en absoluto, por la simple razón de que no son conjuntos homogéneos y que se decidirán en función de una diferenciación política. En ocasiones similares, las direcciones de esos dos partidos ‘bajaron’ línea de votar en blanco.
 
En un plano más abarcativo, también se encuentran en disputa los votos de la corriente Patria Grande, que quedó muy relegada en la interna del kirchnerismo, o incluso los ‘votos útiles’ de quienes lo hicieron por Lousteau, en un ‘inútil’ intento de repetir la tentativa de derrotar a los candidatos macristas hace dos años. Lousteau ha abandonado la pelea electoral. En una hipótesis ciento por ciento ‘optimista’ este espectro de votantes debería ser suficiente para que Marcelo Ramal ingrese al Congreso. De lo que se trata entonces es de dar una gran pelea política para conquistar los votos necesarios, que de ningún modo se limitan a las trasferencias que podrían otorgar las opciones que fracasaron en las Paso. La pelea debe tener un carácter integral, en el marco de las crisis en desarrollo, que afectan a todas las fuerzas en disputa.
 
Un ejemplo de lo dicho es la ‘auto desaparición voluntaria’ de Elisa Carrió, cuyos emblemas republicanos la han llevado a omitirse, primero, acerca de Santiago Maldonado, y a darle un voto de confianza a la ministra de Seguridad, después, e incluso al jefe de Gabinete, Pablo Nocetti, que orientó la represión gendarme en defensa de la usurpación de tierras del ‘amigo’ Benetton. Clarín, del martes 5, la emprende contra el ‘fracaso’ de Bullrich y revela una crisis de gobierno que tendría por protagonista al vice de Bullrich, Burzaco. Existe un prejuicio generalizado, en especial en la izquierda, de que los gobiernos de derecha y de Ceo’s son homogéneos, cuando en realidad se caracterizan por crisis crónicas y repetitivas, como se ha visto a lo largo de la historia política y de los dos años de macrismo. Denunciar la conducta de Carrió y exponer la crisis de gobierno por la desaparición forzada y el encubrimiento a la Gendarmería, no es solamente una cuestión de principios –es una obligación en la campaña electoral.
 
Lo mismo se debe hacer con la crisis de gobierno, pues lo que ella demuestra es que incluso en el oficialismo hay quienes sostienen, puertas adentro, que ha habido una desaparición forzada. Esta crisis es una evidencia de que ha fracasado el operativo extorsivo de denunciar un ‘retorno a la violencia’, con el pretexto de lo ocurrido al final de las marchas en Ciudad y en Córdoba, que es entera responsabilidad de la represión policial. A partir de aquí, se impone la denuncia política al kirchnerismo, que objeta ahora que la Gendarmería controle los comicios, cuando se trata de la Gendarmería del Proyecto X y de Berni, lo cual pone de relieve la amplitud de la crisis suscitada por la desaparición forzada de Santiago. En resumen, hay que ganar para el FIT a la mayor cantidad de trabajadores que hayan contribuido al 50% de Carrió.
 
Se plantea una gran campaña democrática contra la complicidad del macrismo y sus aliados con la fuerza represiva que cometió una desaparición forzada en el sur del país para proteger a los acaparadores capitalistas de centenares de miles de hectáreas. Las grandes movilizaciones populares en El Bolsón son la evidencia contundente de la lucha de clases que se desarrolla en este terreno.
 
Esta campaña debe formar parte de una campaña en mayor escala contra la reorganización de la Ciudad sobre una base capitalista, que malversa terrenos públicos en beneficio de los especuladores inmobiliarios; destruye el sistema estatal de salud y de educación en función privatizadora y precariza la fuerza de trabajo en el ámbito sanitario y educativo, y en el industrial y comercial.
 
La consigna del control obrero y de los trabajadores tiene el propósito esencial de promover al sujeto social que el capitalismo pretende precarizar, e impulsar, a término, la reorganización socialista del medio urbano. La política de créditos hipotecarios del macrismo, con garantía a los bancos por inflación, llevará a la ruina a gran parte de la población y está al servicio de una especulación que ya tiene prevista su retirada a tiempo, mediante la venta de carteras. Ante la explosión financiera del capital, que tiene alcance mundial, la solución del problema de la vivienda y la política urbana debe quedar a cargo del poder público. La nacionalización de la banca y el control obrero del Banco Central es una necesidad social urgente.
 
Arcoiris porteño
 
La interna abierta de los K capitalinos ha servido como rejunte en las Paso y se ha convertido en escisión enseguida. Ha demostrado inconsistencia como oposición al macrismo porteño, al cual lo une un pacto de ventas inmobiliarias y asociaciones directas, como ocurre con el famoso soterramiento del Sarmiento. La performance de Filmus ha sido mediocre, para decirlo con suavidad, en especial porque en esta ocasión no puede alegar la ‘competencia’ de Lousteau. La candidatura del ministro de Educación de todos los gobiernos, es una rejunte innoble entre la Cámpora y el pejotista, burócrata sindical y empresario Víctor Santa María, que ahora ha sido involucrado en ‘affaire’ de cuentas suizas y que en el pasado fue condenado por la Justicia –y políticamente por la Legislatura– por fraude en construcción de viviendas.
 
A Filmus lo condena el pasado y aún más el presente, pero por eso mismo no tiene condiciones de funcionar como oposición al macrismo. En estos términos, esa condición opositora solamente podría ejercerla el FIT. Refuerza la necesidad de este planteo la confusión que podría haber creado las reuniones que ha estimulado el PTS con CFK –un verdadero tiro al pie contra la campaña del FIT y contra su orientación política independiente del capital. Es necesario evaluar la oportunidad de una “carta abierta” al electorado que votó al kircherismo, para convocarlo a votar al Frente de Izquierda. La izquierda revolucionaria debe esforzarse para que los trabajadores superen en forma consciente al kirchnerismo y al populismo burgués en su conjunto, algo que por otra parte no se puede eludir para quien quiere construir un partido revolucionario de la vanguardia obrera y la clase obrera.
 
El fracaso de Claudio Lozano para atravesar las Paso es la expresión de un fenómeno más general, toda vez que Lozano es un intelectual reconocido y un protagonista importante de la corriente de centroizquierda, que se propuso como relevo de los partidos tradicionales. Desde el pacto Chacho Álvarez-De la Rúa ha venido en declinación y gran parte de ella ha terminado cooptada por el kirchnerismo, por un lado, y por el macrismo y sectores peronistas, por el otro. La declinación se ha manifestado también en Provincia, con el fracaso de la candidatura de De Gennaro. El sindicalismo que adhiere a esta corriente se encuentra en un impasse definitivo; sus activistas enfrentan un desafío –abrir un debate con el PO o buscar refugio en variantes ‘aggiornadas’ de la burocracia, como por ejemplo Palazzo.
 
Más allá de esto, y para explotar en forma positiva la crisis del centroizquierdismo político-sindical, lo que importa para desarrollar las posibilidades de meter a Ramal en el Congreso es promover una campaña de pronunciamientos individuales y colectivos –incluidos plenarios– a favor del FIT –que luego deben ser objeto de una gran difusión en los lugares de trabajo y en el conjunto de la población. El movimiento sindical tiene un peso enorme en la Capital, aunque muchas veces no coincide con el domicilio de residencia del votante. Los pronunciamientos a favor del FIT deberían plantear el rechazo a la destrucción del derecho laboral y reclamar el control obrero de todos los procesos de trabajo; la nacionalización de los servicios públicos; y el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar.
 
Con independencia del reconocimiento al compromiso personal que Luis Zamora exhibe con las luchas en diversas ocasiones, su reiterada candidatura en el distrito no ha servido para desarrollar algún empuje a la organización del pueblo, sino para restar votos a los partidos que sí lo hacen en forma cotidiana. El porcentaje de votos que obtiene, desde una base negativa y estrecha, pone en evidencia la falta de cohesión y unidad política del FIT. La neutralización de esta candidatura pasa por una campaña cada vez más clara, cada vez más enérgica.
 
Conclusión
 
El FIT, el PO y nuestro candidato Ramal pueden y deben ingresar al Congreso en representación de los obreros, los jóvenes, las mujeres y las personas progresistas, que pueblan en forma creciente los contingentes en lucha. Ese ingreso es objetivamente posible. Desde lo estratégico, desarrolla las condiciones objetivas y subjetivas para un cuestionamiento del poder del capital por parte de los trabajadores en lucha. Es necesario contribuir a un debate que mejore la campaña realizada en las Paso. Debemos contrastar con mayor fuerza las posiciones del FIT con la de los candidatos pseudo liberales o ‘populistas’ de la clase capitalista. Es necesario desarrollar las armas de lucha de clases del mundo del trabajo contra la guerra de clases declarada por las patronales y el estado capitalista.
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Jorge Altamira

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