12 de septiembre de 2017 | Por Néstor Pitrola

Una Cristina desesperada se delata

Escribe Néstor Pitrola, candidato a senador del FIT por la provincia de Buenos Aires
Mediante una carta que se pretende vibrante pero roza el ridículo, Cristina plantea una ampulosa unidad opositora… para votarla a ella y a los punteros del PJ que la rodean. Indudablemente se advierte perdidosa en octubre y nota que se le escapa de las manos la trampa electoral de la falsa polarización para la que Macri y Vidal trabajaron laboriosamente. Cristina mendiga recuperar un poder bonapartiano en el peronismo que “ha entrado en el pasado”.
 
La primera idea, vulgar y mentirosa, es que dos de cada tres bonaerenses votaron “para frenar el ajuste”. Ante todo oculta que entre los 48 intendentes que la acompañan con sus candidatos locales y seccionales, entre los Espinoza y los Scioli de sus listas, se encuentran los viejos barones del PJ que transan y transaron con Vidal, así como Yasky que rompió la CTA para subordinarla a su gobierno contra los trabajadores. Oculta también que son los diputados nacionales del Frente para la Victoria o los senadores, o ambos en conjunto, los que hicieron pasar las 84 leyes del ajuste por el Congreso. También que sus gobernadores, incluida especialmente Alicia Kirchner, han replicado en sus provincias el “GRAN ajuste” al que se refiere en la carta.
 
Ajuste y pejotismo
 
Pero en el “dos de cada tres”, Cristina blanquea a Massa, Stolbizer y Randazzo. Los dos primeros han sido la bisagra fundamental que abrió las puertas de la “coalición del ajuste”, tanto en el Congreso como con el cogobierno en la Provincia de Buenos Aires, donde el massista Jorge Sarghini fue el Emilio Monzó de la provincia. Vidal tercerizó en el massismo la presidencia de la Cámara de Diputados, por la que pasó su presupuesto del ajuste a la educación, la salud y la obra pública. Cogobernaron la provincia que hoy tiene seis millones de hectáreas inundadas, resultado de la falta de obras de décadas, de la especulación inmobiliaria y de la sojización, de la que son todos tributarios.
 
Randazzo fue el ministro de la ley ferroviaria, privatista de última generación, y de los acuerdos de desindustrialización con China que ha revalidado Macri.
 
Cristina, como Agustín Rossi en Santa Fe, o como el kirchnerismo mendocino, se delata como lo que no superó ni dejó de ser nunca, es decir una variante del PJ. Un PJ dominado hoy por los gobernadores del ajuste, porque esa es la orientación del conjunto de la clase capitalista para la que gobernó Cristina y seguirá siendo su eje social. No casualmente ella misma hizo la primera ley de ART pedida por la UIA que después completó Macri. No casualmente pagó a precio de oro la deuda con el Club de París y la indemnización a Repsol, la vaciadora de YPF. No casualmente fue ella misma pagadora serial de una deuda que hoy denuncia, pero que no investigó, que le llevó al país en la “década ganada” 200 mil millones de dólares y lo dejó endeudado por 244 mil. Hablamos de la friolera de 100 mil millones de dólares más que cuando el kirchnerismo asumió.
 
Ajuste y burocracia sindical
 
Cristina se queja de la división de las organizaciones sociales. Encubre que el trío de la “emergencia social” es una variante de la cooptación que ella practicó y que por eso el Movimiento Evita se fue del kirchnerismo. Promueve el apoyo a su lista de la CGT, y ya logró el apoyo de Héctor Daer, el triunviro que ni siquiera quiso subir al palco de la movilización del 22 de agosto con la que la burocracia sindical pejotista –que ella reivindica– canceló toda lucha contra el GRAN ajuste.
 
La historia se repite. Ella llamó “sindicalista que construye” a Pedraza, autor intelectual del asesinato de Mariano Ferreyra; tuvo a los Daer y Caló como la CGT oficial del kirchnerismo, hasta el último día de su gobierno. Ella dice que “las alternativas a este gobierno se forjan desde la calle, las urnas y las instituciones”, pero se pliega a la tregua infinita de la burocracia sindical; llamó, incluso, al puñado de sindicalistas fieles a que no saquen los pies del plato. Cristina es por definición enemiga de que la clase obrera irrumpa en una lucha de clases para derrotar el ajuste, a sabiendas que es la única fuerza social realmente opuesta y capaz de quebrarlo.
 
Su política es ciertamente común con los Massa y los Randazzo, en tratar de ganar el favor de la UIA, de los bancos, las mineras y petroleras, de los exportadores y aun de la burguesía agraria, para que comprendan que ella integra un tándem más adecuado para aplicar el ajuste y contener a los trabajadores.
 
Justamente se delata del todo cuando propone “frenar la dureza del ajuste” mediante un plan de emergencia en el Congreso. La propia UIA ha planteado que la reforma laboral sea consensuada de manera tripartita entre gobierno, empresarios y sindicalistas, para hacerla pasar, como hasta ahora. El gradualismo (en lugar de la “dureza”), ya hemos visto que no absuelve a los trabajadores de pagar la factura de la bancarrota capitalista, sólo se la hace pasar mejor. Y está el propio Macri para eso.
 
El hiperendeudamiento financia negocios fabulosos y hace pasar el ajuste en convenientes cuotas. Lo que importa es la estación terminal: incrementar la tasa de explotación de los trabajadores mediante un plan de guerra contra sus conquistas. Cristina llora que todas las fracciones de la clase capitalista la incorporaron al pasado. Se desespera también, apretada como está, por la enorme corrupción de Estado de la que fue parte, y apela, como Menem, a los servicios presidenciales prestados para garantizar su impunidad y la de los De Vido y Cía.
 
Votar al Frente de Izquierda
 
En cuanto al “Estado de derecho en peligro” por el caso Maldonado, hay que recordarle a Cristina que las medidas de excepción y rehabilitación política de las Fuerzas Armadas  y de sus genocidas las empezó ella misma con Milani y con Sergio Berni, quien actuaba como comandante tácito de la Gendarmería contra las luchas obreras, en la Panamericana, en la Patagonia y en todo el país. Por otro lado la Patagonia de los Benetton, los Lewis, los Lázaro Báez, para Chevron y la British, viene de la década ganada y es otra continuidad de tantas.
 
Al ajuste, al estado de excepción de la Gendarmería contra los mapuche y las luchas obreras, a la reforma laboral negrera, a la nueva confiscación a los jubilados que está en preparación, a la reforma impositiva para seguir financiando a los grupos económicos a costa del pueblo trabajador, los enfrentamos con los trabajadores y con la izquierda, que promueve su irrupción y su lucha como clase y como alternativa política y de poder.
 
Con ese objeto llamamos a toda la izquierda argentina, a todos los luchadores, al movimiento de la mujer y de la juventud, al conjunto de los trabajadores, a romper con los políticos capitalistas y a organizarse con el Partido Obrero y votar al Frente de Izquierda.
 
 
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